Coronavirus, Política

Pandemia

Cómo se gestó el acuerdo para que Argentina y México produzcan la vacuna anti Covid

Dos países, tres laboratorios, la fundación de un magnate mexicano y una Universidad británica involucrados en la producción del arma que -se supone- podrá inmunizar a la humanidad del coronavirus. El anuncio anticipado por la ansiedad de un ministro y los actores detrás de escena en una trama política y de negocios de alto vuelo


Data Clave

La escena parecía repetida. Solo cambiaba el protagonista. El miércoles de la semana pasada le había tocado al ministro de Hacienda, Martín Guzmán, tras el exitoso acuerdo con los bonistas externos. Este jueves fue el turno del ministro Ginés González García quien, al ingresar a la reunión de Gabinete, fue aplaudido de pie por todos su pares.

Ya había quedado atrás el malestar generado en el gobierno por el “anticipo” de la noticia que el titular de la cartera sanitaria había hecho en el programa matutino de América conducido por el “racinguista” Guillermo Andino. “A Ginés se le va la boca, estamos todos muy entusiasmados, pero el plan era que lo anunciara el presidente por la tarde”, dijo a Data Clave un funcionario con acceso a despachos muy importantes de la Rosada.

La emoción y la algarabía del ministro tenían sentido. Desde aquel encuentro con los responsables del laboratorio AstraZeneca realizado en Olivos el 23 de julio habían pasado tres semanas. Y ya desde entonces las negociaciones para producir la vacuna en plantas de un laboratorio argentino estaban en marcha. González García le había manifestado a mediados de mayo a las autoridades del laboratorio anglosueco que ya estaba en la fase experimental de la vacuna, la necesidad de descentralizar la producción para facilitar la accesibilidad del producto en poco tiempo.

A cada una de las empresas que golpearon las puertas del despacho del ministro con un protocolo de experimentación se les dio la misma respuesta: que hagan los ensayos clínicos en Argentina y que se efectúe la transferencia de tecnología para que, en el supuesto caso de lograr resultados favorables, se pueda producir a nivel local y acercar la solución inmunizatoria al continente americano.

Pero había un aspecto fundamental que restaba acordar. ¿Cuál iba a ser el precio de la vacuna? “Era fundamental que fuese algo razonable, teniendo en cuenta la emergencia y la necesidad de una masividad de distribución en tiempo récord”, explicó a este portal un funcionario de Salud que participó de la negociación. Tomando un riesgo personal, el propio Ginés envió cartas a varios laboratorios con investigaciones avanzadas manifestando el interés del gobierno argentino por estimular esas iniciativas y anticipando la intención de comprar las dosis necesarias para inmunizar a la población.

“Allí fue cuando aparecieron en escena los dos actores fundamentales de esta historia: AstraZeneca y mAbxience que fijaron como prioridad la posibilidad de un acceso masivo por sobre el fin de lucro y plantearon que el precio de venta sea equivalente al costo de producción, resignando la posibilidad de una ganancia evidente, ante semejante demanda de la vacuna”, detalló la fuente.

Incluso el hecho de tomar la decisión de producir a riesgo de que los resultados de la investigación -que se encuentra en fase final- puedan no ser los esperados, también forman parte de la osadía con la que se encaró este proceso. La doctora Marta Coen, una argentina oriunda de Trenque Lauquen que es jefa del Departamento de Histopatología del Hospital de Niños de la ciudad de Sheffield y una de las investigadoras de la prestigiosa universidad de Oxford responsable de la investigación, relató a Data Clave que “recién en septiembre estarán los resultados definitivos sobre la efectividad de la vacuna, pero si no se hubiera tomado la decisión de producir con antelación, la solución hubiese tardado demasiado y eso se hubiera traducido en más muertes en todo el planeta“.

La vacuna pasó las fases 1 y 2, primero con animales y luego con seres humanos. Se analizó su seguridad, que no sea nociva. Ahora en fase 3 se prueba si es efectiva. Una vez terminados los estudios, no hay que esperar. AstraZeneca pidió que las compañías trabajen a riesgo: si se aprueba la vacuna, se va vender; si no se aprueba, se tira todo lo que se produjo. 

