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Grandoli, el héroe rosarino

Por Santiago Baraldi.- Cleto Mariano Grandoli fue el encargado de llevar la bandera argentina en la batalla de Curupaytí, la más sangrienta de la historia del país. Tenía apenas 16 años cuando murió frente a las trincheras paraguayas atravesado por 14 balazos.


Hoy, mientras se discute si es oportuno que los jóvenes de 16 años puedan votar, se cumple un nuevo aniversario de la batalla de Curupaytí, la más sangrienta y brutal de la historia argentina, ocurrida el 22 de septiembre de 1866. La ciudad de Rosario había enviado al frente a uno de sus hijos, de apenas 16 años, Cleto Mariano Grandoli, quien llevaba la bandera nacional en lo más alto y cayó al pie de las trincheras paraguayas, atravesado por catorce balazos. Aquel estandarte nacional, manchado con sangre, se encuentra hoy en el Museo Histórico Provincial Julio Marc.

El historiador e investigador local Víctor Nardiello trabaja desde hace 12 años en la biografía del Abanderado Grandoli y fue quien impulsó la ordenanza municipal Nº 7114, que declara al 22 de septiembre Día de Homenaje y Recordación Anual del Abanderado Mariano Grandoli, correspondiendo al Ejecutivo municipal “organizar los actos oficiales a celebrarse en homenaje y recordación de la fecha y difundir la programación y el significado de la misma a través de los medios de comunicación”.

Con entusiasmo, Nardiello recuerda que “cuando era chico, en la casa de mi abuelo había un cuadro de Mariano Grandoli, el abanderado, era muy común en la casa de los rosarinos tener su retrato; en definitiva es el héroe de la ciudad”. Y añade: “Y siempre me conmovió su historia. El primer Grandoli llegó a lo que entonces era el Pago de los Arroyos en 1763, está entre las dos familias más antiguas de la ciudad y emparentadas con lo público”.

—La historia rosarina está atravesada por la familia Grandoli…

—Uno de los hermanos de Mariano, Octavio, fue el primer intendente electo de la ciudad, en 1883, fue el primero en pagar aguinaldo, los empleados de la municipalidad de aquellos años cobraban aguinaldo, está documentado. Miguel fue vicegobernador de la provincia; otro hermano, Floduardo, fue jefe político y luego asesinado, es el fundador del Banco Municipal. El menor, Gonoco, participó en la Campaña del Desierto que lideró Julio Roca y cuando le quisieron pagar con tierras por su labor las rechazó. Alejo Grandoli fue alcalde de la Santa Hermandad, una especie de comisario y juez, que tenía asignada una zona de la ciudad, y es quien recibe a Manuel Belgrano en 1812; en 1816, en el Cabildo de Buenos Aires aparece un alcalde de nombre Martín Grandoli, que era el encargado de recaudar los impuestos: pide licencia para que lo liberen de esa carga porque su estado de salud y economía no le permitían seguir trabajando. El que recaudaba los impuestos era pobre… Gestos que se suceden con el apellido Grandoli. La casa natal de Mariano estaba donde hoy funciona el Colegio Cristo Rey, en Laprida al 1300; y en Rioja y Laprida, donde está la panadería La Recova, ahí vivía el primer intendente electo, Octavio Grandoli.

—¿Qué movilizó a un chico de 16 años ir a la guerra?

—Bartolomé Mitre había convocado a las guardias nacionales, que en realidad eran civiles, y cada provincia tenía que conformar un regimiento o batallón; la mayoría de las provincias no adhirió, sin embargo, Santa Fe envió a 500 hombres: 250 de Rosario, 150 de Santa Fe, 50 de San Jerónimo y 50 de San José, que eran los departamentos que había. El primero que se alista en Rosario es Pedro Nicolorich, y Mariano Grandoli insiste con ir, a pesar de que no podía por la edad, porque para ser guardia nacional había que tener 17 años cumplidos; finalmente intercede un grupo de ciudadanos ilustres que van a ver a su madre, Magdalena Correa, y ésta accede a que Mariano se sume. El 19 de junio de 1865, un grupo de damas rosarinas confecciona la bandera que llevará Mariano; el 8 de julio, tras un acto que se realiza en la Plaza 25 de Mayo, parten las tropas. Contado por tradición oral, su mamá le dice a Mariano: “Espero que se comporte como un hombre”, y él le responde: “Como un hombre de honor, porque si yo no vuelvo, volverá mi nombre lleno de gloria”.

