Automovilismo

Sergio “Checo” Pérez, fruto maduro


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    Un buen momento. El mexicano Checo Pérez atraviesa un buen presente en la categoría más importante del mundo y espera un nuevo crecimiento para 2018. Gentileza / Fórmula Uno

El piloto mexicano Sergio “Checo” Pérez, en silencio, continúa destacándose a los mandos de un modesto pero rendidor Force India. En el pasado Gran Premio de España, llegó en el cuarto lugar sumando su decimoquinta carrera en los puntos de manera consecutiva; y tempranamente a esta altura del campeonato, su reputación empezó a transformarse en una marea que amenaza con “mojar” las costas de los equipos top de la grilla, mientras espera una posible y factible butaca libre con vistas a 2018.

Las estadísticas lo elevarán como el piloto que más puntos ha cosechado en la historia de la Fórmula 1 sin haber conseguido, aún, una sola victoria. Y aunque con sus quince carreras en continuado entre los diez primeros se encuentra lejos del récord que presume Kimi Raikkonen, con 27, tiene un claro mérito lo de Checo, ya que el medio con el que hasta el momento consiguió esta marca, no se corresponde con un auto de punta que en su lógica cuenta con más posibilidades de hacer gala en cuanto a fiabilidades mecánicas.

Pero esta poca inocente estadística muestra, en su doble filo, como conviven dos realidades: el dilema de la copa medio llena o medio vacía. ¿Qué ver entonces? Expuesto lo saliente, queda analizar por qué el mexicano aún no pudo ver la bandera a cuadros antes que el resto.

McLaren, tiempos de enseñanzas

Checo vivió en McLaren situaciones de las cuales nunca pudo asimilar debido a la inmadurez propia de un talento en franco ascenso. “Seguramente estaba listo en términos de velocidad pura, pero no lo estaba en lidiar día a día con un equipo tan complicado, con una guerra interna tremenda”, confesaría. Sus explicaciones posteriores, de los entretelones políticos de la escudería de Woking, hacen justicia y dan crédito de lo sucedido dentro de una coyuntura que se terminó devorando años más tarde al mismísimo Ron Dennis, quién fuera el hacedor fuera de la pista de la grandeza del equipo inglés. Al volante del aquel MP4-28 tuvo resultados discretos. Demasiados. La faena del consagrado Jenson Button apenas resultó superadora. Y si lamentos restan archivar en aquella época, uno de ellos debió ser el hecho de haberle cerrado la puerta tan pronto a un tímido contacto con Stefano Domenicalli, en este entonces director de Ferrari, cuando integraba ese programa de jóvenes promesas de la escudería italiana.

Force India, el bálsamo

El equipo conducido por Vijay Mallya iría al encuentro de los restos que quedaban de Checo, tras su tiznada salida de McLaren. Allí encontró la estabilidad que le permitió cultivar la confianza necesaria. “Sin duda me ayudó a seguir estando muy motivado y sobre todo tranquilo”, diría.

Y sus resultados comenzaron a aflorar con la consistencia que solo la madurez, que suele llegar a pie a todos lados, entrega. Desde 2014 que sus rendimientos se encuentran en franco ascenso, multiplicándose sus unidades año a año, coronando una temporada 2016 siendo séptimo, o dicho de una forma más acertada: siendo el mejor del resto, por fuera de los pilotos de Mercedes, Ferrari y Red Bull.

Aquí y ahora, ¿la nueva oportunidad? Al mismo tiempo, otra vez y de manera creciente, su nombre es el sujeto tácito de muchas versiones, que apuntan y lo señalan como un merecido aspirante a una butaca dentro de un equipo con poderío suficiente al momento de conversar por las victorias. Eso es algo que Checo lo sabe y lo viene construyendo desde el primer instante que puso su pie en Force India. Tal vez su coche no le permita captar todas las miradas los sábados, en la qualy; aunque en carrera ha dado muestras sobradas de que está en el momento justo para tomar el desafío.

“Yo creo que mi ritmo de carrera. Puedo sacar resultados brillantes y conseguir podios con coches que no son tan competitivos para estar allí. Creo que eso es lo que puede ser atractivo para equipos grandes”, declaró tiempo atrás.

Y la pregunta que el mundo se hace es: ¿qué tiene el devaluado e inconstante Kimi Raikkonen, que no tenga el Checo Pérez actual? Hoy la respuesta debería hacerle un giño al mexicano.

El año pasado parecía que la escudería del cavallino rampante le daría las gracias por todo al finlandés, que otrora le diera el último título de pilotos en 2007. Contra todo pronóstico, le terminaron renovando por un año más: éste, el actual. ¿El último? Checo, mientras tanto, coqueteó con Williams y Renault, pero se terminó decantando por su permanencia un año más con Force India. La añoranza de una pronta jubilación de Raikkonen pudo más. Ahora, en silencio, mientras continua esculpiendo sus virtudes y en vistas del discreto papel de Kimi, el propio Checo vuelve a presentarse expectante, al pie del andén. Porque es mentira que, en la vida, el tren pasa sólo una vez.

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