VACUNA ARGENMEX

Luego del desastre que provocó el virus en el continente europeo durante el primer trimestre de 2020, el epicentro de la pandemia se trasladó al continente americano. Por eso se hacía fundamental contar con una producción que contemplara proximidad con las regiones más afectadas. “Como AstraZeneca no tiene fábrica para producir la vacuna, entonces se contactó con nosotros hace varios meses y con la fundación de Carlos Slim y con un laboratorio mexicano de una familia amiga nuestra, Liomont, y nos piden que fabriquemos la vacuna con una característica especial: que iniciemos la producción a riesgo”, relató el titular de mAbxience Hugo Sigman.

Como Brasil optó por avanzar con negociaciones por la vacuna producida en China, se abrió una gran oportunidad para los otros dos países importantes de la región: Argentina y México. “En las gestiones fue fundamental el rol de Tony Slim -hijo del magnate azteca- que estuvo muy activo, todos estamos asumiendo un riesgo muy importante porque estamos produciendo entre 150 y 250 millones de dosis sin considerar los costos perdidos en tanto que existe la eventualidad de que la vacuna no se pueda vender”, explicó el empresario argentino.

Si bien los gobiernos de Alberto Fernández y de Andrés Manuel López Obrador no tuvieron injerencia directa en el acuerdo suscripto por los laboratorios, fue muy importante el rol de la política en esta historia. Sigman y Slim se conocen desde hace mucho tiempo. Sus corporaciones tienen excelentes relaciones. El argentino tiene, además, aceitados vínculos con la administración de Alberto Fernández. Y el multimillonario mexicano cuenta, entre sus asesores de mayor confianza, a un ex dirigente político muy afín con la ideología del kirchnerismo: Juan Manuel Abal Medina, quien -antes de transformarse en lobbista de los intereses de Slim– fue muy cercano a la cúpula de la organización Montoneros en los setenta y cuyo hijo integró el gabinete de Cristina Fernández. Como decía el gran Pancho Ibáñez: “Todo tiene que ver con todo”

La escena parecía repetida. Solo cambiaba el protagonista. El miércoles de la semana pasada le había tocado al ministro de Hacienda, Martín Guzmán, tras el exitoso acuerdo con los bonistas externos. Este jueves fue el turno del ministro Ginés González García quien, al ingresar a la reunión de Gabinete, fue aplaudido de pie por todos su pares.

Ya había quedado atrás el malestar generado en el gobierno por el “anticipo” de la noticia que el titular de la cartera sanitaria había hecho en el programa matutino de América conducido por el “racinguista” Guillermo Andino. “A Ginés se le va la boca, estamos todos muy entusiasmados, pero el plan era que lo anunciara el presidente por la tarde”, dijo a Data Clave un funcionario con acceso a despachos muy importantes de la Rosada.

La emoción y la algarabía del ministro tenían sentido. Desde aquel encuentro con los responsables del laboratorio AstraZeneca realizado en Olivos el 23 de julio habían pasado tres semanas. Y ya desde entonces las negociaciones para producir la vacuna en plantas de un laboratorio argentino estaban en marcha. González García le había manifestado a mediados de mayo a las autoridades del laboratorio anglosueco que ya estaba en la fase experimental de la vacuna, la necesidad de descentralizar la producción para facilitar la accesibilidad del producto en poco tiempo.

A cada una de las empresas que golpearon las puertas del despacho del ministro con un protocolo de experimentación se les dio la misma respuesta: que hagan los ensayos clínicos en Argentina y que se efectúe la transferencia de tecnología para que, en el supuesto caso de lograr resultados favorables, se pueda producir a nivel local y acercar la solución inmunizatoria al continente americano.

