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De la cima al borde del abismo: los 180 días que conmovieron a Rosario

A seis meses de la primera, estricta y cumplida cuarentena por coronavirus, lo que era una ciudad con cero contagios al día y una infraestructura sanitaria envidiable y prácticamente sin uso, se convirtió en un epicentro más de covid-19 y con el sistema al borde del colapso. ¿Qué pasó?


Con cero contagios durante semanas, Rosario era un foco de atención nacional. Uno de los mejores sistemas de Salud, con base en la atención primaria –modelo que recomiendan los más reconocidos sanitaristas– la pandemia de coronavirus parecía seguir tanto de largo que hasta se hizo viral un meme que ensayaba una explicación: “Los rosarinos no pronuncian las «s». El virus no entiende y se va a otro lado”, era su remate. ¿Cómo se llegó de aquella situación de la que se cumplen seis meses en aquel lejano 20 de marzo, el día que se puso en marcha el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país, a la presente, con un sistema al borde del colapso, recursos humanos reducidos por contagio y saltos en meseta que ya llegaron a los 700 casos nuevos por día?

El espejo entre la fase más estricta de la cuarentena y la evolución del número de casos se reveló como inobjetable. La gran eficacia de la contención terminó siendo también una trampa: diferentes sectores económicos y sociales comenzaron a ejercer fuertes presiones por una mayor apertura y flexibilización de la cuarentena y todo se disparó. Ya lo había advertido con todas las letras el investigador Ernesto Kofman en un artículo publicado en El Ciudadano el pasado 27 de julio, cuando la tasa de contagios –que ya entonces se había revelado alarmante– tenía una media de 20 casos por día. Menos de dos meses después con un número que ya superó los 700 nuevos casos comprobados en lapsos de sólo 24 horas, las consideraciones del investigador del Conicet parecen llevarlo a la escala de profeta. Pero la realidad es que sólo hizo aplicación de modelos matemáticos, su disciplina.

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La semana que pasó no hubo sino malas noticias en relación al covid-19. El sistema de Salud privado local admitió, por boca de la Asociación de Clínicas y Sanatorios, que el 20 por ciento del personal está inhabilitado: unos 300 profesionales transitan en este momento por la enfermedad, al haberse contagiado, o están aislados con la sospecha de haber contraído la enfermedad.

En Rosario sólo quedan 19 camas de terapia intensiva y 28 camas generales en efectores públicos, mientras que en los privados hay 58 camas de cuidados intensivos y 349 camas generales advirtió el gobernador Omar Perotti, cuya ministra de Salud, Sonia Martorano, también se sumó a quienes contrajeron covid-19.

Médicos, enfermeros y personal de Salud dan cuenta del primero de los desbordes: un alto número de casos, esto es de centenares al día, torna imposible una de las estrategias de contención clave que el sistema local logró aplicar con eficacia sólo hasta pocas semana atrás, que es el seguimiento y aislamiento de los contactos estrechos de un caso positivo, para evitar que, si se contagiaron, comiencen a contagiar. Es la figura de otro meme que se hizo viral por estos últimos días, pero sin ninguna intención de divertir: muestra simplemente una foto de un cartón de fósforos tipo billetera, con fósforos quemados en una parte y fósforos nuevos en la otra, con un fósforo mucho más corto en el medio. “El que se aisló salvó al resto”, dice el mensaje que acompaña la imagen.

Ese es, sin más, el escenario que había trazado el investigador Kofman en julio, cuando explicó qué es la tasa R0, a la que en los filmes como “Contagio” le suelen decir “Ro”, y que mensura a cuántas personas contagia un caso positivo. Si el R0 es menor a uno, la enfermedad es manejable, el sistema de salud la puede administrar, y los casos recuperados avanzan al mismo ritmo numérico que los nuevos positivos. Es el escenario que se trata de alcanzar –las más de las veces sin éxito, por demoras o por rebrotes– en todo el mundo, ya que mantiene estable la ocupación de camas de quienes requieran cuidados intensivos para recuperarse, aunque algunos de ellos no logren hacerlo.

Rosario transitó semanas enteras por ese escenario, y el intendente Pablo Javkin le explicó “políticamente” a Kofman en una reunión que mantuvo con un grupo de científicos, que no se podría sostener un aislamiento estricto: “Cuando había poco más de diez casos por día, según razonó el intendente, no podía cerrar. Porque la gente no lo iba a entender”, recordó el investigador.

Pero lo cierto es que la tensión entre la presión social por una parte, y la presión sanitaria del virus por la otra, están aplastando al sistema sanitario en general, y particularmente a su parte más valiosa: las personas. Una médica del hospital Carrasco lo relató a este diario con los ejemplos más inmediatos y pequeños: las personas que hacen los hisopados para analizar llevan puestos dos pares de guantes. Y lógicamente, entre una y otra toma de muestras se sacan y tiran los guantes exteriores. Y, sólo en la histórica “Casa de Aislamiento” de bulevar Avellaneda cada persona llega a hacer 70 hisopados al día, con todos los recaudos que implican el “traje de astronauta” y barbijos que se terminan incrustando en la piel, hasta quedar rendidos al final de cada jornada.

Tal es el nivel de estresamiento de las personas de la primera línea de batalla que este viernes arribaron a la ciudad 30 enfermeros de la ciudad de Santa Fe como refuerzo. Y en simultáneo, también se preparaban para viajar voluntarios de un equipo de Nación, junto 30 respiradores y sus correspondientes camas de cuidados intensivos, enviados en comodato por el gobierno nacional a Santa Fe, que ya los distribuyó en centros de salud privados. Pero a las pocas horas del traslado, comerciantes autoconvocados de la ciudad se movilizaban por una mayor apertura, entre ellos gastronómicos y de fútbol 5, frente al Palacio de los Leones.

Aunque en la protesta se denotó una distancia social y un ánimo de autopreservación mayor que la insólita “quema de barbijos” que habían protagonizado irresponsables “anticuarentena” el domingo anterior en el Parque a la Bandera, lo cierto, según advierten médicos, funcionarios, especialistas y simples personas con sentido común, los focos de resistencia son también focos de contagio.

“Los encuentros sociales son uno de los mayores focos”, volvió a advertir en las últimas horas el secretario de Salud local, Leonardo Caruana. Y, en lo que pareció una muestra de resignación: apeló al último recurso posible: “el cuidado individual”.

Mientras se esperan para los próximos días que se traduzcan en números los resultados de las últimas dos semanas del “último esfuerzo” que pidió la Casa Gris al sur de Santa Fe –que parece haberse cumplido en forma cuanto menos irregular– y su extensión por una semana más, Caruana recordó lo obvio: “No es lo mismo tener que actuar sobre un positivo que se mantuvo alejado de reuniones y cumplió con los protocolos, que otro que, por ejemplo, tuvo un asado o un cumpleaños”.

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