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Opinión

Apuntes sobre el Paraná: entre “entregas” y luchas por “recuperar lo nuestro”

"Nos encontramos ante una crisis hídrica solo comparable a la del año 1945", advierte el autor, para luego pasar revista a las causas de la calamidad, que parecen estar más en manos humanas que en ciclos naturales. Y la bisagra está en la puja por uno de los ríos más caudalosos del mundo


Luciano Orellano (*)

 

Nos encontramos ante una crisis hídrica solo comparable a la del año 1945. Esto obedece a cuestiones cíclicas y coyunturales, pero sobre todo a un cambio de carácter estructural.

Se trata del cambio climático global y en particular en América Latina, donde se han deforestado 70 millones de hectáreas para la extensión de la frontera agrícola-ganadera, lo que ha modificado el curso natural de los ríos “volantes” o “voladores”, todo lo que tiene que ver con las evaporaciones, la condensación del aire, los ciclos de lluvia, los drenajes de los ríos por el tipo de “monoproducción sojera”, ya que la matriz productiva de América del Sur se centra en la soja.

Además de “los dueños del fuego”, que provocan los incendios de los humedales frente a Rosario y en otros lugares, hay que tener en cuenta los incendios provocados intencionalmente por “los dueños de todo” en el Amazonas con el mismo objetivo, por lo que se ha creado una situación dramática.

Brasil tiene la “canilla” de América del Sur. Allí hay 150 centrales que están reteniendo agua, lo que condiciona la solución a la crisis, sumado a la mano del ser humano, a la sobreproducción de energía, etcétera.

A esto se agrega el dragado en forma indiscriminada y sin ningún tipo de control, que durante 26 años aproximadamente han hecho empresas como Jan de Nul (belga), en complicidad con los “mandamases” de los puertos.

Con la bajante del río Paraná emergieron “Los 100 caños: enemigos ocultos del Paraná” (documental disponible en la bio de Instagram del @instituto.soberania). Por estos caños descargan sus materias contaminantes a las aguas de nuestro río empresas como Cargill (Estados Unidos), Bunge (Holanda), Renova (anglosuiza vinculada con el caso Vicentin), Bayer (Alemania), distintos frigoríficos y demás empresas relacionadas a agroexportadoras, siderúrgicas, celulosas, etcétera.

No podemos, no debemos, ni queremos vivir de espaldas a este río que amamos. Celebramos que se haya conformado un movimiento juvenil en defensa del agua, por lo que el pueblo va tomando conciencia.

Nuestro río Paraná es parte del Acuífero Guaraní, que es el tercer reservorio de agua dulce del mundo.

Hay en la actualidad alrededor de 700 millones de personas nómades por el planeta debido a la crisis del agua dulce, emigrando en su búsqueda. El agua dulce, que es un bien de la humanidad, ya cotiza sin embargo en la Bolsa de Wall Street.

El dragado de nuestro río ha estado durante 26 años a cargo de la empresa belga Jan de Nul, con una facturación de 300 millones de dólares anuales que el Estado argentino ha “regalado” en los hechos, junto con nuestro patrimonio, nuestros recursos materiales y humanos.

Avanza el proceso licitatorio para el dragado y balizamiento del río Paraná y la entrega a empresas extranjeras. Primero se va a una licitación corta, para luego ir a la licitación larga, que daría la concesión por 20… 25 años.

Es el nuevo Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable, que tiene funciones contradictorias, el que llama a la licitación para el dragado del río Paraná, como para el balizamiento. No nos brindan información oficial, todos son trascendidos, desconocemos los pliegos… ¡y el pueblo quiere saber de qué se trata!

A pesar del silencio que “aturde”, lo que es indudable es que todo viene a la medida de las exigencias de los Zubizarreta (presidente de la Cámara de Puertos Privados y Comerciales), la Bolsa de Comercio de Rosario, la mesa de enlace, el Consejo Agroindustrial mal llamado “Argentino”…

Solo se habla de licitación, nacional e “internacional” (aunque con maquillaje), y se desecha de lleno y de raíz la posibilidad de que el Estado con su flota, a través de la Dirección Nacional de Vías Navegables, drague el río Paraná como sí lo hizo hasta la extranjerización menemista. Sólo se limitaría, en el mejor de los casos, a “confeccionar un registro de las instalaciones y bienes de dominio público y privado del Estado nacional, como así también controlar su debido mantenimiento, de acuerdo con el marco contractual y regulatorio y los planes aprobados” (artículo 4 del decreto 556/2021). ¿O será que este nuevo Ente solo viene a “cambiar algo para que nada cambie”?

