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Presentación disco

Alejandra Zambrini: “Aprendí a cantar gracias a los directores de teatro”

La actriz y cantante habla de “Bésame en la boca”, material discográfico en el que revisita los temas de su espectáculo homónimo, que contó con la participación de Guillermo Copello en violín y arreglos, y Lucas Querini en piano.


La clave es el amor y el reencuentro, los besos dados, los besos perdidos y hasta “los besos sorteados”, siempre al ritmo de un vals, un tango o una milonga. Después de siete años de transitar escenarios del país y el exterior con Bésame en la boca, mucho más que un espectáculo con bellas canciones y “sorteos de besos”, dirigido por el talentoso Rodolfo Pacheco, la actriz y cantante rosarina Alejandra Zambrini presentará este sábado su disco homónimo, un material que busca el diálogo entre ficciones imaginadas y un tiempo presente que necesita, imperiosamente, del cruce de unos con otros.

El nuevo encuentro con el público local de esta ex integrante del recordado grupo Extravaganza será a partir de las 21.30, en la Terraza de la Cúpula de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza), junto a los músicos que la acompañaron en esta aventura teatral-musical-discográfica: Guillermo Copello (violín) y Lucas Querini (piano).

“En ese punto de unión de la actriz que canta o de la cantante que actúa es donde me juego la vida artísticamente, porque soy actriz y cantante, y entonces, en escena soy las dos cosas, es inevitable; es algo que me permite encarnar cada texto, cada imagen, cada situación desde ese lugar múltiple, y es lo que amo hacer”, adelantó Zambrini acerca de este material que incluye piezas como “Cantado” de Mercedes Simone, “Sueños de juventud” y “Martirio” de Enrique Santos Discépolo, “Amor en entredicho” de Alfredo Zitarrosa y “Flor de lino” de Homero Expósito y Héctor Stamponi, entre otros clásicos que dan cuerpo y alma al disco cuyo título está inspirado en el tema “Bésame la boca” de Eduardo Calvo y José María Rizutti.

“Este espectáculo que termina en un disco lleva unos cuantos años de recorrido por distintos escenarios, y es algo muy importante profesionalmente porque el disco es como una deuda que tenía conmigo; en este camino en el que vengo haciendo espectáculos musicales-teatrales siempre fue muy difícil llegar al disco; por lo general, lo que armábamos como puesta en escena, cuando lo queríamos pasar al disco, nos quedaba incompleto”, expresó Zambrini. Y agregó: “Por este motivo, espectáculos muy queridos como Señal que viene tormenta o Pobres chicas no tuvieron su versión disco; pero Bésame en la boca sí, porque es una propuesta donde el desarrollo musical ha sido muy importante, ha crecido mucho; lo musical es más intenso que en los otros espectáculos; son muy bellos los arreglos de Guillermo Copello, el violinista que me acompaña, y es un formato extraño para el tango, porque es piano, violín y voz, que al mismo tiempo genera una cosa muy interesante, muy de cámara, que es muy bella. Y si bien nunca es lo mismo ver el espectáculo que escuchar el disco, pudimos plasmar la música del show en un formato del que estoy sumamente orgullosa”.

Respecto de aquellos aspectos vinculados con la mirada de quien estuvo al frente del espectáculo, el actor y director Rodolfo Pacheco, que de un modo u otro se filtraron en la grabación del disco, la actriz y cantante analizó: “Podría decir que aprendí a cantar gracias a los directores de teatro, por lo tanto la mirada de ellos siempre está, haga lo que haga. Aprendí, entre otros, con Chiqui González dirigiéndome en La vida perdurable, o gracias al gran recorrido que vengo haciendo con Rodolfo (Pacheco) desde hace muchos años; todo lo que hice en mi carrera ha estado vinculado a la escena, nunca fue sólo cantar, desde mis comienzos con el grupo Extravaganza hace más de veinte años. La mirada de los directores de teatro es algo que llevo como tatuado”.

Una obra, un disco   

“El recorrido de este material que dio paso al disco es de lo más extraño: lo armamos con Rodolfo, que tras vivir muchos años en Rosario se instaló en Jujuy, por lo tanto la construcción de la obra fue a partir de encuentros con Rodolfo, yo viajando a Jujuy o él viniendo a Rosario, o los dos viajando a Buenos Aires, que en realidad fue donde surgió la idea sentados en un bar. Lo estrenamos en Jujuy en 2009, después hicimos una temporada breve en Rosario, fue el año de la Gripe A y se complicaba con los besos (risas), y poco después nos fuimos de gira por España, con muchas funciones en distintos festivales. Ya de regreso, siempre estuvimos girando por distintos puntos del país e hicimos muchas funciones en Rosario, más íntimas o más abiertas, ya sea en el living de mi casa o hasta las grandes veladas del teatro La Comedia, porque el espectáculo habilita un poco todos los formatos. De todos modos, en tiempos donde nos cuesta bastante el encuentro con el otro, este es un espectáculo que propone la cercanía, el cuerpo a cuerpo, sentir el aliento y los latidos del corazón de la persona que tenemos enfrente”.

Mujer de las tablas

La talentosa Alejandra Zambrini, cantante, actriz y docente, ha desarrollado una constante y nutrida producción artística en la ciudad, donde reside desde hace más de 20 años, como también en otros puntos del país. Entre sus trabajos más relevantes se encuentra el proyecto de Las Serenateras, cuya creación y dirección artística le pertenecen, y donde convoca a un nutrido equipo de mujeres a ofrecer bellas serenatas, del mismo modo que su recordado paso por el grupo Extravaganza, que en los primeros años 90 hizo gala en la ciudad de una cuidada e inédita estética de music hall. También aparecen en su haber Señal que viene tormenta, dirigido por Rodolfo Pacheco, Una de tiros, dirigido por Gustavo Guirado, La vida Perdurable, de Chiqui González, Pobres Chicas, de Javier Palomino, El otro Galileo, de Naum Krass, y Talindo, proyecto musical para niños, entre muchos otros trabajos.

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