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asunción con apoyos y protestas

Comenzó la era Donald Trump


El outsider multimillonario Donald Trump prestó juramento ayer en las escalinatas del Capitolio, en Washington, como 45° presidente de Estados Unidos y anunció que blindará las fronteras del país a los inmigrantes y lo protegerá de “los estragos” provocados por el libre comercio. La altanera ex estrella televisiva de gran jopo dorado y sin ninguna experiencia política, que sucedió en las riendas de la primera potencia mundial al demócrata Barack Hussein Obama –quien dejó el cargo tras ocho años de gestión–, dijo que privilegiará siempre los intereses estadounidenses: “Estados Unidos comenzará a ganar de nuevo, como nunca antes”, subrayó.
“Desde hoy, una nueva visión gobernará nuestra tierra. Desde hoy, pondremos a Estados Unidos en primer lugar”, afirmó Trump en su discurso inaugural, cuyo inicio coincidió con una llovizna.
Trump, que quiere deportar a millones de inmigrantes y construir un muro en los 3.200 kilómetros de frontera con México, también enumeró “dos reglas simples: compre estadounidense y contrate estadounidenses”.
“La ceremonia de hoy tiene un significado muy especial porque no estamos meramente transfiriendo el poder de un gobierno a otro, o de un partido a otro. Estamos transfiriendo el poder de Washington DC y devolviéndoselo a ustedes, la gente”, dijo Trump, que prometió asimismo erradicar “el terrorismo islámico radical”.
El magnate, que sorprendió a propios y extraños hace menos de dos años cuando decidió competir por la nominación presidencial en el Partido Republicano, en cuyas primarias derrotó a otros 16 aspirantes, lamentó que Estados Unidos “enriquezca a industrias extranjeras” y “subsidie ejércitos extranjeros”. Y subrayó: “Hemos defendido las fronteras de otros países mientras nos hemos negado a defender las nuestras. Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, roban a nuestras empresas, y destruyen nuestros empleos”.
Así, con los mismos eslóganes de su campaña: “Primero Estados Unidos” y “Devolver a Estados Unidos su grandeza”, Trump comienza a escribir una de las más increíbles páginas de la historia de su país, la de la llegada a la presidencia de un hombre sin ninguna experiencia política previa, cuyas salidas xenófobas y sexistas causan escándalo, pero que también provoca el entusiasmo de una parte de Estados Unidos. “De algún modo, él y yo somos lo opuesto”, dijo el presidente saliente, Barack Obama.
La victoria de Trump, que dejó atónito al planeta, está anclada sobre todo en los votos de una clase trabajadora blanca que desconfía de los políticos tradicionales y que siente que la globalización la perjudicó, trasladando empleos a México o China. “Voy a luchar por ustedes con cada aliento, y nunca, nunca los decepcionaré. Estados Unidos volverá a triunfar; triunfará como nunca antes”, dijo Trump, quien cerró su discurso con el puño derecho en alto, en las escalinatas del Capitolio.
Los aliados tradicionales de Estados Unidos observan al magnate inmobiliario neoyorquino con inquietud: tras una agresiva campaña, el republicano Trump, de 70 años, llega a la Casa Blanca con la menor popularidad de un nuevo presidente en cuatro décadas.

 

