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Adultas y adultos mayores en pandemia, un descubrimiento que llegó de la mano del acercamiento

La trabajadora social Patricia Valdez narra en primera persona cómo logró romper el cerco sin aumentar el riesgo, en medio del aislamiento. "No podemos hablar de adultas/os mayores si no pensamos en el presente, en el futuro y valorando cada espacio de tiempo como una oportunidad", sostiene


Patricia Valdez (*)

Especial para El Ciudadano

Quiero compartir una experiencia nueva de trabajo que he desarrollado en la Dirección de Adultas y Adultos Mayores (DAyAM) de la Municipalidad de Rosario, que me significó el descubrimiento de un universo en extremo diverso, lleno de incertidumbres, sorpresas, encuentros de subjetividades, alegrías, enseñanzas, decepciones, frustraciones y también nuevos comienzos.

Durante muchos años mi experiencia de trabajo estuvo orientada a otra población, o sea que esta experiencia con adultas/os mayores en el marco de la pandemia, y por tanto que conllevó el aislamiento, fue novedosa en todo sentido. Entiendo que esta coyuntura ha permitido mostrar que hay una gran franja de la población, las/os adultas/os mayores a quienes ahora se los ha podido escuchar de otro modo, en otra situación, y esto generó nuevas preguntas. Y plantea el desafío de poner en agenda políticas que garanticen sus derechos.

 

Contextualizando…

El pasado 20 de marzo se decretó el Aislamiento social, preventivo y obligatorio (Aspo) como consecuencia de la pandemia de covid-19, la que definió claramente que las personas mayores de 60 años se constituían en “personas de riesgo” y que debían extremar sus propios cuidados. En medio del desconcierto y la sorpresa ante la presencia de una “pandemia” nunca antes vivida, las/os adultas/os mayores fueron los destinatarios de un énfasis en las recomendaciones respecto a prestar especial atención a los cuidados y en particular en respetar el “aislamiento”. Siendo que era el Estado el que impartía tales recomendaciones, debía ser el mismo Estado el que, en pos de garantizar derechos, diera algunas respuestas. Preguntas como: ¿el médico de cabecera atendería? ¿Qué pasaba si había una cirugía programada? ¿Podía ir a retirar sus medicamentos? ¿Y ponerse la vacuna contra la gripe o la neumonía? ¿Podía ver a sus nietos? ¿Podía ir a cobrar la jubilación? ¿Y a hacer los mandados? El que vivía solo, ¿cómo resolvía el pago de los impuestos si la indicación era aislarse?¿Qué cosas podía hacer y qué cosas no?

Tales preguntas de la vida cotidiana se tornaron trascendentales y había que darles respuesta. En ese marco de incertidumbre la respuesta desde Estado era la ordenadora, y había que pensar de qué modo cuidar a los mayores, ya que eran la “población de riesgo”. En ese contexto, la Municipalidad decidió armar un Dispositivo de Acompañamiento Telefónico a Adultas y Adultos Mayores (DATAyAM), dependiente de la Red de “Rosario cuida a los grandes”. A principios de abril éste comenzó a funcionar, y siendo un momento inaugural, el mismo fue promocionado en todos los medios de comunicación, invitando a las/os adultas/os mayores a comunicarse telefónicamente o por Whatsapp, propuesta que tuvo una gran difusión.

 

¿De qué se trata el dispositivo…?

Muy brevemente lo describo: se recibe una llamada telefónica de parte de una adulta/o mayor, un familiar, una institución o vecinos preocupados por ellos. Estas llamadas son atendidas por profesionales de “recepción” y según la escucha evalúan la pertinencia de pasarlo a un segundo equipo, DATAyAM, que es donde trabajo. Por otra parte, este dispositivo cuenta con un equipo que, en ocasiones y a pedido nuestro, se acerca al domicilio para hacer lle, (DATAyAM) gar una caja de alimentos, medicamentos, cuadernos de estimulación de la memoria; y otras veces verificar que la/el adulta/o esté bien, ya que solamente cuenta con un teléfono fijo que en ocasiones no funciona. También se cuenta con un equipo de voluntarios de la Facultad de Psicología que a pedido nuestro se comprometen a realizar llamados a adultos y adultas en los que se evaluó necesaria otra escucha, con previa consulta y aceptación de ellos y ellas. Para los que manejan las redes, desde la DAyAM se generaron algunas opciones digitales orientadas a integrarlos, tales como programas radiales, clases de actividad física, danza, sorteos, charlas, entrevistas, etcéra; las que son difundidas por Youtube, Facebook y otras. Tal información la hago circular por Whatsapp y a los que solamente tienen teléfono fijo se les hace llegar un cuadernillo de estimulación de la memoria en papel.

 

¿Qué hallé cuando comencé a llamar?

