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Macroeconomía

“El superávit es un disparate político, es un ahorro forzoso de la sociedad sin destino específico”

El analista económico Sergio Arelovich analiza que el presupuesto 2022 será definido en el marco de intensas presiones, el control de la inflación y la deuda con el Fondo como principales urgencias


El proyecto de Presupuesto 2022 ingresó a la Cámara de Diputados pocos minutos antes de finalizar la jornada del 15 de septiembre, plasmando en un pliego de casi 4.900 páginas los diferentes objetivos económicos del gobierno nacional durante el año 2022. Sergio Arelovich, integrante del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, analiza que si bien el presupuesto del próximo período no debería ser catalogado con la palabra “ajuste”, se deben analizar cuestiones más tangibles de la macroeconomía, en definitiva la ley de leyes que el Congreso terminará por sancionar o por rechazar “va a estar sujeto a un conjunto de presiones de toda naturaleza”.

El docente de la UNR afirmó en entrevista con el periodista Julio Leiva, en el programa radial Vox Populi, que “el presupuesto como todo proyecto es eso, es un proyecto que está asociado con las expectativas, con las intenciones, con las presiones, con un conjunto de cosas”. Para Arelovich, el número definitivo no es, “ ni creo que va a ser” aquel que integra el proyecto original presentado por Martín Guzmán, sino que va a estar sujeto a un conjunto de discusiones.

Según el analista, la inflación y el vínculo con el Fondo Monetario Internacional a partir de la deuda tomada por el gobierno de Mauricio Macri son elementos centrales a la hora de analizar las estimaciones el esquema de políticas macroeconómicas, fiscal y cambiarias asociadas que estiman llevar adelante desde el gobierno del Frente de Todos.

Arelovich observa que en el presupuesto no estaba previsto el ingreso del dinero que el Fondo Monetario Internacional (FMI) aportó en concepto de la cuota parte correspondiente de derechos especiales de giro, realizados en dólares. Parte de esto ya se utilizó para pagar la primera cuota del capital que venció el pasado 22 de septiembre. “Hay demasiado para revisar. No sabemos si se va a pagar la segunda cuota del FMI el 22 de diciembre, y esto es demasiado importante por el tamaño de plata que estamos hablando”,  sostuvo.

Haciendo un repaso sobre los vencimientos de pago próximos de la deuda, el último ocurrió el 22 de septiembre.  “Ya se pagaron 2 mil millones de dólares, y hay otro vencimiento igual del 22 de diciembre. Y en el medio, los primeros días de noviembre hay un vencimiento de intereses por unos 300 y pico millones de dólares. Es demasiado dinero y todo esto debiera ser incluido en la discusión presupuestaria. Ya sea si se va a pagar o no se va a pagar, que se difiera, que se rechace o fuera lo que fuere que se encare”.

Por otro lado,  ante las perspectivas de que probablemente la tasa de inflación del 2021 se aproxime “en el mejor de los casos al 45%, eso significará una nueva cota para discutir qué se hace con el conjunto del gasto” dice Arelovich, y agrega que “lo que ha habido hasta ahora, si bien el total del gasto corriente del Estado Nacional, no los presupuestos sino de efectiva ejecución, no han perdido aire por la inflación, si uno entra a mirar los componentes por ejemplo los salarios, los salarios del sector público nacional perdieron seriamente frente a la inflación y la seguridad social, fundamentalmente las jubilaciones, también lo hicieron”. Un ejemplo que ofrece el economista es una observación de los crecimientos en las jubilaciones y pensiones: de septiembre a septiembre crecieron un 43% aproximadamente y la inflación interanual de ese mismo periodo, un 52%.

El especialista argumenta que “está claro que este proyecto de presupuesto va a estar sujeto a un conjunto de presiones de toda naturaleza: la presión orientada hacia favorecer los reclamos del campo popular en general y las presiones por parte del poder económico que va a querer sacar su tajada en las proporciones y en la medida que tenga votos disponibles en las dos cámaras”.

—La carta de la vicepresidenta publicada el 16 de septiembre pone sobre la mesa la palabra “ajuste”, mientras que el titular de la cartera de Economía defiende su gestión negando esa calificación. ¿Cuál es su visión?