En su momento, el ministro de Transporte, Alexis Guerrera, ha sido claro y ha expresado públicamente que de ninguna manera el Estado tiene como objetivo prestar el servicio de dragado y balizamiento.

 

¡Tenemos flota! ¡Recuperemos lo nuestro!

 

Podríamos también preguntarnos, ¿cómo fue posible que a Jan De Nul y Emepa se les “prestaran” gratuitamente y se les continúen “prestando” para su usufructo nuestras dragas, balizadores, buques, muelles, galpones, oficinas, remolcadores, lanchas, talleres, instrumental, etcétera, que son propiedad de los argentinos?; ¿por qué se dice a la vez que no tenemos los recursos humanos, que no tenemos flota, que todo es fierro viejo? ¡Porque nos están robando todos los días!

Sobre la base del ocultamiento han creado en los argentinos esta idea del Estado incapaz, ineficiente, incompetente, para enterrar 123 años de historia gloriosa de dragado de nuestros ríos y de conocimiento acumulado por años y años por nuestros trabajadores. Un tesoro que quieren pisotear, enterrar, humillar.

¿Por qué el Estado argentino, además, ha subsidiado a estas empresas?; ¿por qué se les pagaron millones de dólares por cada uno de los 25 años? Como si esto fuera poco: ¿por qué se les permitió que cobren los peajes, en dólares por supuesto, de toda carga que salió por nuestros puertos por más de 25 años?

Estamos en contra de un Estado y de los políticos que esconden nuestra flota, que la hunden, que la dejan oxidar, que hacen uso y usufructo para abrirles paso a las empresas monopólicas y extranjeras. En este mismo sentido avanzan en el proceso de licitación para la concesión, corta y larga, del dragado y balizamiento de nuestro río Paraná.

Nos oponemos también al dragado en forma indiscriminada y arbitraria, sin los necesarios estudios de impacto ambiental, fijando trazos, profundidades, movimientos de sedimento específico (algunos ya contaminados), etcétera. Se necesitan además órganos específicos de control (que no los hay) con participación real y efectiva de la comunidad.

El crecimiento, el desarrollo económico, la navegación fluvial, no pueden ser de ningún modo enemigos de nuestro río, de la vida de sus comunidades, de la biodiversidad, de su flora, su fauna y sus aguas. El dragado debe estar siempre presidido por el interés general y el bien común, y no a la medida de cuatro o cinco vivos de empresas monopólicas, en lo fundamental extranjeras.

Sobran recursos materiales y humanos, pero los han entregado a otras manos. Hoy exigimos al Estado argentino que nos dé explicaciones y detalle e inventario completo en esta materia, sobre todo de nuestro patrimonio nacional, como la urgente derogación del decreto 949 porque es un decreto de clara “matriz menemista”.

En primer lugar debemos recuperar lo que es nuestro: “una flota que flota”, partiendo del principio de que todo lo que hoy flota guarda esperanzas, y se puede recuperar.

Que nos devuelvan entonces nuestras dragas, balizadores, buques, muelles, galpones, oficinas, remolcadores, lanchas, talleres, instrumental, etcétera, de los cuales hacen uso, abuso y usufructo. Y sobre todo nuestros recursos humanos y su profundo conocimiento adquirido en años y años de eficiente trabajo, permanentemente humillados y ninguneados en tantos años de entrega.

En segundo lugar, deben devolvernos los recursos económicos para recuperar, reparar, acondicionar, comprar y fabricar en nuestros astilleros nacionales todo lo necesario para el ejercicio de nuestra soberanía.

El único modo que tiene el pueblo argentino de ejercer su soberanía sobre las riquezas, recursos, y bienes públicos es a través del Estado. Surge por lo expuesto, con toda claridad, que hay una historia en la que pudimos ejercerla.

Hoy nos queda como tarea descolonizar al Estado argentino, tanto de los de afuera como de los de adentro.

La defensa de nuestro río y su recuperación, para la felicidad del pueblo y de una patria soberana está en el marco de una gran movilización como la del pueblo chubutense contra la megaminería y en defensa del agua y la vida; como la oposición a las explotaciones petroleras en Mar del Plata; como el repudio por la caída del estado parlamentario de la ley de Humedales; como la defensa del litio; etcétera.

Al momento de escribir esta nota, se marcha a la concentración del puente Rosario-Victoria convocada por la Multisectorial Humedales el día sábado 8 de enero, y el viernes 21 marchamos a la Caravana por la Recuperación del Paraná y de nuestra flota.

Siguiendo a Manuel Belgrano: “Ni amo viejo, ni amo nuevo, ¡ningún amo!”.

 

(*) Integrante del Foro por la Recuperación del Paraná

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