Apoyos y protestas

Washington fue copada ayer por decenas de miles de simpatizantes de Trump que agitaban banderas estadounidenses y lucían gorros de béisbol en lo cuales se leía “Devolver la grandeza a EE.UU.”, el eslogan electoral del magnate, pero también por manifestantes contra el racismo y a favor de los derechos de la mujer y los de los inmigrantes.
La mayoría de las protestas fueron pacíficas, algunas terminaron en hechos de violencia: decenas de manifestantes, muchos vestidos de negro y encapuchados, lanzaron piedras, quebraron vidrios de varios comercios y un banco y fueron dispersados por la policía con gases lacrimógenos, constataron periodistas de la AFP. Y se produjo un centenar de detenciones (ver página 23). “¡No a las deportaciones, no al Ku Klux Klan, no a un EE.UU. fascista!”, coreaban los opositores a Trump.
Trump y su tercera esposa Melania, una ex modelo de 46 años nacida en Eslovenia, llegaron al Capitolio desde la Casa Blanca, en una limusina junto a Obama y su esposa Michelle, con quienes habían compartido un desayuno en la última actividad protocolar de quien fue el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos.
Michelle vestía un elegante vestido largo rojo oscuro, mientras Melania optó por un vestido y una torera de cachemira celeste cielo de Ralph Lauren, muy en el estilo de la ex primera dama Jackie Kennedy Onassis.
En las escalinatas del Congreso Trump prestó juramento sobre dos Biblias sostenidas por Melania, exactamente a las 12 del mediodía de Washington (17 GMT, las 14 en la Argentina): una que le regaló su madre en 1955, y la de Abraham Lincoln, que luchó por la abolición de la esclavitud, también utilizada por Obama hace cuatro años.
Obama y tres ex presidentes, Jimmy Carter, Bill Clinton y George Walker Bush, lo observaron atentamente, así como su derrotada rival demócrata Hillary Rodham Clinton, a quien Trump arrebató la oportunidad de ser la primera mujer presidenta de Estados Unidos –aunque la aspirante demócrata logró unos 3 millones más de votos que el republicano–.
Tras el discurso de Trump, Obama abordó con su esposa un helicóptero (sigue en pág. 23)
(viene de pág 10) de la Marina para dirigirse a la base aérea de Andrews y desde allí, tras pronunciar un breve discurso de despedida, dejar Washington luego de ocho años en la Casa Blanca.
Mientras que Trump y la primera dama encabezaron un almuerzo en el Capitolio, tras el cual llegó a la Casa Blanca, después de un desfile que fue acompañado por miles de sus seguidores y un puñado de manifestantes en su contra.
En el trayecto desde el Capitolio, donde ocurrió su investidura, hasta la sede del ejecutivo, Trump y su esposa Melania abandonaron tres veces la limusina blindada –conocida como “la bestia”– para caminar y saludar a la multitud, en medio de un espectacular dispositivo de seguridad.
Trump promete unificar al polarizado electorado, pero esto se contradice con sus constantes ataques a detractores, generalmente por Twitter: de la prensa a la actriz Meryl Streep o al héroe de los derechos civiles John Lewis, de las agencias de inteligencia a la canciller alemana Angela Merkel o a Europa. En el frente diplomático surgen grandes dudas. Los líderes del planeta se interrogan sobre cómo interpretar sus declaraciones, contradichas muchas veces por sus futuros ministros sobre las relaciones con Rusia o el acuerdo nuclear iraní.

México, castigado

El gabinete de Trump es el más blanco y el más rico en décadas. Incluye a un solo negro y por primera vez en casi 30 años, a ningún hispano, lo cual le valió fuertes críticas de la primera minoría del país, con más de 55 millones de personas (17% de la población).
La ausencia de hispanos en el gabinete no es sorprendente para un presidente que promete deportar a entre dos y tres millones de inmigrantes sin papeles, construir un muro frente a México y cobrárselo a los mexicanos, quizás a través de impuestos a las remesas de inmigrantes.
También quiere renegociar o eliminar e acuerdo de libre comercio con México y Canadá, así como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (del que son signatarios Chile, México y Perú, entre otros), medidas que junto a la pérdida de inversiones pueden arrastrar al vecino del sur de Estados Unidos a una recesión.
Trump también podría dar marcha atrás en el acercamiento con Cuba impulsado por Obama y todo indica que será más agresivo con Venezuela, aunque el presidente de ese país, Nicolás Maduro, señaló este jueves que no había que prejuzgar a Trump antes de verlo gobernar e ironizó: “Peor que Obama no puede ser”.