— Algunos datos que figuran en la carta de Cristina no son exactos, pero para el especialista se trata de una cuestión secundaria. Me parece que esa carta marca un territorio, marca un cuadro de discusión que me parece muy importante, atinado e imprescindible a hacerlo hoy respecto de qué hacer con el Estado, qué hacer con el gasto corriente, etcétera. Si yo miro el gasto corriente, es decir el gasto común habitual del Estado Nacional en su conjunto, no ha perdido aire con respecto a la inflación.  Lo que sí ha habido es un incremento de los ingresos por encima de las expectativas como consecuencia de varias cosas, fundamentalmente tres: primero porque crecieron los precios –la recaudación está vinculada con el tema inflacionario–segundo porque ha habido aumento de la recaudación fruto de la reactivación económica, que aunque tibia y no en la medida que uno quisiese, es una reactivación económica tangible, y tercero como consecuencia de la modificación de los precios de las cosas que vendemos en el mercado internacional porque ha habido un crecimiento de los precios de casi todas las commodities conjunto de diferentes situaciones, entre otras el recalentamiento de la economía, la expansión respecto de la recaída de la actividad que hubo en el 2020 fruto de la centralidad que tuvo la pandemia, que la sigue teniendo pero no en la medida que lo tenía en el año pasado. Todo esto provocó un incremento muy importante en los ingresos, y no sólo en el Estado Nacional sino en los Estados sub nacionales: provinciales y municipales.

La idea de fondo es que el estado debiera tener un superávit, y la verdad que el superávit es un disparate político de toda naturaleza porque si vos recaudás más de lo que gastás y lo tenés guardado, lo que estás haciendo es una especie de ahorro forzoso, ahorro obligatorio al conjunto de la sociedad sin un destino específico. Y eso es una cosa que hay que discutir, lo cual no significa que sea conveniente ni necesario que los Estados tengan déficit en cualquier proporción. La idea no es que haya superávit, sino que haya un equilibrio y en la medida que haga falta la integración del Estado utilizando el déficit como herramienta si eso permite salir del atolladero.

—Entonces lo que está inmanente ahí es la pregunta de para qué hay que reducir el déficit ¿Hay una política fiscalista?

—La palabra ajuste no me gusta, me parece que es una palabra que podemos dejar a un costado, y hay que analizar lo tangible ¿Qué es lo tangible? Por ejemplo las jubilaciones, vos tomás cualquier recibo de cualquier jubilado o pensionado que cobre la mínima y qué es lo que tenés: que septiembre de éste año con el del año pasado, el crecimiento entre las puntas es del 43%. Si la inflación interanual pisa los 52 puntos está claro que se ha deteriorado el poder de compra de los jubilados y pensionados mirando punta contra punta. Si eso lo querés llamar ajuste, retraso o como quieras, eso hay que corregirlo de modo urgente y no hay que permitir que se vuelva a repetir. La segunda cuestión sobre si es fiscalista o no es fiscalista, hay cosas que puede hacer el Estado y cosas que no puede hacer el Estado.

Hay en el discurso neoliberal un fuerte sello en esta afirmación, de que todo lo que ocurre lo puede resolver el Estado y es responsabilidad del Estado, por ejemplo la emisión monetaria. El sector privado también emite moneda, ¿y cómo lo emite? Con el crédito. Vos tenés un crédito comercial, un crédito financiero, la aparición de un conjunto de medidas de pago que son tarjetas con descuento, sin descuento, corporativas, promovidas por actividades locales o extranjeras: todo eso crea moneda, cuando la creación de moneda no responde exclusivamente a lo que haga el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Y el Banco Central no crea porque crea, lo hace en función de lo que pasa en la economía.

Y también hay que desdramatizar esto: ¿Cuánto creció la circulación de la moneda registrada en el balance del BCRA desde que asumió Alberto Fernández? En términos reales, un 9%. Nada. Por lo tanto no se le puede asignar ninguna responsabilidad de absolutamente nada a la emisión más allá de la discusión teórica de que si la inflación está relacionada con la emisión monetaria, y claramente no lo está. Uno no puede explicar la inflación con la emisión, sino con otra cosa. Si yo le tendría que hacer un listado de críticas al Estado Nacional, aunque entiendo que no es sólo responsabilidad del Estado sino fundamentalmente también de la acción privada de grandes corporaciones con enorme poder de fuego, en el tema inflacionario, frente a lo cual uno tiene que clasificar a ver qué inflación viene de las características estructurales que tiene la Argentina y qué cosas están actuando en la coyuntura presionando hacia el alza, qué responsabilidades tiene el Estado sobre el tema inflacionario y qué responsabilidades tiene el sector privado local y extranjero sobre la inflación.

