Opiniones

La culpa es de otro

Barajando datos: el macrismo arma su relato para ser oposición

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, presentó un informe sin membrete ni firma sobre la política económica del gobierno en estos cuatro años que afirma que la Argentina "está lista para crecer". Se trata de una manipulación de datos que no respeta parámetros técnicos ni metodológicos


Esteban Guida

Fundación Pueblos del Sur (*)

Especial para El Ciudadano

 

A pocos días de finalizar una gestión que no se deja defender con datos ni cifras oficiales, el macrismo manda a una de sus figuras más controvertidas a instalar un relato que procura lavar el fracaso político de su gestión, dispuesto a asumir un rol opositor con las mismas prácticas que han caracterizado su paso por el gobierno.

El documento que sale del área del jefe de Gabinete Marcos Peña parece un “borrador de uso interno” destinado a reinterpretar lo que reflejan con contundencia los indicadores oficiales que publica el propio gobierno. Sin firma, sin membrete, y sin respeto por las cuestiones técnicas y metodológicas, se compaginan cifras inteligentemente con la clara intención de escribir una realidad que no es. Esta imposición del relato oficialista parece una burda copia de la práctica historiográfica de Mitre, mostrando como bueno lo malo, y como éxito un gran fracaso para la Nación, subestimando la capacidad de comprensión y decisión de las personas, en línea con la versión post elecciones Paso de Mauricio Macri, afirmando que los argentinos “se habían equivocado” al votar en contra de su gran propuesta de “hacer lo mismo, pero más rápido”.

Este documento divulgado extraoficialmente empieza así: “A fin del 2019, el país está listo para crecer. Sin magia, sin mentira, sin ficción”. Parece una ironía, pero se intenta sacar provecho del rebote que seguramente registrará la economía después de dos años de inestabilidad y aguda depresión, dispuestos a capitalizar como propia cualquier mejora que pueda lograrse el año que viene con un nuevo gobierno en funciones.

Los ocho puntos sobre los que versa el informe refieren a “herencia, programa económico, inflación, situación fiscal, impuestos, deuda, energía y empleo”. Pero en las pocas líneas de este artículo, se quiere poner la atención en la manipulación que se hace de los datos relativos a un asunto de gravedad y relevancia como es el monto y uso del endeudamiento público.

Siguiendo con la idea de echar culpas a otros (aún después de cuatro años de gestión), el documento dice que el gobierno de Macri tuvo que endeudarse por el déficit que dejó la gestión de Cristina Fernández, señalando que, entre 2009 y 2015 (7 años), el déficit financiero superó los 100.000 millones de dólares y que esto implicó un crecimiento de la deuda pública de 65.000 millones de dólares; mientras que durante el período 2016-2019 (4 años), el déficit acumulado totalizará en 110.000 millones de dólares y la deuda pública subirá 75.000 millones de dólares.

En primer lugar, el propio informe exhibe que en sólo tres años de gestión macrista se acumuló una cifra mayor a la que se habría acumulado en seis años. Pero más allá de este dato (que pone el foco en el déficit del gobierno anterior, no el generado por su propia gestión) entre 2009 y 2015 el 90% de la deuda pública nacional se contrajo con residente nacionales; sólo el 10% restante (7.846 millones de dólares) explican la deuda externa. En clara contraposición, en el periodo 2016-2019 el 91% de la deuda pública total se explica por la deuda externa (97.601 millones de dólares) y sólo el resto por el incremento de la deuda interna.

De todas formas, aunque se intente equiparar el déficit actual con el generado por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la situación que deja Cambiemos es extremadamente peor, ya que la deuda interna se licúa con la devaluación y se paga con moneda local. Por el contrario, la deuda externa aumenta con cada devaluación, porque nuestro PBI se genera en pesos y se paga con un bien que en términos netos no tenemos (el dólar divisa). Por esta situación, el gobierno de Macri ha dejado el país en una situación de alta dependencia al financiamiento externo que, como sabemos, va por todo, sin escrúpulos y sin bandera. Soslayar este punto es deliberado y malintencionado.