—¿Tuvo contacto con los antepasados de la familia?

—Eduardo Grandoli, que falleció hace unos años, uno de los últimos descendientes directos de la familia, me brindó mucho material para hacer el libro. Mariano escribe una carta a su madre el día anterior a la batalla de Curupaytí en la que le dice: “El argentino de honor debe dejar de existir antes de ver humillada la bandera de la Patria. Yo no dudo de que la vida militar es penosa, pero ¿qué importa si uno padece defendiendo los derechos y la honra de su país? Mañana seremos diezmados, pero yo he de saber morir defendiendo la bandera que me dieron”. Incluso agrega que el dinero que le debían se lo dejaba a su hermano menor, Gonoco. Fue una historia heroica.

—¿En qué marco se libra la batalla de Curupaytí?

—Más allá de lo que fue aquella Guerra del Paraguay, lo que hizo Mitre no tiene perdón. Hubo una alianza del ala liberal de Mitre con el ala liberal de Pedro II de Brasil. Se firmó un año antes un pacto en un acto en Punta Rosario. Le hacen una “camita” al presidente del Paraguay, Francisco Solano López; esto lo descubre una escritora en la que reproduce la nota, sin dar la fuente, Rufino Elizalde, ministro de Mitre, dice: “López mordió el anzuelo, vamos a cambiar medio Paraguay por tres barquitos”. ¿Por qué? Porque Paraguay invade Corrientes, toma dos barcos, el 25 de Mayo y el Gualeguaychú, porque Mitre le había negado el paso de tropas por Argentina para atacar a Brasil, porque en realidad el problema era entre esos dos países. Paraguay invade Corrientes, viene la declaración de guerra, Mitre la retiene para usar eso como una agresión. Una guerra que duró cinco años y nos costó 50 mil muertos; sólo en la batalla de Curupaytí, el 22 de septiembre de 1866, murieron entre 2.500 y 3.000 patriotas.

—Entre ellos, Mariano Grandoli, el abanderado…

—La batalla más sangrienta en la historia latinoamericana, incluso, muere Dominguito, el hijo de Sarmiento. Pero además, Grandoli participó en la batalla de Yatay y en la toma de Uruguayana. Y por méritos de guerra, en octubre de 1865 ascendió a subteniente primero de bandera de su batallón. Permaneció en el campamento de Las Ensenaditas, de enero a abril de 1866, y se encontró en el pasaje del ejército aliado por el Paso de la Patria, y en la toma de la batería de Itapirú. Participó en el rechazo de los paraguayos en el estero Bellaco del Sud, y en la acción librada para cruzar el mismo estero. Combatió en la tremenda batalla de Tuyutí, el 24 de mayo. Las unidades rosarinas se destacan brillantemente. El ‘Primero de Santa Fe’ y el ‘Rosario’ se cubren de gloria, y sus banderas, sostenidas por los jóvenes abanderados Grandoli y Anaya flamean en medio del combate, en tanto que las balas las acribillan poniendo en serio peligro a los que las llevaban.

—¿Cómo llega la bandera de Grandoli a Rosario?

—Nicanor Frutos, un correntino, es quien toma la bandera ensangrentada y regresa a retaguardia. Frutos la trae y queda abandonada en la Municipalidad; luego un jefe político que tuvo la ciudad, de apellido Meyer, se la regala a un militar de Buenos Aires, hasta que durante el gobierno del presidente Castillo, y luego de varios cruces epistolares, un descendiente de este militar la devuelve a Rosario y hoy está en el Museo Julio Marc. Seis años después de su muerte, el coronel José Esquivel, quien fue jefe de la Tercera División del Primer Batallón de Santa Fe, envió a Rosario un certificado donde expone los gloriosos servicios prestados por Grandoli. Sus restos quedaron allí, como los de tantos argentinos.

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