—Volviendo a la cuestión de la deuda como factor condicionante del presupuesto, además de que tenemos varios vencimientos muy próximos a pagar, las cifras son chocantes y hacen que uno se pregunte sobre la relación que la Ley de Leyes tiene con el vínculo que existe con el FMI ¿Qué hacemos con esto?

—Por un lado tenés un dato: el gobierno de Macri se endeudó en una cifra que traducida a dólares creo que es exactamente 44.323 millones de dólares que es lo que efectivamente entró al BCRA, y ahí tenemos varios problemas. El primero: ¿para qué se usó esa plata? Esa plata se usó casi en un 80% para financiar lo que terminó siendo parte de la fuga de capitales durante el gobierno anterior, por lo cual esa plata se fue y queda la obligación. La obligación queda a cargo del Estado Nacional. Por lo cual el Estado Nacional debe pagar esa deuda en función de lo que dice el contrato.

Y en todo caso uno no puede alegar su propia torpeza. El Fondo Monetario te puede decir “y bueno, pero ustedes no hicieron control de cambio”, es decir Macri no hizo control de cambio y permitió que la guita se fuera ¿Qué haces frente a eso? Aquí hay que dividir: necesitás una estrategia para negociar con el FMI por un lado, pero por el otro el Estado Nacional debería preguntarse “¿Y cómo hago para atenuar este quilombo que me dejó Macri?”. En realidad no se resuelve con un impuesto por única vez a las grandes fortunas, se resuelve con otro tipo de cosas.

No ha habido otro tipo de políticas porque no quisieron mover mucho el agua ni mucho las olas, y además tuvimos y seguimos teniendo la cuestión de la pandemia, pero se pudo haber avanzado en la investigación de la fuga de capitales, porque está asociada, por una parte, a las declaraciones de bienes personales y por otra parte con una serie de cuestiones que el gobierno nacional tiene como información y sobre los cuales no ha podido avanzar, yo digo no ha podido porque se necesita mucha expertise, necesitás cuadros técnicos que conocen cómo funciona todo esto, sobre un sistema estatal de regulación totalmente desarmado por el macrismo, y que tuvo que navegar en dulce de leche. Lo cual no justifica que no se hayan hecho algunas cosas que yo considero que se podrían haber hecho, pero uno tiene que entender que esta es una situación extremadamente compleja. Sí estoy en desacuerdo con que se haya abonado la primera cuota. En los contratos hay un período de gracia que vos podés pagar con diferimiento. Yo creo inclusive que la toma de los préstamos con las fechas en las cuales se tomó cada uno de ellos tienen mucho vencimiento de capital, y para mi hicieron caer deliberadamente estos vencimientos en medio de la campaña electoral sabiendo que se trataba de una elección de medio término fuere quien fuere el Estado, para seguir sujetando la política económica a las necesidades que el Fondo tiene para cobrar y recuperar su capital.

Me parece que el gobierno nacional debería tener un conjunto de estrategias en la mesa de trabajo, el FMI también conoce cuáles son las posibilidades de maniobra, sabe qué cosas puede hacer el Estado Nacional y por eso me parece que ahí hay una especie de tensión que deberíamos aprovechar en nuestro favor para debilitar el impacto que tiene todo esto sobre la economía local. Lo podemos decir de la siguiente manera: el vencimiento que se pagó el 22 de septiembre, más el servicio de interés de noviembre, más la segunda cuota de capital que son casi creo que 2000 millones de dólares esterilizan el 100% la guita que recibió el Estado Nacional el 23 de agosto y que el FMI le giró al Tesoro, con lo cual así como entró, se va, cuando se podría haber utilizado para un conjunto de otras cosas. Y estamos hablando de un montón de dinero, son unos 430 mil millones de pesos, cifras cuyos ceros no entran en la cabeza de nadie pero con los cuales se podrían resolver un montón de cosas porque además son recursos que hemos recibido en moneda extranjera y no en moneda local, y con la cual no necesitamos hacer ninguna contraprestación. Esto no fue suficientemente atendido por el gobierno.

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