Economía, Política

Julio llegó con inflador

Festival de remarcaciones, dificultades para la producción y tensión por la reapertura de paritarias

Una semana de anuncios y medidas para bajar la tensión política, pero con magros resultados en la expectativa del bolsillo de trabajadoras y trabajadores. El dato de inflación obligó a recalcular proyecciones y los sindicatos se ven obligados a pedir una reapertura de las negociaciones salariales


El dato de inflación que dio a conocer este jueves el Indec es apenas la punta del iceberg de lo que exhibirá el indicador para el mes de julio, atravesado sobre todo por la salida de Martín Guzmán del Ministerio de Economía y la consecuente crisis política y económica. Las reacciones y decisiones posteriores a ese hecho político que hicieron crujir de nuevo al Frente de Todos fueron motivo suficiente para atizar las remarcaciones semanales, que ahora superaron cómodamente el 33% en indumentaria y hasta el 12% en alimentos frescos, por ejemplo.

Los argumentos o excusas para tamañas correcciones en precios de poco sirven a esta altura, pero lo que está claro es que los flamantes aumentos son otro hachazo al poder adquisitivo de trabajadores y trabajadoras. Esta semana, tras observar las primeras definiciones económicas post Guzmán, la mayoría de los gremios agotó los límites de tolerancia ante la situación y puertas hacia adentro ya se habla de mostrar los dientes para lograr revisión salarial, adelantamiento de cuotas que estaban pautadas para más adelante o directamente aumentos sobre el acuerdo inicial.

Si bien los datos oficiales son elocuentes, no reflejan con certeza una realidad específica en cada barrio, aquella que expone cómo los incrementos en alimentos básicos evolucionan, cómodos, por encima del índice de precios promedio. Aquellos que cuentan con representación gremial puede apelar a una recomposición salarial, aunque del otro lado las cámaras empresariales, por las dudas, ya advierten que cuentan con sus propias limitaciones. Otra es la realidad, y las posibilidades, de quienes se desempeñan bajo el régimen informal.

Los anuncios inaugurales de la ministra de Economía, Silvina Batakis, reafirmaron una continuidad del camino que había asfaltado Guzmán en su compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y hasta quizás reordenaron en forma provisoria el caos hacia el interior de la coalición gobernante. Al margen de las cuestiones políticas y de las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, hasta el momento ninguna de las decisiones tendió a amortiguar el impacto de la disparada de precios en el bolsillo de los argentinos.

La semana arrancó con una conferencia de la titular de Economía, acompañada por ministros clave como Daniel Scioli (Desarrollo Productivo), Julián Domínguez (Agricultura) y Miguel Pesce (Banco Central). Los anuncios más importantes buscaron respaldar su máxima de mantener el equilibrio fiscal, y en ese sentido anunció, entre otras cuestiones, el congelamiento de ingresos a la planta estatal, una fiscalización más profunda sobre los gastos de cada ministerio y la posibilidad de subir las tasas de referencia del Banco Central.

Otro de los ejes de la conferencia fue el anuncio de incursionar en un revalúo inmobiliario, con el objetivo de poner la lupa sobre lo que están tributando propietarios en el sector urbano y rural para poder corregir las valuaciones. Dos días después, el Central anunció una suba de la alícuota que pagan servicios contratados en el exterior y la tensa calma que registraban las variables financieras hasta ese momento volvieron a dispararse. El blue terminó la semana cerca de los 300 pesos.

En simultáneo, la economía cotidiana, acostumbrada (bien o mal) a reflejarse en esa vorágine financiera, acusa recibo de la incertidumbre generalizada. Aquellos consumidores que todavía pueden, volvieron a volcarse de manera masiva a las grandes superficies comerciales con el objetivo de anticiparse a las remarcaciones, pero los formadores de precios, como siempre, llegaron primero al cruce. Aumentos preventivos o faltante de stock, los eufemismos que los oligopolios ensayaron como moneda corriente durante la última semana.

Festival de remarcaciones

Al inicio de la última semana, el monitor de precios en supermercados que actualiza diariamente el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) marcaba que la inflación acumulada en los últimos 28 días estaba alrededor del 5%. El dato no registraba lo sucedido hasta el viernes, pero ya de por sí abarcaba uno de los peores momentos del año en materia de precios: las semanas previas a la renuncia de guzmán, y las dos posteriores a su dimisión al cargo.

