El Hincha, Newell's Old Boys

Liga Profesional

Con sabor a poco: Newell’s ganaba 2-0 pero se durmió y Patronato se lo igualó sobre el final

La Lepra tuvo todo para ganarlo y se fue al descanso 2-0 por los goles de Velázquez y Sordo, aunque en el complemento bajó su rendimiento, no supo sentenciarlo y el Patrón lo amargó en contragolpe. Ahora, el equipo de Sanguinetti comparte la cima del torneo con Gimnasia

Franco Trovato Fuoco

El zapatazo de Lozano teledirigido al ángulo de Macagno fue un puñetazo que tumbó la algarabía que se vivía en el Coloso. Patronato le empató a Newell’s tras estar casi nocaut y lograrlo en una contra fue una clara imagen del desconcierto final en el juego de la Lepra, que desaprovechó una ventaja numérica y emocional y se tuvo que conformar con repartir puntos y compartir la punta de la Liga con Gimnasia.

Tuvo que ganar Newell’s. Por mérito propio, por chances desperdiciadas, por un 2 a 0 que parecía irremontable para el rival. Pero se confió demasiado, se sintió imbatible y esta vez tuvo decisiones desacertadas desde el banco a la hora de cerrar el partido. Y el 2 a 2 final dejó una sensación de derrota, incluso siendo puntero.

El inicio fue prometedor. La fórmula es tan simple que cuesta creer que resulte. Arranque intenso con presión alta en busca de generar faltas cercanas al área o córners. Y ahí apostar al potencial aéreo, con Velázquez, Lema, Ditta, Juanchón y Fernández. ¿Cómo defender a esos potentes cabeceadores? Muy difícil y Newell’s lo sabe. Otra vez esa fue la llave que abrió temprano el partido. Como hace dos semanas con Argentinos, hubo que esperar seis minutos (aquella vez fueron dos) para el grito madrugador. Esta vez Velázquez se elevó como si tuviera un trampolín para ayudarlo en el salto e impactó de cabeza derecho a la red.

Y aturdido el rival, Sordo primereó un pase hacia atrás y su remate cruzado y apurado no entró por capricho. Cinco remates en 15 minutos fue una buena reseña del inicio, donde Ditta casi repite festejo tras otro cabezazo en anticipo de Velázquez y García le erró al arco tras anticipar de revés un centro rasante de Vangioni.

Sava tuvo que respaldar su currículum de entrenador ofensivo y puso a jugar a Patronato, que mostró buenos argumentos para acercarse a Macagno, aunque chocó casi siempre con la solidez del trío de zagueros leprosos.

En ventaja y parado de contra, Newell’s se puso las pantuflas y se sentó en el sillón del living de su casa. El partido no podía quedarle más cómodo. Y la virtud del equipo de Sanguinetti fue disfrutar de ese confort que le propuso la noche del Coloso.

Fernández garroneó una pelota en el medio y puso a correr a Panchito. Y el delantero propuso otra jugada para sumar al video que intentará convencer a Ferencvaros de comprarlo. Asistencia -otra más- a un Sordo que equiparó la velocidad de la jugada para llegar con soledad y calma para anotar el 2 a 0.

Contagiado de gol, el Mono está en alza como el dólar y su cotización parece no tener techo. Seis partidos, cuatro goles. Impensado hace algunos meses cuando el pibe, lleno de inseguridades, era blanco de críticas y muchos le presagiaban un destino en el ascenso o alguna liga de menor valía.

A puro optimismo, Sordo encaró a tres defensores con confianza maradoniana y habilitó a González, pero en su rol de goleador a Panchito le cuesta más. Jugada editada para que los húngaros no la vean.

Tanta comodidad generó que Newell’s se relajara. Y el despertador sonó rápido. Acevedo sacó un centro a espaldas de Lema y Medina sorprendió para el descuento. Los 414 minutos de invulnerabilidad de Macagno terminaron con un cabezazo en medio de las torres leprosas.

El partido pedía renovar energías y Sanguinetti mandó a la cancha a Ferreira. Aunque demoró un poco las otras variantes. Y el resultado coqueteó un rato con la incertidumbre, como para que el hincha leproso sufra un poco y para que se entienda que ganar no es un trámite.

Se confió tanto Newell’s, creyó tanto en su potencial defensivo, que al final lo pagó caro. Desperdició varias contras, por mala suerte o inoperancia. Un tiro en el palo de Sordo, un mano a mano que Altamirano le ahogó a Rossi y un par de malas decisiones en los metros finales dejaron a Patronato con vida. Y esta vez la Lepra lo pagó.

Perdió una pelota en el descuento con seis jugadores en ataque (inexplicable) y le faltó picardía para cortar el ataque rival. Y esa sensación de invulnerabilidad la pagó con un empate lleno de bronca. Aunque es puntero y eso es un mérito que nadie le regaló.

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