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Cuando nació don Miguel Najdorf


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    Miguel Najdorf vino al mundo en Grodzisk Mazowiecki, el viernes 15 de abril de 1910.

“Nací dos veces sin haber pasado por el requisito de la muerte; la primera, al igual que todo el mundo, y la segunda, a los 29 años, cuando llegué a la Argentina”, repetía don Miguel Najdorf, para explicar uno de los capítulos clave de su vida de novela. La historia de un hombre que desafió al tiempo y eludió el infierno; el que nació dos veces y al que la muerte jamás sepultó del todo. El padre del ajedrez argentino, quien nació (por primera vez, según sus palabras) un día como hoy, de 1910.

Su nombre original era Moisés Mendel (Mieczyslaw) Najdorf y vino al mundo en la localidad polaca de Grodzisk Mazowiecki, cerca de Varsovia, el viernes 15 de abril de 1910, en una familia judía.

A los 9 años aprendió a jugar ajedrez con el padre de un amigo, violinista de la Orquesta Filarmónica de Varsovia. A los 14 años comenzó a estudiar con el maestro Akiba Rubinstein y seis años después era Maestro Internacional.

Su tutor fue el gran jugador ruso Savielly Tartakower, a quien llamaba su “maestro” y definió como “un humanista, un fino humorista, un hombre de gran cultura, un ser extraordinario ”.

“Mi familia no veía con buenos ojos que me dedicase al ajedrez. Pero yo me gradué como profesor en matemáticas y logré ser tercer tablero de mi país en 1935”, contó.

En 1936 Najdorf jugó con la selección polaca de ajedrez sus primeras Olimpíadas en Munich, ciudad alemana en una de cuyas cervecerías se había gestado años atrás el movimiento nazi, furiosamente antisemita. Polonia cosechó allí un gran éxito al conquistar la medalla de plata por equipos y Najdorf obtuvo la medalla de oro en su tablero, algo que lo llenó de orgullo por su condición de judío, teniendo en cuenta la ciudad y el país en el que se celebraron dichas Olimpíadas. Muy lejos estaba de sospechar el joven ajedrecista que los nazis se iban a tomar una cruel revancha.

Su segundo nacimiento

En 1939, el estallido de la Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en Buenos Aires, con 29 años, mientras representaba a Polonia como segundo tablero en las VIII Olimpíadas de Ajedrez. El 1º de septiembre la arrolladora maquinaria nazi de Adolf Hitler había invadido Polonia y él para salvar su vida decidió quedarse acá y adoptar la ciudadanía argentina.

Fue una decisión desgarradora: en Polonia se quedó toda su familia, arrastrada por la barbarie nazi primero al horror del gueto de Varsovia y luego al infierno de los campos de exterminio.

Pocos días antes, el llanto del adiós le había nublado en Varsovia las últimas imágenes de sus seres queridos, sin imaginar que jamás volvería a verlos. Eran los rostros de su esposa Genia, su hija Lusia (de 3 años), sus padres Gdalik y Raissa, y sus cuatro hermanos (Jozek, Salek, Merik e Iacha). Al joven Najdorf también le quedó tan sólo el recuerdo de otras casi 300 personas más entre familiares y amigos que pocas semanas después de que él llegara a la Argentina comenzaron a padecer bajo el Holocausto.

En un diabólico enroque del destino, el mismo general nazi Hans Frank, gobernador de Polonia que tres años atrás lo había condecorado con la medalla de oro como primer tablero polaco durante las Olimpíadas de Ajedrez de Munich 1936, fue el responsable del exterminio de toda su familia. Sin un solo atisbo de piedad, él le arrancó de golpe a Miguel todos sus afectos.

“Después de la guerra volví a Polonia donde con la más intensa tristeza y dolor, constaté que había perdido a toda mi familia. Nadie sobrevivió en los campos de concentración nazis; ni mi mujer, ni mi pequeña de tres años, ni mi padre, ni mi madre. También murieron mis cuatro hermanos, mis tíos y mis primos. No me quedó ningún pariente”, contaría Najdorf con profundo dolor.

“Por eso, cuando el corazón se hizo cicatriz, Najdorf se replanteó la siguiente jugada. «El ajedrez me enseñó a ganar y a perder, pero mi mejor jugada fue quedarme en la Argentina», fue la frase que utilizó para señalar cómo se escapó de los infiernos de Auschwitz y Treblinka”, según señaló en una nota el periodista especializado en ajedrez Carlos Ilardo en La Nación.

Y recorriendo la Argentina como un verdadero buscavidas, gambeteando la miseria y sin conocer el idioma, uno de los primeros lugares donde Miguel Najdorf recibió el cobijo y el afecto necesarios para “nacer de nuevo” fue nada menos que el Club Atlético Newell’s Old Boys de Rosario.