 

Paso de mando en Twitter

Barack Obama fue el primer el presidente de Estados Unidos en usar Twitter como un medio de comunicación oficial. Ayer, la cuenta @POTUS (President of the United States) pasó a manos de Donald Trump. No obstante, para distinguir entre los mensajes publicados por Obama y los de Trump, @POTUS se convirtió en @POTUS44, de modo que los 352 tuits publicados desde el 18 de mayo de 2015, cuando el presidente de Estados Unidos estrenó su cuenta, queden preservados como parte del acervo bajo custodia de la Administración de Archivos y Registros Nacionales. La cuenta no publicará más. Una vez que la cuenta @POTUS fue liberada, se reasignó a Trump, quien anoche ya acumulaba más de 4 millones de seguidores aun antes de publicar su primer tuit.

 

¿EL DISCURSO DE UN VILLANO DE BATMAN?

Para muchos estadounidenses la llegada de Trump a la Casa Blanca representa un golpe al “establishment monopólico” de Washington DC, mientras que para otros es un retroceso en materia de derechos adquiridos durante los años de Obama. En ese marco, el discurso inaugural de Trump hizo recordar a muchos a un personaje ya no del mundo político, sino del mundo fantástico: Bane, el villano de la película Batman: el caballero de la noche asciende, dirigida por Christopher Nolan. Ambos discursos en plan de “empoderar al pueblo”, fueron viralizados y comparados con humor ayer en Twitter y Facebook por cientos de norteamericanos a quienes el discurso de Trump les remitió automáticamente a uno de los personajes más malignos de la cantera de DC Comics. Trump habló apenas 16 minutos, pero las reacciones a su discurso, muchas de ellas, de indignación e incredulidad, reflejan que, lejos de apaciguar la polarización social, parece haberla intensificado. Las frases que más resonaron fueron aquellas en las que pareció echar abajo todo lo hecho antes –“hoy toma el poder el pueblo”– y el consecuente repudio a la clase política. “Fue el discurso más radical y divisorio que he escuchado en una inauguración”, dijo Jake Tapper, analista político de la cadena CNN.

 

Protestas e incidentes que dejaron un centenar de detenidos

Vehículos incendiados, contenedores de residuos destruidos, vitrinas rotas, gases lacrimógenos: las calles habitualmente asépticas de Washington fueron escenario ayer de disturbios, cuando cientos de manifestantes anti-Trump se enfrentaron violentamente con la policía al margen de la investidura del 45º presidente de EE.UU.
Con la cara cubierta con pañuelos negros, encapuchados o vistiendo máscaras antigas, entre 500 y mil personas destrozaron vidrieras y lanzaron piedras contra la policía antidisturbios en la K Street, la denominada “avenida del poder”, a pasos de la Casa Blanca, que alberga a grandes bufetes de abogados y lobbystas.
Unos 200 policías intentaron dispersar a los manifestantes tirando decenas de cartuchos de gases lacrimógenos y lanzando gas pimienta.
Una humareda se elevaba sobre dos manzanas de casas sobrevoladas por un helicóptero policial, llenas de basureros calcinados, trozos de vidrio, cajas metálicas de expendio de periódicos destrozadas y cartuchos vacíos. Los manifestantes rompieron los vidrios de una limusina negra, la incendiaron y le grafitearon el símbolo de la anarquía en la puerta.
“Cuatro años de lucha”, se leía en la pancarta de una manifestante enmascarada, en referencia al mandato del magnate inmobiliario Donald Trump, que se convirtió unas horas antes en el 45° presidente de Estados Unidos. Muchos manifestantes protestaban directamente contra Trump, pero también hubo otras reivindicaciones, sobre todo relativas a los derechos de las minorías.