Pero había un aspecto fundamental que restaba acordar. ¿Cuál iba a ser el precio de la vacuna? “Era fundamental que fuese algo razonable, teniendo en cuenta la emergencia y la necesidad de una masividad de distribución en tiempo récord”, explicó a este portal un funcionario de Salud que participó de la negociación. Tomando un riesgo personal, el propio Ginés envió cartas a varios laboratorios con investigaciones avanzadas manifestando el interés del gobierno argentino por estimular esas iniciativas y anticipando la intención de comprar las dosis necesarias para inmunizar a la población.

“Allí fue cuando aparecieron en escena los dos actores fundamentales de esta historia: AstraZeneca y mAbxience que fijaron como prioridad la posibilidad de un acceso masivo por sobre el fin de lucro y plantearon que el precio de venta sea equivalente al costo de producción, resignando la posibilidad de una ganancia evidente, ante semejante demanda de la vacuna”, detalló la fuente.

Incluso el hecho de tomar la decisión de producir a riesgo de que los resultados de la investigación -que se encuentra en fase final- puedan no ser los esperados, también forman parte de la osadía con la que se encaró este proceso. La doctora Marta Coen, una argentina oriunda de Trenque Lauquen que es jefa del Departamento de Histopatología del Hospital de Niños de la ciudad de Sheffield y una de las investigadoras de la prestigiosa universidad de Oxford responsable de la investigación, relató a Data Clave que “recién en septiembre estarán los resultados definitivos sobre la efectividad de la vacuna, pero si no se hubiera tomado la decisión de producir con antelación, la solución hubiese tardado demasiado y eso se hubiera traducido en más muertes en todo el planeta“.

La vacuna pasó las fases 1 y 2, primero con animales y luego con seres humanos. Se analizó su seguridad, que no sea nociva. Ahora en fase 3 se prueba si es efectiva. Una vez terminados los estudios, no hay que esperar. AstraZeneca pidió que las compañías trabajen a riesgo: si se aprueba la vacuna, se va vender; si no se aprueba, se tira todo lo que se produjo. 

VACUNA ARGENMEX

Luego del desastre que provocó el virus en el continente europeo durante el primer trimestre de 2020, el epicentro de la pandemia se trasladó al continente americano. Por eso se hacía fundamental contar con una producción que contemplara proximidad con las regiones más afectadas. “Como AstraZeneca no tiene fábrica para producir la vacuna, entonces se contactó con nosotros hace varios meses y con la fundación de Carlos Slim y con un laboratorio mexicano de una familia amiga nuestra, Liomont, y nos piden que fabriquemos la vacuna con una característica especial: que iniciemos la producción a riesgo”, relató el titular de mAbxience Hugo Sigman.

Como Brasil optó por avanzar con negociaciones por la vacuna producida en China, se abrió una gran oportunidad para los otros dos países importantes de la región: Argentina y México. “En las gestiones fue fundamental el rol de Tony Slim -hijo del magnate azteca- que estuvo muy activo, todos estamos asumiendo un riesgo muy importante porque estamos produciendo entre 150 y 250 millones de dosis sin considerar los costos perdidos en tanto que existe la eventualidad de que la vacuna no se pueda vender”, explicó el empresario argentino.

Si bien los gobiernos de Alberto Fernández y de Andrés Manuel López Obrador no tuvieron injerencia directa en el acuerdo suscripto por los laboratorios, fue muy importante el rol de la política en esta historia. Sigman y Slim se conocen desde hace mucho tiempo. Sus corporaciones tienen excelentes relaciones. El argentino tiene, además, aceitados vínculos con la administración de Alberto Fernández. Y el multimillonario mexicano cuenta, entre sus asesores de mayor confianza, a un ex dirigente político muy afín con la ideología del kirchnerismo: Juan Manuel Abal Medina, quien -antes de transformarse en lobbista de los intereses de Slim– fue muy cercano a la cúpula de la organización Montoneros en los setenta y cuyo hijo integró el gabinete de Cristina Fernández. Como decía el gran Pancho Ibáñez: “Todo tiene que ver con todo”

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