Edición Impresa, Le ponen la firma

Sociedad

Cuando Brown convocó gauchos y fueron bravos marinos

Ante un nuevo aniversario del natalicio del almirante Guillermo Brown, el autor hace un repaso de sus batallas épicas.


La efemérides es más bien una excusa para hablar de las gestas que protagonizó Guillermo Brown, irlandés, de nacimiento y argentino por adopción. Nació el 22 de junio de 1777 en Foxford, Irlanda y murió el 3 de marzo de 1857 en la ciudad de Buenos Aires. Al igual que otros de su estirpe aventurera, como el francés Hipolito Bouchard, su biografía parece salida de un guión de Hollywood, pero no es ficción sino pura realidad. Acaso su mayor mérito haya sido el lograr que cientos de gauchos desarrapados por quienes nadie, a comienzos de nuestra vida independiente, hubiera dado sensatamente dos pesos, acostumbrados a domar potros cimarrones y pisar en tierra firme, candidatos seguros a ser enganchados en la milicia o arriados en alguna leva forzosa, se convirtieran en avezados marineros.

Después de todo, quizás no sea muy distinto cambiar la inmensidad verde de la Pampa por la inmensidad azul del Atlántico, espacios abiertos hasta el infinito en que en ocasiones sólo los vientos y las estrellas son capaces de garantizar la llegada a puerto o solar seguro. Es posible que esos gauchos con profundo sentido patriótico hicieran la mejor ofrenda posible a su país: cambiar la cotidiana faena consistente en doblegar a un caballo salvaje, por el barrenar las olas a babor y estribor y ganar en intrepidez al abordar un navío invasor.

El Almirante Brown creó sobre unos pocos chinchorros y goletas o bergantines casi en desuso, con oficiales que tenían como él origen europeo pero también con criollos con ímpetu de independencia, la Armada Argentina que salió invicta frente a las flotas española, portuguesa, brasileña y, como colofón victorioso, ante la flota anglofrancesa que intentó en vano invadirnos en 1845.

El origen irlandés acaso explique algunas características que acompañarán a Brown durante toda su vida. No debe olvidarse que Irlanda fue la primera colonia inglesa, el primer pueblo sometido al poder de una metrópoli. Sometimiento militar, político, económico y religioso, a través del cual una minoría de origen inglés y protestante se hizo de la propiedad de la tierra y de los precarios resortes económicos de la isla, condenando a una mayoría famélica a sobrevivir entre recurrentes hambrunas. No puede extrañar entonces de Brown que buscara nuevos horizontes, embarcándose junto con un tío y radicándose algunos años en los Estados Unidos.

En 1804 está ya en el Río de la Plata, primero en Montevideo y luego en Buenos Aires, donde comprará una vivienda en la por entonces alejada zona de Barracas, junto al Riachuelo. Se casó con Elizabeth Chitty, con quien tuvo muchos hijos.

Bautismo en Montevideo

Su primer desafío será el famoso Combate del Buceo, entre el 14 y el 17 de mayo de 1814, que dio un triunfo contundente a nuestras armas y es por ese motivo que se celebra, cada 17 de mayo, el Día de la Armada nacional. Hacía cuatro largos años que los patriotas sitiaban Montevideo, en manos realistas. Pero mientras no hubiera un ataque naval que desmantelara la flota española, poco podría modificarse la situación. Brown partió de Buenos Aires a bordo de su buque insignia, la fragata Hércules y previa toma de la estratégica Isla de Martín García derrotó a la flota española, asegurando de ese modo la efectiva incorporación de la Banda Oriental al proceso revolucionario.

El terror de la Armada brasileña

En 1826 vendría la guerra entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil, nuevamente con el territorio oriental como escenario. La poderosa armada imperial, con 31 buques fuertemente armados, ingresó al estuario del Río de la Plata confiada en un éxito seguro. Fue en tal circunstancia donde el genio organizativo de Brown fue puesto a prueba. Pese a una superioridad enemiga a razón de tres contra uno, primero en Los Pozos, a la vista del pueblo de Buenos Aires que desde sus azoteas siguió las alternativas del combate, y después en Juncal, siempre en el Río de la Plata como escenario, infligió duros golpes al orgullo bandeirante, cuyas naves sobrevivientes, al mando del almirante Jacinto Sena Pereira, tuvieron que regresar a Río de Janeiro.

Cuando en la década de 1840 las principales potencias militares de la época, Francia e Inglaterra, pretendieron navegar sin autorización previa los ríos interiores de nuestro país, será nuevamente Brown quien protagonizará verdaderas hazañas. Eran también años de guerra civil en ambas márgenes del estuario. El afamado almirante, ya mayor y reconocido tanto por federales como por unitarios, no se fue de Buenos Aires y tuvo la valentía de ofrecer sus servicios a Juan Manuel de Rosas. Afirma el historiador José María Rosa: “Brown, con su gran prestigio («su nombre es una hueste» informaba el cónsul inglés Hood, en Montevideo), superó las dificultades que parecían invencibles: falta de oficiales, de tripulación, de buques”. Sus restos reposan en el Cementerio de la Recoleta de la ciudad de Buenos Aires.

Comentarios