Fue en Newell’s donde Najdorf comenzó a enseñar ajedrez mientras vivía en una improvisada pieza bajo una de las tribunas del estadio del Parque Independencia.

Por eso se hizo hincha de Newell’s. Y aunque su estadía en Rosario no fue muy prolongada, Najdorf nunca se olvidó del club que lo recibió con las puertas abiertas y le tendió una mano fraterna cuando, en la más absoluta soledad y padeciendo el desarraigo, buscaba su lugar en el mundo para poder resurgir de sus cenizas.

Poco a poco Najdorf consiguió alejar de su vida el fantasma de la miseria. Se dedicó a la enseñanza del ajedrez por distintas ciudades del país y más tarde también incursionó en el comercio. Así, y a pesar de que no fue un jugador de ajedrez de tiempo completo –también comenzó a vender seguros– Najdorf se convirtió en uno de los mejores ajedrecistas del mundo en las décadas de 1940 y 1950.

Por sobre todo, se destacó en la modalidad de partidas simultáneas de ajedrez a ciegas. En octubre de 1943 estableció el primer récord mundial de esa especialidad, en la sede del Círculo de Obreros de Rosario, en Entre Ríos al 1200, jugando de espaldas a las piezas contra 40 tableros. Ganó  36, empató con 1 y perdió sólo 3.

Sin embargo, el anterior poseedor del récord, el belga George Koltanowski, quien había jugado 34 simultáneas en Escocia en 1937, alegó que en el lugar no hubo representantes internacionales para verificarlo.

Fue así que, el 25 de enero de 1947, en San Pablo, Brasil, y ante representantes internacionales, Najdorf superó su propio récord mundial al enfrentarse a 45 tableros, de los que venció a 39, hizo tablas con 4 y solamente perdió con 2. Su récord permanece vigente.

La hazaña demostró que Najdorf poseía una memoria prodigiosa, ya que significó retener en su mente 1.440 posiciones, 2.880 escaques y cerca de 1.800 jugadas.

Mientras, logró convertirse en un empresario exitoso con la venta de seguros de vida tras un paso fugaz por Venezuela. Amasó una fortuna, tuvo fe en nuevos sueños y renovada esperanza de amor.

Se casó con Adela y tuvo dos hijas, Mirta y Liliana, que más tarde extendieron la prosapia Najdorf con la llegada de cinco nietos: Facundo, Ezequiel, Alan, Yanina y Gastón. Mientras tanto, sus éxitos en el ajedrez fueron una constante. Se convirtió en el jugador que más veces ganó el campeonato argentino: en ocho oportunidades.

Ícono del ajedrez nacional, Najdorf ganó en total 52 torneos internacionales, entre ellos los de Hungría (1936), Buenos Aires (1941), Amsterdam (1950), Bled (1950), La Habana (1962 y 1964) y Mar del Plata (1961 y 1965).

Participó en varias Olimpíadas de ajedrez representando primero a Polonia y después a la Argentina. En total, Najdorf cosechó 11 medallas olímpicas. Cuatro las ganó como tablero individual: tres medallas de oro (en 1939, 1950 y 1952) y una de plata (1962).

Desde 1950 hasta 1976 defendió los tableros de la Argentina en 11 Olimpíadas y logró tres subcampeonatos olímpicos de ajedrez: en 1950, 1952 y 1954.

En 1970 participó en el encuentro “URSS versus Resto del Mundo”, y empató con el ex campeón mundial Mijaíl Tal (una partida perdida, una ganada y dos tablas). Najdorf también fue rival de 11 campeones mundiales y, entre otros, venció a Mijaíl Botvínnik, Vassily Smyslov, Tigran Petrosian, Mijaíl Tal y Bobby Fischer.

Su juego era creativo y agresivo. La variante Najdorf de la defensa siciliana es llamada así en su honor. Y realizó contribuciones a la teoría y práctica de otras aperturas, como la defensa india de rey.

Su figura adquirió dimensión mundial y traspasó las fronteras del tablero. Fue invitado por personalidades y jugó partidas con el líder soviético Nikita Krushev, el premier británico Winston Churchill, el cubano Fidel Castro, el mariscal Tito de Yugoslavia, el presidente Juan Perón y el guerrillero Ernesto Che Guevara. Una leyenda que Eduardo Siegel recreó en su novela La primera vida de Miguel Najdorf (Maipue, 2016)

Cuando enviudó por segunda vez, don Miguel formó pareja con Rita, su última compañera. El viernes 4 de julio de 1997 la muerte lo sorprendió en Málaga, España, durante uno de sus infinitos viajes. Najdorf dejó un legado que puede resumirse en tres palabras: tenacidad, esfuerzo y pasión.

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