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Escuela como escenario de conflicto de violencia social


En las últimas semanas se conocieron varios hechos de violencia en escuelas de la región, algunos de ellos mediatizados por videos que rápidamente se viralizaron por la red y los medios de comunicación.

El primero ocurrió en la escuela N° 632 donde dos alumnas se golpearon brutalmente mientras compañeros de curso las filmaban. El segundo tuvo lugar en la escuela N° 328 de la localidad de Puerto General San Martín; en esta ocasión, dos mujeres se agredieron en la puerta del colegio.

La seguidilla de violencia continuó en la localidad de Álvarez cuando dos chicas intercambiaron golpes en el colegio Jorge Newbery. El pico de tensión se produjo en una escuela de San Lorenzo con un menor que llevó una escopeta casera al aula.

Finalmente, la escuela San Francisco Solano de Rosario fue escenario de una pelea donde uno de los jóvenes terminó con fractura de maxilar inferior y la pérdida de varias piezas dentales.

Los hechos de estas características suelen adquirir una rápida difusión en los medios de comunicación y en la opinión pública, donde algunas veces el tratamiento está más vinculado con el impacto que con la posibilidad de entender la problemática para evitar su reiteración.

En este sentido, es importante definir algunos aspectos de la violencia para no partir de un diagnóstico equivocado de la realidad. Su carácter polisémico requiere un abordaje complejo, que en ocasiones suele reducirse a sus fachadas más escandalosas. La mirada multidisciplinar de la violencia la aleja de una definición unívoca, reducida generalmente a problemas personales, y la promueve a una categoría que requiere una visión integral y sociocultural.

Un punto de partida de esta problemática es identificar si la violencia es producto de la escuela y sus relaciones, o si los establecimientos son sólo el escenario de disputa.

“La violencia en las escuelas –señala Unicef en el trabajo Clima, conflictos y violencia en las escuelas– hace referencia a aquellos episodios que no son originados por vínculos o prácticas propias de la escuela, sino que tienen a la institución educativa como escenario. En otras palabras, son aquellos episodios que suceden en la escuela, pero que podrían haber sucedido en otros contextos en los cuales niños y jóvenes se reúnen”.

“Por su parte, la violencia escolar es aquella que se produce en el marco de los vínculos propios de la comunidad educativa y en el ejercicio de los roles de quienes la conforman: padres, alumnos, docentes, directivos. Son el producto de mecanismos institucionales que constituyen prácticas violentas y/o acentúan situaciones de violencia social”.

Identificar claramente esta problemática en su contexto permite trabajar preventivamente para lograr una convivencia escolar que facilite la reducción del conflicto. Discriminar el tipo de agresión que se manifiesta en las escuelas ayuda a un primer diagnóstico, que permitirá tomar decisiones ajustadas a las posibilidades de resolución en el ámbito educativo.

El psicólogo Norberto Boggino sostiene que “para comprender y plantear cualquier estrategia preventiva o propuesta de resolución de escenas de violencia en el aula  hay que conocer los procesos estructurales que impactan y atraviesan las instituciones educativas y el modo en que es percibido por los actores; aun cuando la resolución de los procesos estructurales escape a las posibilidades de los directivos y docentes”.

En este sentido, corresponde señalar si los docentes están en condiciones de advertir y actuar en hechos de esta naturaleza, donde muchas veces la violencia se instala a partir de un contexto de vulnerabilidad, falta de reconocimiento de derechos, problemáticas socioeconómicas y, como si fuera poco, situaciones mediatizadas por redes sociales. En principio, pareciera que las escuelas son superadas por una realidad que excede sus posibilidades de resolución.

La delegada de la Región VI del Ministerio de Educación, Daiana Gallo Ambrosis, señala que la sociedad pasa por un momento de violencia y la escuela es la caja de resonancia de lo social. Sostiene: “La mayoría de los casos donde hemos tenido conflicto es un territorio complejo o son chicos que vienen de situaciones de vulneración de derechos que termina repercutiendo en la escuela”.

“Lo que tratamos –continúa– es que las escuelas estén alerta porque en algunos casos el problema se gesta en las semanas previas y puede comenzar con una cuestión verbal que la escuela podría advertir para activar el protocolo de violencia”.

El protocolo de intervención de situaciones complejas es un dispositivo por el cual las escuelas realizan un abordaje institucional de los conflictos con la participación de supervisores, equipos directivos, docentes, alumnos y equipos socioeducativos regionales. Esta guía apunta a profundizar el carácter pedagógico de las intervenciones en las escuelas.

La provincia de Santa Fe cuenta desde el año 2008 con Equipos Socioeducativos Multidisciplinarios, que están integrados por distintos profesionales, entre ellos, docentes, trabajadores sociales, terapistas, profesores en ciencias de la educación, psicólogos, psicopedagogos, que abordan las problemáticas sociales que aparecen en las escuelas.

A pesar que desde educación sostienen que se ha avanzado en la consolidación de los equipos socioeducativos, queda claro que la complejidad que han adquiridos las problemáticas sociales, principalmente las vinculadas con la violencia y adicciones, hace necesario una mayor intervención en los territorios para trabajar antes de que los conflictos se hagan insostenibles.

Daiana Gallo Ambrosis sostiene: “Nosotros venimos trabajando hace mucho tiempo con distintos programas del Ministerio para prevenir la violencia, entre ellos los Consejos de Convivencia en el marco del programa Lazos que funcionan en las escuelas y se constituyen con toda la comunidad educativa, donde además se suma a las familias, vecinos y a otros actores que pueden estar ligados con la escuela como organizaciones sociales, vecinales, etcétera. Todo esto genera un debate horizontal de las problemáticas de las escuelas que tienden a la resolución de los conflictos”.

La violencia es un mecanismo de defensa frente a las tremendas tensiones que implica la posibilidad de realizarse socialmente. El psicólogo Enrique Pichón Riviere sostiene: “Esa tensión estalla en focos dispersos, particulares, en actitudes grupales o aisladas, pero siempre reflejan la situación de una comunidad”

En este contexto, el agresor, con sus particularidades, es portavoz de un malestar que está instalado de manera latente o explícita y que en determinado momento se identifica y adquiere pertenencia con el conflicto. Si bien su abordaje excede ampliamente los límites de la escuela, igual la involucra porque la violencia nunca surge de la nada.

En el mismo sentido, las políticas educativas deben anticiparse a los hechos para vislumbrar los conflictos que se están gestando en las múltiples biografías cotidianas. Las situaciones complejas no estallan de un día para el otro, siempre hay señales que se expresan antes de la estampida. En materia de educación, nunca es suficiente.

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