Llamé a personas que escuchaban por primera vez mi voz, que nunca me habían visto, y había que generar un vínculo de confianza. Todo ello transcurría en un contexto de mucho temor acerca de la novedad de una pandemia y circulación de una enfermedad de la cual mucho no se conocía, la incertidumbre de futuro era la marca distintiva. Encontré a adultas/os solos, sin red de contención familiar como así tampoco comunitaria, en varias ocasiones nos convertimos en el único nexo con el exterior. Problemas de salud graves que han dejado de atenderse, otros que han dejado de tener sus rutinas diarias que les brindaban seguridad, distracción y conexión con otras personas de su confianza (vecinos, amigos con los que participaban de espacios de recreación, con los que iban a comer, al médico, viajaban, etcétera). Otros inseguros, perdiendo el registro del tiempo, angustiados y con crisis subjetivas. Algunos sosteniendo a otros adultas/os (hermanos, amigos), problemas de discapacidad no atendidas. Problemas de violencia de género, algunas denunciadas otras no, conviviendo con el agresor ante la imposibilidad de independizarse por problemas económicos, otras por discapacidad. Adultos rígidos debido al mismo encierro, sufriendo caídas, dificultades en la movilidad. Preocupados por la pérdida de la memoria o la dispersión propia que produce el aislamiento. Adultas/os con enfermedades mentales, solamente tomando medicación psiquiátrica, sin una evaluación de la misma y sin una escucha psicológica que los aloje, alteraciones del sueño, fobias, etcétera. También con personalidades complejas, con las que hay que lidiar en cada llamado porque necesitan ayuda.

La mayoría cobra jubilaciones mínimas, lo que trae aparejado que no llegan a pagar los servicios, alquileres, remedios y una alimentación adecuada, poniéndolos en una posición de dependencia de otros, y al no contar con alguna red familiar o de relaciones, pasan a depender del Estado.

Como lo dije al principio, el universo de las/os adultas/os mayores es diverso, así que también me encontré con quienes utilizan las redes sociales, otros que son lectores, o que ante el punto de inflexión del aislamiento tomaron la decisión de escribir y no quedarse estancados en ese “parate”; otros se han mantenido haciendo diferentes cursos on line, otros que por sus personalidades se pueden sobreponer fácilmente.

En las primeras semanas los llamados se caracterizaban por resolver preguntas puntuales, pero había en la escucha algo que llamaba la atención y hacía pensar en la necesidad de continuar con los llamados porque había “algo más”, incluso pedían que se los continuara llamando.

Durante estos meses la escucha se ha transformado en un soporte, ese que es vital en tanto hay “otro”, soportando vínculos quebrados, lazos rotos, contradicciones. En algunas situaciones fue de soporte del duelo, del enojo por la pérdida o lo que evaluaron como una mala gestión del Estado que implicó la pérdida de un familiar. Mi trabajo tuvo que ver con funcionar de “nexo” con el exterior, ya que el mensaje que recibían y les generaba paralización era que por la pandemia estaban suspendidas todas las actividades, el derecho a la salud fue uno de los más vulnerados. Especialmente al principio del aislamiento los turnos médicos estuvieron suspendidos, pero con el tiempo algunas actividades se reanudaron y algunos adultas/os no las pudieron tomar, por lo tanto no accedían a los controles médicos de rutina o a la atención de nuevas nuevas Además de ello para acceder a ciertos derechos se habilitaron los medios digitales, lo que es una verdadera e infranqueable barrera para muchos, incluso hasta las llamadas telefónicas se les tornaron imposibles de hacer, todo era muy complejo y necesitaban asistencia de un otro.

Algunas acciones

Sacar turno con sus médicos de cabecera, especialistas, clínicas de salud mental; obtención de recetas de medicamentos, gestiones diversas ante el Pami, cambio de médicos de cabecera, turnos en obras sociales; hablar con familiares en situaciones de enfermedad grave o con sus médicos, articulación con centros de convivencia barrial y centros de Salud, gestión con abogados previsionales, acuerdos con centro de jubilados para la obtención y entrega de medicamentos. Los meses transcurrieron y el devenir de la vida también trajo lo suyo, hubo fallecimientos pero puedo recuperar como positivo el haberlos acompañado en los últimos dias de sus vidas, la voz que los llamaba indicaba que alguien los tenía presente, algo sumamente importante en situación de soledad.

 

Luego de varios meses de aislamiento…

Durante el tiempo transcurrido se generó un lazo de confianza, gratificante, de aportes y aprendizajes. Incluso esperan el llamado, tienen agendado el número y atienden el teléfono nombrándome. En las conversaciones hay relato de anécdotas de su vida laboral, de viajes, de música, etcétera; historias de vida que operan como un “recreo” al aislamiento, como el salvoconducto que los libera.

Por otra parte el transcurrir del tiempo manifiesta la necesidad de hablar, por cierto saludable, preguntan por la vacuna contra el covid-19, por posibles habilitaciones de actividades y aunque el temor al contagio siempre está presente, extrañan sus actividades anteriores y espacios de recreación, su vida social.

Este dispositivo fue novedoso en un marco de urgencia y con el objetivo de dar respuesta al adulta/o en un marco de incertidumbre, el cual con el tiempo se fue re-diseñando como fruto de las necesidades que les surgían a las/os adultas/os mayores y a la atenta escucha de cada profesional. En un momento de especial desconcierto el Estado “fue” hacia la vida del adulto y entra en su intimidad, en su cotidianidad, con el objetivo de acompañar, escuchar, informar y garantizar derechos.

Las intervenciones realizadas a través de este dispositivo pusieron en evidencia de un modo muy claro, las necesidades del adulta/o mayor, variadas, particulares, específicas y dinámicas, mostró la inmensa diversidad de ese grupo etario. Por lo tanto también nos plantea el desafío ético de poner en agenda la necesidad de diseñar políticas que contemplen sus singularidades y garanticen sus derechos.

(*) Licenciada en trabajo social. Colegio de Profesionales de Trabajo Social 2ª Circunscripción

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