Observatorio, Sociedad

Pensamiento contemporáneo, ejercicio vociferante

Conversaciones en escena

"Pensamiento contemporáneo, ejercicio vociferante” se llaman los singulares encuentros en que el escritor Cristian Alarcón dialogará con Leila Guerriero y María Moreno, dos voces emblemáticas de la crónica actual.


Foto: Alejandra López

Resonancia es el término que subyace y atraviesa la charla que sigue con el escritor y periodista Cristian Alarcón acerca de una performance que tendrá este jueves su primera entrega y que se llama Pensamiento contemporáneo, ejercicio vociferante. Con un formato de ciclo en el que se producirán distintos diálogos entre Alarcón y figuras artísticas de diferentes disciplinas, o con diferentes prácticas en la cultura contemporánea, los encuentros buscan, al decir del director de la revista virtual de crónicas Anfibia y de Cosecha roja, “que los  artistas puedan compartir con los rosarinos y las rosarinas sus prácticas, sus devaneos, sus contradicciones, su metodología, la forma en que se enfrentan a la escritura o a la producción de cultura, a la música, a la actuación, al arte en general, tiene que ver con la idea de un estudio abierto, un laboratorio abierto, una sala de ensayo abierta para que el compartir sea finalmente exitoso, que no sea un diálogo en que sólo se promocione la obra”.

Las conexiones

Ya de por sí el concepto de “ejercicio vociferante” implica cierta resonancia por todo lo que puede imaginarse a partir de esta propuesta. “La propuesta tiene que ver con la conciencia que tenemos después de una décadas de  prácticas culturales, de muestras de nuestros cómplices y aliados, como en mi caso ocurre con el diario El Ciudadano, con medios siempre políticos en su afán de transformación, en el afán de transformación del cuerpo propio y del  cuerpo del otro, de la mirada  que tenemos para comprender el  mundo y al comprenderlo gestionar esta necesidad de  cambiarlo, de transformarlo, y los autores y los personajes que queremos poner en escena, en esta escena teatral, pública y al mismo tiempo íntima, que es la de un teatro, un foyer, con una historia, una estética y un aura, van en esa dirección”, apunta el autor de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia.

La elegida para la primera entrevista fue la magnífica escritora de crónicas y periodista Leila Guerriero (hoy a las 18), autora de Los suicidas del fin del mundo (2005); Una historia sencilla (2013) y Zona de obras (2014), entre otras. El siguiente encuentro será con la también aguda y experimental periodista y escritora María Moreno (30 de agosto), algunas de cuyas obras son El petiso orejudo (1994); A tontas y a locas (2001); El fin del sexo y otras mentiras (2002); Vida de vivos (2005); Black out (2016) y Oración. Carta a Vicki y otras elegías políticas (2018).

Sobre el origen de estos conversatorios, Alarcón explica: “Es una idea que nace en conversaciones con Lila Siegrist (curadora de arte y artista visual rosarina), con quien nos conocimos en otro tipo de conversaciones relacionadas con el arte, la escritura, los activismos, con la idea de construcción política y cultural. La identidad de lo que  produzco desde hace mucho, a través de la revista, de los  libros está cada vez más contaminada por esta idea de las conexiones que existen entre las diversas áreas del conocimiento y del arte y la mirada  de una curadora de arte, como Lila, se parece muchísimo a la mirada de un editor de periodismo contemporáneo, que es lo que yo me considero”.

Una escena teatral

El espacio del conversatorio será el Foyer del teatro El Círculo, un espacio distinto a muchos otros de similar tenor. Además de una especial resonancia que surge de su misma arquitectura, que quienes lo conocen bien no podrían negar, sugiere la posibilidad de que en su seno ocurran escenas. Alarcón define el conversatorio como una escena teatral y lo hace con estos argumentos: “Se trata de un espacio único donde va ocurrir una conversación, que como toda conversación  tiene  un carácter íntimo pero que aquí va a ser compartida por 200 personas que al haber reservado su lugar y convocarse para escuchar, le da a esa escena un carácter teatral; también por lo que ocurre en esta dinámica donde lo dicho y reflexionado tiene también su sentido estético”. Lo que lleva a pensar en que esos diálogos tendrán un correlato gestual, de actitud, de entrega escénica. “Sí, de entrega escénica de quienes piensan y reflexionan como si los otros no estuvieran allí, que es lo que hace un actor o una actriz cuando hace una escena”, dice Alarcón.

Frases sustanciales

Después Alarcón vuelve al concepto inicial, el de resonancia, para ampliar el sentido que tendrán los conversatorios. “El concepto de resonancia tiene mucho que ver con esto que vamos a  hacer, si el lugar fue elegido entre muchos otros por esa cualidad, queremos generar con estos diálogos una resonancia movilizante, que  el  espectador se pueda llevar para sí una conversación propia, es decir, que estas confesiones que espero revelar con los personajes que serán entrevistados, estos ejercicios vociferantes, sean como un diálogo público incitante para que  se produzcan otras conversaciones. El buen periodismo y la literatura  son  de los materiales más vociferantes en  el sentido que producen la consecución de  otras conversaciones, son el alimento para otros diálogos, nos  pasamos la vida quejándonos o fantaseando con un futuro mejor, proyectándonos en los hijos, en los  amores, en los amigos, muchas veces rumiando solos nuestras cuitas y  en ese transitar, que a veces es tan íntimo que no lo logramos transmitir, hay grandes momentos y cuando los tratamos de recordar, en general lo que recordamos es una conversación: alguien me dijo y yo le dije a alguien, y en esas conversaciones recordamos algunas frases sustanciales, recordamos el  sentido general de los diálogos y algunas frases que quedaron ancladas. Eso es fundamental en esta búsqueda vital que nos salva simbólicamente en esta contemporaneidad tan atravesada por el daño y la pérdida”, describe el autor de <Si me querés, quereme transa<.

Las elegidas

Leila Guerriero y María Moreno son las protagonistas de los dos primeros encuentros. De cómo fue la selección, Alarcón expresa: “Tenemos estos dos nombres por ahora y luego faltan otros dos por confirmar, que por cuestiones de agenda no pudieron hacerlo todavía: Natalia Oreiro y Fito Páez”. Guerriero y Moreno son escritoras con resonancias, desde distintas texturas disparan imágenes que producen otras. “Guerriero tiene a nivel  reflexivo un compromiso con el conocimiento, es muy metodológica y muy técnica en su escritura,  tiene una originalidad que la vuelve a ella misma un personaje pero es mucho más clásica que Moreno, que es mucho más experimental, en lo performático, porque siempre se ha escapado de los bordes del periodismo y la literatura, en algunos sentidos es inclasificable”, apunta Alarcón.

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