Edición Impresa, Policiales, Últimas

Caso Bravo: un santuario por un crimen sin detenidos

Ana Laura Piccolo.- Fue construido por familiares y amigos del pibe, quienes se juntan “a fumar y tomar cerveza con Elías”.

Todos los días, amigos y familiares de Elías Bravo visitan y recuerdan su memoria en un pequeño santuario construido en el mismo lugar donde hace poco más de tres meses el muchacho de 17 años fue ejecutado de 30 balazos en un crimen con claro mensaje mafioso cometido en la puerta de un quiosco de drogas de Empalme Graneros. El ritual es parte de la rutina cotidiana de su mamá Analía, su novia Maira y su hermana Brenda, además de un numeroso grupo de amigos que se juntan “a fumar y tomar cerveza con Elías”. Así lo relatan vecinos de calle French, entre Felipe Moré y las vías, quienes colaboran con el cuidado del santuario, construido de ladrillos y cargado con flores, rosarios y estampitas. Además de terminar con la vida de Elías, los más de 30 plomos pusieron fin a la agitada actividad del búnker, como en el barrio denominaban a las cuatro gruesas paredes desde las que se comercializaban estupefacientes las 24 horas del día. Por el hecho, ocurrido el pasado 15 de octubre, no hay detenidos.

De hecho, la misma noche en que asesinaron a Elías y luego de que se retiraran los policías que coparon la escena, fueron los mismos vecinos –cansados de denunciar la actividad del kiosco– quienes se turnaron durante la madrugada para derrumbar a mazazos la construcción. Desde entonces la calma volvió a sus vidas aunque aseguran que los “transas” intentaron varias veces volver a establecerse en el lugar y en algunas ocasiones amenazaron con quemarles las casas.

“Antes vivíamos encerrados, ahora podemos sentarnos en la vereda”, dijo una vecina, tras recordar la pesadilla que era vivir en la cuadra cuando funcionaba el quiosco de drogas. “Todos los días había balas, funcionaba las 24 horas, venían en autos, motos, bicicletas y a pie, era un corredero de gente”, añadió.

Ahora, “los únicos que entran son los amigos de Elías. Vienen y fuman con él, le dejan cigarrillos. No hay un día que no lo visiten, al igual que su familia”, contó otra mujer de la zona.

Elías frecuentaba casi a diario el lugar, siempre a bordo de su moto Tornado negra. En la cuadra lo recuerdan como un pibe bueno que imponía respeto. “Le hicieron una camita. Fue el Oreja que se hacía el amigo. Vinieron cuatro en dos motos y otros tantos en un auto. Lo escuché gritar: «No me tiren» varias veces y después sonaron los tiros. No terminaban nunca”, dijo una señora que aclaró que los agresores son los mismos que pasean por el barrio asustando a los vecinos: “Están todos los pibes amenazados. Les tienen miedo y ninguno se anima a declarar”.

La calma que recuperó esa parte de Empalme Graneros tras la destrucción del quiosco de drogas es diametralmente opuesta a la que se respira 15 cuadras al norte, donde vive la familia de Elías. Allí, en inmediaciones de Olavarría al 1200 bis, la ausencia del muchacho es una tristeza honda que se vuelve bronca a medida que pasan los meses y la causa judicial continúa estanca.

“Pasaron tres meses y la causa está igual. Nunca detuvieron al Oreja (sindicado como el autor de los disparos). No investigaron nada. Y es porque la Policía está metida”, dice Analía, la mamá de Elías, que no se cansa de repetir que ya no tiene miedo en decir “lo que todos saben”: que los traficantes están asociados con la Policía y que a su hijo lo mataron porque sabía algo que les molestaba.

“Todos saben que fue el Oreja. Se hacía el amigo y le tendió una cama. Pero nadie lo agarró nunca y sin embargo se lo ve por ahí. Me dicen que nadie quiere salir de testigo. Esto hace preguntarme por qué no investigan la muerte de mi hijo como lo hacen con otras hechos”, dice Analía para volver a repetir: “Por eso te digo que está metida la Policía. Mi hijo sabía algo que tenían miedo que él diga. Porque yo sé que la Policía está metida ahí. Mi reclamo es que se investigue como corresponde. Porque mi hijo tiene derecho a que se esclarezca su asesinato. ¿O no les importa porque en su vida anterior tenía antecedentes?, porque también pagó por eso”; terminó la mujer.

Comentarios