Sociedad

Desarrollo de la CNEA

El primer tomógrafo nacional ya está listo y cuesta la mitad

La Comisión Nacional de Energía Atómica, con un recorte de 36,4% de su presupuesto 2018, desarrolló un equipo de diagnóstico médico de alta complejidad que en el mundo comercializan sólo tres empresas. Funcionará en un hospital público dependiente de una universidad


La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), a la que el gobierno nacional le recortó en un 36,4 por ciento de su presupuesto para este año, instaló el primer tomógrafo con tecnología PET de fabricación y desarrollo nacional. Lo hizo en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, que depende de la Universidad Nacional de Buenos Aires. El logro es significativo: hay sólo tres empresas en el mundo que comercializar este tipo de instrumentos, que tienen un valor de mercado superior al millón de dólares por unidad. El equipo argentino sale la mitad. El alto costo de este tipo de instrumentos es la causa por la cual, en la Argentina, la mayoría de los mismos están instalados en instituciones de medicina privada. El diseñado localmente, funcionará en breve en un efector público.

El proyecto es de organismos públicos. Lo encabeza el Grupo de Sistemas Digitales y Robótica del Centro Atómico Ezeiza (CAE). Con él, colaboró el Grupo de Inteligencia Artificial y Robótica de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Este desarrollo científico-tecnológico concretó un equipo único en su tipo y un gran avance para la tecnología nacional: no existe otro instrumento capaz de medir el metabolismo celular para prevenir enfermedades como el cáncer o trastornos cardiovasculares con una técnica no invasiva como la de estos tomógrafos, cuyas siglas PET en inglés significan tomografía de emisión de positrones.

El proyecto, que llevó 11 años de investigación y ensayos, fue financiado con recursos del Tesoro Nacional en el marco del Sistema Nacional de Inversión Pública, con un aporte inicial del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

¿Para qué sirve?

La tecnología PET permite obtener imágenes anatómicas y funcionales del cuerpo humano para construir un diagnóstico preciso de enfermedades como cáncer, problemas cardíacos y trastornos cerebrales. Con ella, se pueden detectar lesiones muy pequeñas con gran precisión.

El tomógrafo desarrollado por la CNEA devuelve imágenes de alta resolución de los órganos y tejidos del cuerpo a partir de una sustancia radiactiva –denominada marcador– con el fin de detectar una patología o una lesión. A diferencia de otros estudios complejos como la resonancia magnética y la tomografía computarizada –que brindan información anatómica del organismo– un PET detecta la actividad metabólica de las células y muestra cómo están funcionando los órganos y tejidos.  Esto permite la detección temprana de procesos patológicos, inclusive antes de que se manifiesten los primeros síntomas de la enfermedad, ya que generalmente los cambios fisiológicos anteceden a los cambios anatómicos.

El Hospital de Clínicas José de San Martín de la UBA acondicionó una sala para la instalación del tomógrafo en su servicio de Medicina Nuclear. El paso que resta es realizar las pruebas de calibración y toma de imágenes para que el equipo sea homologado para su utilización con pacientes.

 

Beneficios de una tecnología que ya es argentina

No es invasiva, no requiere anestesia ni cirugía.
Ofrece gran precisión diagnóstica gracias a la obtención de cortes de mayor resolución, lo que incrementa el poder de detección de lesiones más pequeñas.
No presenta riesgos: se utilizan marcadores de corta vida media que son eliminados del cuerpo en pocas horas.
No es dolorosa ni tiene efectos secundarios.
Es rápida: el examen puede durar alrededor de dos horas, dependiendo de la zona a estudiar. Pero el tiempo de permanencia en el tomógrafo es de aproximadamente 20 minutos.
Es ambulatoria: el paciente no necesita quedar internado y puede retirarse y hacer su vida normal al terminar el estudio.

 

Recortes a la inteligencia

El presupuesto 2018 para la CNEA es de 3.102 millones de pesos, contra los 4.881,5 millones otorgados en 2017. Los fondos para este año ni siquiera contemplaron fondos para el reactor nuclear de investigación RA-10 (que en 2017 recibió 1682 millones), bajo la excusa de que el financiamiento será por otra vía.

El recorte más fuerte es en el ítem presupuestario para bienes de uso, que en 2017 recibió 1.640,3 millones y este año apenas 75,8 millones (baja del 95,4%). Ello, en buena medida, porque en ese rubro se incluyen los fondos para el reactor experimental RA-10. La partida para bienes de consumo pasó de 161,4 millones a 74,6 (retroceso del 53,8%), mientras que las transferencias a universidades y sector privado cayeron 82% y la partida para servicios (técnicos, limpieza y alquileres, entre otros) aumentaron apenas un 8,3%, muy por debajo de las previsiones inflacionarias al momento de sancionar el Presupuesto nacional y más luego del desmadre cambiario y el consiguiente abandono de cualquier pauta de precios por parte del Ejecutivo.

El rubro “Desarrollos y suministros para la tecnología nuclear” (programas para mantener actualizadas las áreas de diseño, ingeniería, montaje, operación y extensión de la vida útil de las centrales nucleares en operación) perdió este año nada menos que un 75,6% de su financiamiento. Y “Aplicaciones de la tecnología nuclear”(desarrollo de tecnologías innovadoras en radioisótopos y radiaciones ionizantes) sufrió una poda de 0,7% en términos nominales, mucho mayor si se tiene en cuenta la inflación.

 

 

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