 

“Tengo miedo”

Tras un ataque de la policía, Raven Devanney, una joven rubia de 19 años, retomó el aliento en una parada de ómnibus que fue pintada con el grafiti “Nosotros el pueblo”.
“Estoy aquí para defender los derechos de las mujeres, de los musulmanes, de los negros, de los inmigrantes, de los homosexuales. En fin, para conservar todo por lo cual hemos luchado en esta última década”, aseguró la joven, que vestía un gorro de béisbol con la leyenda “Tornemos a EE.UU. gay otra vez”, juego de palabras con el eslogan de Trump “Devolvamos la grandeza a EE.UU.”.
“Tengo miedo de que Trump revierta muchos derechos que adquirimos”, agregó esta estudiante llegada de Boston, mientras ajustaba la bufanda sobre su nariz y deploraba los hechos de violencia del día.
La policía informó a media tarde que había arrestado a 95 manifestantes.
Más temprano hubo enfrentamientos menos violentos entre la policía y varias decenas de jóvenes manifestantes que llevaban abrigos con capuchas y pañuelos negros característicos del grupo Black Block, un movimiento radical y muchas veces violento. Estos manifestantes ya habían quebrado otras vitrinas y dañado vehículos.
“Los daños materiales no me molestan”, explicó Scout Holiday, de 21 años, una estudiante de la universidad de Michigan. “Es lo que pasa cuando la gente entra en cólera, y hay muchas razones para estar encolerizado hoy”, agregó.
Con todo, el resto de las marchas y reuniones durante la jornada de investidura presidencial en Washington fueron pacíficas, matizadas a veces por insultos y gritos entre ambos bandos.

 

Con Macri, viejos conocidos

El flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par argentino, Mauricio Macri, dos empresarios devenidos en jefes de Estado, se conocieron cuando el argentino tenía 24 años y el norteamericano 40.
“Es una larga historia, de hace mucho tiempo. Fue cuando tuve que cerrar un negocio familiar en Nueva York”, le dijo Macri a la cadena estadounidense CBS, cuando le preguntaron por sus vínculos comerciales con el republicano. En esa entrevista, transmitida para Estados Unidos, Macri reconoció que las gestiones que tuvo que realizar con Trump representaron su debut en los emprendimientos internacionales.
La historia fue revelada en Estados Unidos en la biografía del magnate neoyorquino, titulada Trump: los negocios y la caída, escrita por el periodista Wayne Barret, que realizó investigaciones para Newsweek y también fue docente de Periodismo en la Universidad de Columbia. En la Argentina, los vínculos entre la familia Trump y la familia Macri fueron expuestos en El Pibe, la primera biografía política del líder del PRO, escrita por la periodista Gabriela Cerruti, hoy legisladora porteña por Nuevo Encuentro.
Desde 1979 hasta 1984, el Grupo Macri quiso construir conjuntamente con el Grupo Trump un edificio de 150 pisos en Nueva York, sobre una propiedad que Franco Macri había comprado en el lado oeste de Manhattan. El Proyecto Lincoln West no prosperó, pero generó una muy buena relación entre los empresarios y, con el tiempo, Trump empezó a visitar a sus amigos argentinos para alojarse en la quinta Los Abrojos –el refugio que Macri tiene en el partido bonaerense de Malvinas Argentinas–, o en la mansión que la familia del ex presidente de Boca tiene en Punta del Este.
“Me encanta Buenos Aires, es una hermosa ciudad. Conozco grandes hombres de negocios en la región, como Macri. Es un buen tipo”, confesó Trump en 2012 al diario La Nación, cuando anunció una inversión de 100 de millones de dólares en la Trump Tower, construida, precisamente, en Punta del Este. “Conozco a los dos (Macri), al padre y al hijo, que ahora es jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Me caen bien y creo que son una gran familia. Me dijeron que el hijo está haciendo un buen trabajo en Buenos Aires. Aprovecho para mandarle mis saludos”, completó en aquella entrevista el empresario que tiene un imperio formado por emprendimientos inmobiliarios y cadenas de hoteles en las principales ciudades del mundo y ayer asumió en la Casa Blanca.
Sólo resta saber en qué medida el apoyo explícito que Macri y varios funcionarios de su gobierno –entre ellos, la canciller Susana Malcorra– dieron a la rival de Trump en las presidenciales norteamericanas, la demócrata Hillary Clinton, pudo haber esmerilado la vieja buena relación entre ambos.

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