Cine, Espectáculos, Le ponen la firma

El último adiós a Fernando Birri, un hacedor de utopías

A los 92 años murió el santafesino Fernando Birri, maestro de realizadores que dio piezas claves del cine nacional como “Tire dié” y “Los inundados”.


Le guste a quien le guste, Fernando Birri fue un gran maestro del documental social; resiste las críticas de quienes creyeron ver cierto matiz de ingenuidad en buena parte de su obra afirmando que su tan apreciada “utopía” –concepto muy presente en su filmografía– responde a cierta debilidad ideológica y casi nadie se atreve con sus primeros trabajos, que fueron la punta de lanza para el inicio del documental en Argentina, fundamentalmente por su intencionalidad política, que amortizaba el carácter de divulgación implícita que el género suele reclamar.

Birri fue un creador de estructuras pedagógicas para enseñar cine. En 1956 regresó a Santa Fe desde Roma para fundar el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral, una verdadera escuela por la que pasaron y luego enseñaron Raúl Beceyro, Marylin Contardi, Patricio Coll, Nicolás Sarquís, entre otros. Y en 1986 fundó junto a Gabriel García Márquez la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños de Cuba, de la que también fue director, por donde pasaron nombres que hoy ostentan un reconocimiento internacional. Ese espacio también fue propulsor de parte del llamado Nuevo Cine Latinoamericano, un movimiento con expresiones que intentaban dar cuenta de la realidad de esa parte de América. El realizador fue reconocido como padre de esa corriente. Longevo pero con una lucidez implacable todavía, Fernando Birri murió en Roma, a los 92 años, lo que implica una pérdida irrecuperable para el universo cinematográfico latino. Ciudadano del mundo, Birri solía valerse de una frase que le daría una precisa identidad: “Mi patria son mis zapatos, pero las suelas son de Santa Fe”.

Valores positivos del pueblo

Entre los primeros films de Birri se encuentran el mediometraje Tire Dié (1960), Los inundados (1961), Che, Buenos Aires (1962), y La pampa gringa (1963). Antes había incursionado en el teatro y en la poesía en su Santa Fe natal y por una beca y su interés cada vez más marcado por el cine, viajó a Roma a estudiar realización en el Centro Sperimentale di Cinematografía. Allí estaría entre 1950 a 1953 y conoció, trabajó y aprendió junto a Vittorio De Sica, Valerio Zurlini, Luchino Visconti, Roberto Rossellini entre otros grandes directores surgidos al calor o desde el neorrealismo italiano.

Al volver inició el proyecto que le llevaría tres años y se llamaría Tire dié, un entusiasta registro sociológico sobre los niños de una barriada pobre en las afueras de Santa Fe. El documental sigue a varios de esos niños mientras corren a los costados de los trenes que van aminorando su marcha al entrar en la ciudad. Sorteando los riesgos del camino irregular entre cañadas y puentes, piden que los pasajeros –que van asomándose a las ventanillas, curiosos por los gritos que escuchan– les tiren “diez centavos” para llevar a sus hogares o gastárselos en alguna golosina. “Tire dié” gritan los pequeños con euforia y no se cansan aunque nada caiga en sus manos. En el relato, algunos de los niños señalan que cuando saben que llega un tren desde Buenos Aires, se animan a pedir cincuenta centavos. Una serie de testimonios de adultos de la zona va brindando el contexto donde tienen lugar esos hechos, logrando una pintura acabada de la miseria de ciertos sectores, algo que el cine documental todavía no había tomado entre sus preocupaciones, al menos no de la manera en que lo hizo Birri y como lo diría con sus propias palabras: “Para contrarrestar la imagen falsa de la sociedad y el pueblo y recuperar sus valores positivos”.

Efectos de verdad

Dos años después se estrenaría Los inundados, otro hito del cine nacional. El film se basa en un cuento del también santafesino Mateo Booz, contó con un equipo de estudiantes del Instituto de Cinematografía de la UNL en los rubros técnicos y sería la primera incursión en la ficción del realizador, que sin embargo aprovechó lo que el género le daba de margen para profundizar su mirada crítica de la realidad.

Los inundados cuenta la historia de una familia, de apellido Gaitán, que vive en un rancho plantado a la vera del río Salado, en el sur de Santa Fe. Con el desborde del río, la zona comienza a inundarse y la familia y los vecinos abandonan sus casas y son trasladados en vagones ferroviarios al centro de la ciudad. La historia toma carnadura cuando quieran llevar a los afectados por la inundación, que se quedaron sin nada, a vivir en comisarías porque su presencia deprime la zona céntrica. La familia Gaitán arenga entonces a los otros desarraigados para que no obedezcan la orden y se resistan. Los recursos de los que se valió Birri fueron aquellos que apuntalaban los efectos de verdad, soslayando cualquier retórica en busca de plasmar crudeza en la exposición argumental. El film resultó impactante y logró llegar a un público más vasto ya que gozó de distribución comercial, y ese mismo año se alzó con el premio a mejor película en el Festival de Venecia.

Un mundo donde vivir mejor

En 2010 Birri recibió el Cóndor de Plata a la trayectoria, y la ex presidenta Cristina Fernández lo homenajeó en Roma, en 2015, por “su inclaudicable aporte al cine nacional y latinoamericano” y anunció la remasterización y digitalización de su obra. Algunas de sus otras películas fueron Mi hijo el Che, Un señor muy viejo con unas alas enormes, El siglo del viento, Rafael Alberti, un retrato del poeta, en las que la imaginación fue ocupando un lugar central con un eje en lo poético y en lo onírico. La utopía de un hombre y una sociedad más libre signó estos materiales y animó su cine con la impronta de un idealismo: soñar con un mundo donde vivir mejor.