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Ataque aéreo a Libia divide aguas entre propios aliados

Contradicciones sobre cómo seguir con la Odisea al Amanecer. Reparos de Francia, Italia y Noruega.

Mientras las bombas siguen cayendo sobre Libia, las consecuencias sobre la población civil, la posible invasión al país –no contemplada en la resolución de la ONU–, además del tema concreto de qué hacer con Muamar Gaddafi, comenzaron a generar chispazos entre los aliados al Pentágono. Es que los países que participan del ataque ya están pensando en lo que viene después. Y comienzan a mirarse de reojo. Con ese marco de fondo, y declaraciones contradictorias minuto a minuto, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía a puertas cerradas para analizar la situación en Libia, según indicó un diplomático que pidió el anonimato a la agencia AFP.

Por un lado, el presidente norteamericano, Barack Hussein Obama, decía ayer desde Chile, en donde estaba de visita, que la forma en que EE.UU. tomó el liderazgo “asegura la legitimidad de la misión y permite que los socios hagan seguimiento de las operaciones”.

Pero en Europa, por la mañana, comenzaban las dudas sobre el comando del Pentágono y crecían las presiones para que la Otán se haga cargo de la segunda fase de la operación  extranjera en Libia

El portavoz adjunto del Ministerio de Defensa francés, el general de brigada Philippe Pontiès, decía: “Estamos en una operación querida por las Naciones Unidas, aplicada por una coalición ad hoc a la que la Otán podría eventualmente dar su apoyo”. “Su rol sería en un perímetro de apoyo”, sugirió.

Por su lado, el gobierno italiano pedía a la comunidad internacional que la Otán tome la coordinación de las operaciones en su ex colonia, y hasta amenazó con impedir el uso de sus bases si esto no ocurría.

En el medio, el primer ministro británico, David Cameron, confirmaba, aunque en una línea más tibia, que se estudiaba transferir el mando a la Otán.

Noruega, que envió seis cazabombarderos F-16 al Mediterráneo, advertía que no entraría en acción hasta que no se aclare específicamente su misión.

Poco después, Obama, adelantó, como un mensaje tranquilizador, que su país transferirá el liderazgo militar a los países aliados. “Anticipamos que esta transición tendrá lugar en cuestión de  días y no en cuestión de semanas”, dijo y  agregó, sin dar más detalles: “El Pentágono informará”.

Otro tema contradictorio que giró ayer fue qué hacer con Gaddafi. El jefe del Estado Mayor de la Defensa británica, David Richards, descartó que sus fuerzas vayan a apuntar directamente contra el líder libio para asesinarlo, y aseguró que no forma parte “en absoluto” del objetivo de las fuerzas británicas. “La resolución 1973 de la ONU no lo permite y sirve exclusivamente para la protección de civiles”, señaló el militar en Londres en declaraciones a la cadena BBC.

En la misma línea, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, consideró que un ataque contra Gaddafi sería “poco inteligente”, según informó la agencia de noticias DPA.

Las declaraciones de los funcionarios contrastaron, no obstante, con lo dicho también a la BBC por el ministro de Defensa británica, Liam Fox, para quien el líder libio “podría ser un objetivo legítimo”.

Según Fox, el ataque contra Gaddafi es “eventualmente una posibilidad” y depende de si ello permitiría dejar a los civiles fuera de peligro.

En el mismo plano de ambigüedad, Obama declaró desde Chile que el objetivo es “proteger a la población civil” de los ataques de Gaddafi y no destituirlo.  Sin embargo,  insistió en que la política de Estados Unidos es que Gaddafi “debe  irse”. El premio Nobel de la Paz, luego advirtió: “No vamos a mostrar compasión”.

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