En varios sentidos el ministro manipula irresponsablemente los datos. Porque hablar de déficit acumulado no es un término pertinente, dado que año a año se cancelan y emiten nuevos compromisos de deuda. Lo correcto sería comparar el perfil de vencimientos de los servicios de la deuda pública a finales de 2015 con el que ocurrirá a finales de 2019. En efecto, al 31 de diciembre de 2015 los vencimientos para el período 2016-2019 ascendían a 121.520 millones de dólares (89.642 millones en capital y 31.878 millones en intereses) mientras que a finales de 2019 se estima que para el período 2020-2023 los servicios de la deuda alcanzarán los 155.080 millones de dólares (115.780 millones en capital y 39.300 millones en intereses) habida cuenta del endeudamiento a largo plazo (¡100 años!) que queda fuera de esta consideración.

Pero esta estrategia comunicacional no es sólo una práctica conocida de Marcos Peña, puesto que el actual ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, se sumó también a la manipulación tendenciosa de las estadísticas para faltar a la verdad. Lacunza afirmó que el país “no tiene un problema de solvencia sino de liquidez”, y para afirmar eso sostuvo que la deuda no es “demasiado” abultada dado que la relación deuda/PBI ronda el 70%. Pero esa proporción resulta de comparar el stock total de deuda con un PBI ajustado por el promedio anual del tipo de cambio (44,60 pesos por dólar), evitando utilizar el tipo de cambio del último informe publicado en septiembre (57,56 pesos por dólar) como bien venía haciendo el propio Ministerio hasta este momento. De esta forma, se aumenta caprichosamente el valor en dólares del producto, subestimando “contablemente” el peso real de la deuda pública.

Este juego en los cálculos, sin dudas, cambia los datos en favor del gobierno. No es lo mismo decir que la deuda pública bruta representa el 70% del PBI que el 92%, así como tampoco es lo mismo afirmar que la deuda externa representa el 39% del PBI, que el 51%; mucho menos si a diciembre de 2015 ésta representaba el 13,6%.

También es tendencioso afirmar, como hizo Lacunza, que la emisión de deuda aumentó en 70.000 millones de dólares, cuando compara la deuda bruta total de 2015 con la de septiembre de 2019, ya que esa diferencia oculta la licuación de los pasivos en moneda nacional producto de la fuerte devaluación del tipo de cambio en los últimos años.

Es cierto que a finales de 2015 la deuda pública bruta era de 240.700 millones de dólares y que al 30 de septiembre de 2019 ésta ascendía a 311.240 millones de dólares. Pero la diferencia entre ambas cifras no refleja la reales necesidades de financiamiento del gobierno de Cambiemos. La comparación que sí puede hacerse es del stock de deuda externa, que creció un 170% entre diciembre de 2015 y setiembre de 2019 pasando de 63.580 millones a 172.000 millones de dólares.

Estos ejemplos que surgen de comparar los dichos de los funcionarios con los datos oficiales reflejan que es falsa la sensibilidad del gobierno ante el mensaje de las urnas. La tergiversación de los datos y el capricho por inventar un relato confrontado con la realidad muestra que algunos pretenden seguir burlándose de los argentinos.

Por último, no está de más observar que estas inconsistencias no sólo se dan con las estadísticas sino también con las declaraciones de los funcionarios eyectados del actual gobierno (Carlos Melconian, Alfonso Prat Gay, Federico Sturzzenegger, Nicolás Dujovne, entre otros) que cuando estaban en funciones repetían el relato exitista, pero desde afuera no dejan de ratificar el fracaso del gobierno de Macri, que habrá servido al interés de unos pocos, pero resultó perjudicial para la Patria y el conjunto de los argentinos.

 

(*) fundació[email protected]

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