Mi Mundial

Mi Mundial

El abuelo, el genio y el barrio


Por Carlos Barale

Elijo estos tres mundiales: Argentina 78, México 86 e Italia 90. Tres fotos distintas que recuerdo y que están grabadas con sensaciones fuertes: emoción y nostalgia. En fin, otra época.

El 1° de junio de 1978 fue la presentación del Mundial, en el Monumental de Núñez, los gimnastas haciendo figuras, esa marcha y plena dictadura. Yo, nueve años. Recuerdo todos y cada uno los partidos de Argentina, y se me viene a la memoria esa foto de aquel 21 de junio (tarde-noche) en el estadio Gigante de Arroyito. Argentina vs. Perú.

Y hablando de gigantes, allí estaba yo con él: mi abuelo Don Ernesto. Aún recuerdo el calor de su mano, su paso firme y ligero, yo correteando a su lado por esas calles de tierra, atravesando campitos. Parada difícil para la selección, teníamos que hacer cuatro goles como mínimo para tener chances de seguir transitando la competencia. El abuelo decía, con una sonrisa pícara, que la presión de la hinchada de Central se iba a sentir, quería convencerme pero ya era tarde. ¡Soy leproso hasta la médula!

Primer tiempo termina 2 a 0, con goles de Kempes y Tarantini. En el descanso recuerdo la frase del abuelo. “Ahora en el segundo, le metemos dos más”. Y fueron cuatro: Kempes, Luque, el Loco Houseman y nuevamente Luque. ¡Tremendo! Luego vino lo que vino: la consagración.

Gambeteo España 82 y me quedo en México 86. Yo, diecisiete años. Ese equipo viajó a México treinta días antes en silencio, casi escondido, mala prensa, decían que la figura del Mundial iba a ser el francés Platini. ¡Por favor!

Paso directamente a ese 22 de junio en el Azteca, ni más ni menos que contra Inglaterra. Ésa es la foto. Nos esperaba la emoción deportiva y la alegría más grande que yo recuerde. Y nos la regaló ese genio, el Diego de la gente. Como quien dice, “le mojamos la oreja” a los ingleses, y por más que hasta el mismo protagonista y figura del partido se encargó de aclarar que no había que mezclar las cosas, que solamente se trataba de una competencia deportiva, la realidad es que para nosotros no fue así.

Fue un poco de desahogo, una revancha ante todo lo acontecido en el conflicto de nuestras Malvinas. Primer gol con la mano de Dios, y la obra maestra del segundo. El mejor gol de la historia de los Mundiales. Emoción plena hasta el llanto. A mi padre que alguna vez la fue de recio, le tembló la pera. Ver a ese genio como un bailarín clásico, una mariposa sin alas pero con piernas celestiales. “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” Luego vendría nuevamente la consagración, y los que predecían que Platini sería la figura, se rindieron ante la zurda del mejor de todos los tiempos.

Italia 90: arranque difícil, los penales, el Goyco y nuevamente el genio. Veintiún años los míos, nos juntábamos con los amigos del barrio a ver el Mundial, asados, cantos, gritos y el deseo de que el Diego despierte. Y llegó la foto: Argentina vs. Brasil. Un Diego lesionado que solamente por amor a la celeste y blanca pudo ser titular esa tarde en Turín. Recuerdo ese tobillo hinchado y negro 48 horas antes del partido. El tipo haciendo precalentamiento antes del comienzo y todas las miradas que se posaban en él.

Comenzó el encuentro y ellos eran una máquina, pasaban como aviones, los tiros en los palos que se escuchaba el ruido por los parlantes de la televisión. Pasaban los minutos y no convertían, pero se los notaba tranquilos, tan tranquilos que se olvidaron que Dios, además de ser argentino, estaba en la cancha.

Otra vez esa mariposa tomó la pelota e inició su vuelo. Racimo de camisetas verdeamarillas lo seguían. Hasta que cansado, casi agotado, dejó que un pájaro siga su vuelo y culminara la obra. ¡Chau brazucas! La casa del Mono, una fiesta, todos juntos cantando, abrazándonos y festejando que otra vez, otra vez él, el Diego de la gente. Luego el partido con Italia, pasamos a la final. Codesal y la c… Alemania campeón. Desazón y tristeza.

Como final, el deseo como todos de que traigamos la copa para este Mundial y que Leo pueda convertirse en ese genio al que le falta levantar la dorada.

Este Mundial quedará grabado sin dudas para mí, ya que gracias a mis compañeros de redacción que tan gentilmente me dejaron jugar de periodista. ¡La pucha! En esa redacción habiendo tantos profesionales que admiro y quiero. ¡Gracias!

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