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“Es necesario que se acepte la hermosa realidad que viven”

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padre-dentroLoreley Flores y Alejandra Butticé piensan en el calor y suspiran. Tienen dos hijas de dos meses y dicen que sólo sobreviven a la ola de calor encerradas en una habitación, con el aire acondicionado prendido. Como cualquier familia. Hace tres años que se conocen y esta Navidad fueron partícipes de un hecho histórico: se sentaron a dialogar con el padre Ignacio Periés en su tradicional programa “Huellas de Navidad” de Canal 3. El tema: construir familias. Ese diálogo fue emitido a todo Rosario. Dos parejas más, la de Iván Dortona y Ezequiel Rivero, y la de Martín Peretti Scioli y Oscar Marvich, además de la presencia de Guillermo Lovagnini, completaron el programa. La entrevista llegó en el momento justo, cuando la Iglesia católica resuena fuerte a nivel local y mundial. La pregunta que queda abierta es cuánto repercutirá y hasta dónde llegará el peculiar mensaje de Navidad emitido este año por el padre Ignacio.

Probablemente, los únicos vientos que soplaron este 25 de diciembre fueron los vientos de cambio. Miles de pantallas de televisión, miles de fieles y también de no creyentes vieron cómo el sacerdote Ignacio Periés admitía que la historia de Alejandra y Loreley le había “roto la cabeza”. Aunque el religioso cumplió el papel de entrevistador, durante todo el programa y frente a cada entrevistado se lo vio más bien dispuesto a aprender y entender. La actitud del cura fue llamativa, especialmente cada vez que preguntaba a las parejas si se sentían contenidas o no por la Iglesia. Así, esta Navidad trajo algo especial: un signo concreto de apertura de la grey católica local a las parejas de mismo sexo. “Es un privilegio haber ayudado a dar ese paso”, resumieron Loreley y Alejandra.

“Es necesario que se acepte la hermosa realidad que ustedes viven, para algunos puede ser un shock. A mí me rompió la cabeza”. El padre Ignacio le hablaba a las cámaras –a todos los que estaban viendo el programa– y con esas declaraciones podría resumirse todo lo que pasó el miércoles al mediodía. Frente a él estaban Loreley y Alejandra. A lo largo de media hora y tres parejas, el cura habló de la familia. “En el mundo moderno hay muchos conflictos familiares pero también hay nuevos conceptos familiares. Es lindo cambiar conceptos y dar la posibilidad a que seres humanos vivan con total libertad”, dijo.

Las repercusiones, días después de la entrevista, son más bien positivas. “El padre decidió hacer este programa y que el eje sea la familia moderna y el amor. Fue su elección en busca de la aceptación”, señalaron desde su entorno.

“Nosotras no somos practicantes católicas, es más, yo vengo de una Iglesia Evangélica. Pero nos parece súper-valorable que un representante de la Iglesia nos convoque. Nos va a beneficiar a todos como sociedad y va a aliviar a mucha gente que se siente oprimida, que lo mantiene en secreto o que son rechazados por la familia por cuestiones religiosas. Es un honor. Fue un privilegio estar ahí ayudando a este paso”, dijo Loreley. Ni ella ni Alejandra pensaron alguna vez en ser entrevistadas por un cura. Sin embargo, para ellas es más bien una apertura de una persona que de la religión en sí. “Es valorable porque él convoca multitudes, es como un rockstar y colabora a que la gente se abra. Todavía hay parte de la sociedad reticente hasta a las leyes mismas. Gracias a actos como el de Ignacio, la gente está más abierta. La discriminación es mucho menor y casi podría decirse que es moda tener amigos gays, ser «gay friendly»”, señaló la pareja.

Las chicas decidieron de manera “espontánea” ir al programa del cura de zona norte. Admitieron haber tenido prejuicio porque no sabían el perfil que iba a tener la entrevista, pero ahora están contentas de haber formado parte de la experiencia. En su caso, las repercusiones fueron buenas. Alejandra y Loreley se conocen desde hace tres años. “Nos cruzamos y empezamos una historia, la de una familia que se forma día a día”, resumieron.

Por medio de un tratamiento de inseminación artificial, ahora tienen dos mellizas de dos meses, que gestó Alejandra. Loreley es madre de dos hijos adolescentes que la acompañaron siempre en su decisión. Hasta hace unos años, Loreley formaba parte de una familia típica y de la comunidad evangélica. No la entendían: “Una vez le conté a una amiga que estaba feliz de que me iba a casar con Ale. Ella me dijo que iba a orar para que no lo haga”.

Loreley afirma que ahora está totalmente desvinculada de la Iglesia. Ella y su esposa no van a bautizar a sus hijas. “El padre Ignacio nos ofreció bautizarlas en su iglesia. Pero nosotras ya decidimos no hacerlo. Nuestras hijas tendrán libertad de elección”.

Huellas y sacudones

Una entrevista como esta sin contexto tal vez no sirva de mucho. Pero el programa “Huellas de Navidad” en el que el padre Ignacio se sentó con parejas homosexuales coincidió con acontecimientos importantes para la Iglesia católica local. Él en persona estuvo con el papa Francisco en el Vaticano, donde se sabe que hablaron de muchos temas, entre otros su futuro en Rosario y su tarea evangelizadora. A la vez coincidió con la polémica que se levantó en la Iglesia local al trascender que el propio papa Francisco envió a un obispo emérito a elaborar un informe sobre situaciones en cuanto a manejo institucional y económico en la órbita del Arzobispado de Rosario.

“Fue riesgo para todos”

“Me pareció algo distinto”. Guillermo Lovagnini es referente de la Asociación Civil Vox y un militante histórico por la igualdad de género. Él también estuvo invitado al programa del padre Ignacio. En abril de 2012 se había cruzado con el curaluego de que éste declarara que la homosexualidad “es un problema psicológico”. “En aquella oportunidad tuvimos una entrevista. El hombre no tiene mala intención y no tiene que rendirme cuentas a mí. La entrevista navideña fue un riesgo para los dos, porque existen muchos fundamentalistas de la religión y de la diversidad sexual que quieren que nos peleemos hasta la caída, como si fuésemos gladiadores”.

Guillermo Lovagnini e Ignacio Peries juntos y dialogando no es una imagen menor. “Este es un momento de abrir caminos, de charlar. Hay gente que dice que no nos podemos sentar con él, que nos discriminó. Yo les diría que en algún momento Stalin se sentó con Hitler. Que no hay que hablar pavadas. Esta entrevista es algo distinto a lo que se ha visto, pocas veces se ve a un sacerdote y un activista por la diversidad sexual sentados de forma amigable, con dos historias diferentes pero charlando”, destacó Lovagnini. Sin desestimar el paso que se llevó adelante esta Navidad, el activista pidió ir más allá, con pasos concretos. “Hay mucha gente que sufre, porque no puede ir a la iglesia, ser creyente plenamente. Gestos son gestos, a todo el mundo le gustan, pero necesitamos hechos concretos. Hay millones de fieles católicos que no tienen consuelo”.

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