Durante ese período, según el monitor de datos a nivel nacional, las remarcaciones estuvieron lideradas por la categoría Alimentos frescos (5,5%). Pero, al revisar el detalle de esa categoría, aparecen aumentos mensuales muy por encima del promedio. Huevos frescos registró una suba del 9,1%, mientras que frutas y verduras se anotó con el 8,2%. El registro semanal es igual o más preocupante: 12,2% y 4,4% respectivamente.

Por su parte, la consultora porteña PXQ también hizo un relevamiento sobre precios online a nivel nacional en distintos rubros hasta el inicio de la semana, es decir que tomaron en cuenta los días posteriores al sábado 2, cuando renunció Guzmán. En ese caso quedó expuesto el nivel de especulación que hubo en medio del contexto de crisis.

En esa ventana temporal, calzado deportivo acumuló una suba del 33,5%, remeras y camisas un 14%, vestidos y polleras un 11,4% y ropa de abrigo un 9%, sólo por mencionar algunos. Pero además de los incrementos siderales, el relevamiento también expuso que la oferta de artículos publicados en esa semana cayó un 6%. Lo disponible sufrió aumentos, el resto, fue a parar al stock.

Según el informe de la consultora, el rubro muebles y bazar se anotó con subas que van del 8% hasta el 12%, pero lo más llamativo tiene que ver con la oferta disponible durante esos días. La cantidad de productos publicados cayó un 31,7% respecto de la semana anterior.

Impacto desigual

Con estos datos, claro está que los pronósticos no son los mejores ni mucho menos. El acumulado de la inflación oficial ya se ubicó en 64% y las proyecciones de consultoras privadas hacia fin de año, más allá del claro posicionamiento opositor de la mayoría de ellas, ponen el índice alrededor del 90%.

Si bien los datos son elocuentes, hay distintas realidades. Esta semana la diputada provincial del Movimiento Evita Lucila De Ponti dio a conocer el informe habitual que elabora junto con el Ceso en Rosario.

Lo que exponen habitualmente es que el precio de los alimentos básicos en barrios como Casiano Casas, La Sexta, La Lagunita y Mangrullo evolucionan muy por encima de la inflación oficial. El costo de vida para una familia de los barrios populares de Rosario trepó en junio a $153.335, lo que significa un aumento del 17% en los últimos 3 meses y del 71% comparado en forma interanual. Son datos de junio, aún sin el sacudón de inicios de julio.

El estudio mostró que en el último año los mayores aumentos lo lideraron productos esenciales como azúcar 109%, huevos 106% y harina 93%, mientras que las carnes aumentaron en promedio un 62%. Al respecto, De Ponti sostuvo: “La brecha entre ingresos y el costo de vida se amplía y esto repercute fuerte en los sectores populares, lo que se traduce en una mayor desigualdad”.

Revisión obligatoria

El actual cuadro de situación y los augurios ponen más presión aún sobre la capacidad de compra de los argentinos y reactivaron las discusiones salariales en distintos sectores. Por caso, mientras la CGT y una de las CTA ya anunció “marcha contra la inflación” para dentro de un mes, en Santa Fe docentes, estatales y municipales ya piden reapertura de paritarias.

Los mejores acuerdos del sector privado durante el primer trimestre se cerraron por porcentajes apenas por encima del 60%. A partir de ahora queda el escenario abierto para ver quién negocia antes de fin de año algo cercano a las proyecciones.

Pero la transversalidad de la crisis golpea también a los sectores productivos, incluso a aquellos que venían con una recuperación sostenida y ahora quedaron envueltos en dificultades financieras o comerciales: la situación, igual, pone en apuros a quienes tienen que pagar los devaluados sueldos.

Un caso testigo de esta realidad se da en el sector metalúrgico, donde la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) a nivel nacional ya pidió una recomposición del salario, pero se topó con la negativa de las cámaras empresariales.

Durante esta semana hubo una audiencia con mediación del Ministerio de Trabajo, donde la UOM pidió adelantar la última cuota de la paritaria (cobrar en julio el 20% pautado para octubre) y una revisión antes de fin de año. Desde el sector patronal hicieron una contra oferta algo más austera que no cayó nada bien la entidad gremial.

Las cámaras empresariales coinciden en que, si bien mantenían un crecimiento sostenido, las últimas semanas fueron dificultosas a raíz del aumento de insumos y la especulación. Para las importadoras, se sumaron los inconvenientes y las trabas en el comercio exterior a partir de la falta de dólares.

Es el caso que atraviesa a un sector, pero en el que queda de manifiesto que si bien la peor parte se la están llevando los trabajadores, la situación altera al conjunto de la economía y deja en suspenso la recuperación que venían sosteniendo sectores troncales para la producción nacional.

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