Economía

Panorama económico

Ya sin rodeos: el capitalismo financiero le pone precio a la vida y es urgente la unidad regional como respuesta geopolítica

El pasado lunes, el agua comenzó a cotizar en el Mercado de Futuros de materias primas de los Estados Unidos. El inicio de las cotizaciones, que se reflejarán en las variaciones del índice Nasdaq Veles California Water Index bajo el ticker “NQH2O”, comenzaron con un precio de 486,53 dólares


Rodolfo Pablo Treber

Fundación Pueblos del Sur (*)

Especial para El Ciudadano

El pasado lunes, el agua comenzó a cotizar en el Mercado de Futuros de materias primas de los Estados Unidos. El inicio de las cotizaciones, que se reflejarán en las variaciones del índice Nasdaq Veles California Water Index bajo el ticker “NQH2O”, comenzaron con un precio de 486,53 dólares por acre-pie, una medida de volumen utilizada normalmente en Estados Unidos, equivalente a 1.233 metros cúbicos.

Ante las masivas críticas por la mercantilización del elemento fundamental para la vida de todas las especies del planeta Tierra, desde el centro del poder financiero global, CME Group (Chicago Mercantile Exchange), argumentaron que “el aumento de la competencia, y su puja en la cotización entre oferta y demanda, aportará a realizar las inversiones necesarias para solucionar la escasez del recurso”. A su vez, los grupos financieros locales, que han visto acrecentar sus ganancias de forma extraordinaria los últimos 20 años y nunca invirtieron en el país, ven ilusionados esta iniciativa como una posibilidad de aumentar, y globalizar, su cartera de clientes en uno de los pocos lugares del mundo donde no falta agua dulce. En ese sentido se expresó el gerente de Mercado de Matba–Rofex, Marcelo Comisso.

A contramano de tan promisorias conclusiones, la historia del capitalismo ha demostrado no poder, ni querer, resolver la disputa entre oferta y demanda con procesos de inversión y desarrollo. Por el contrario, las sucesivas guerras físicas, y/o económicas exponen que el método de solución elegido por excelencia, el más rápido y rentable, es la violencia y el imperialismo, con opresión de las potencias económicas sobre los países sometidos, dejando como saldo cada vez mayor concentración de riquezas, pobreza y desigualdad.

A fin de evaluar los riesgos de esta maniobra, resulta relevante mencionar que, aunque en principio sean solo valuaciones meramente financieras, se trata del comienzo de la mercantilización del agua, y tiene como objetivo equipararla con el resto de las materias primas que se comercializan en el mercado. Por lo tanto no es difícil imaginar que en el futuro para apropiarse del agua se utilizaran los mismos métodos que se emplean actualmente con el petróleo (Medio Oriente, Venezuela), el Gas (Nigeria), Litio (Bolivia, Chile y Argentina) y tierras cultivables (Brasil, Paraguay, Argentina). Estos son ni más ni menos que: dictaduras, gobiernos dominados y financiados desde el exterior, invasiones militares, fragmentación territorial, etcétera.

A su vez hay que remarcar que no es casualidad que este suceso se dé en un contexto de reordenamiento y crisis económica mundial. Estados Unidos, la potencia imperial reinante, se ve cada vez más cerca de perder su posición de dominio hegemónica a manos de China, y apelará a cualquier medida para aumentar su poder sobre el resto de los países. Por todo esto, y ante la violencia explícita del capitalismo, nuestros pueblos no pueden ni deben quedarse de manos cruzadas. Es de vital importancia transitar el camino de la unidad regional en pos de conseguir la fuerza requerida para proteger nuestros recursos naturales.

En la vereda opuesta a la necesaria comunión latinoamericana se encuentran los grandes beneficiados de este sistema, aturdiendo, dividiendo y confundiendo a los pueblos a través de una permanente propaganda en sus medios hegemónicos. Nos quieren divididos, separados y enfrentados porque saben que uno por uno somos más fáciles de dominar, unidos es imposible. Con el claro objetivo de proteger sus espurios privilegios y conservar el injusto orden establecido, inoculan que los motivos de las luchas históricas de los pueblos de la Patria Grande del Caribe y América de Sur son anacrónicos. Dicen que San Martín, Bolivar, Perón, Fidel, Evita, Chávez, Allende, Túpac Amaru y el Che pasaron de moda, que son luchas de otras épocas, sobre conflictos ya saldados. A contramano de tan absurdo y atroz razonamiento, la realidad muestra que el origen del sufrimiento y pobreza de nuestros pueblos sigue siendo la opresión externa… Que la contradicción fundamental del aquí y ahora es dominación imperial contra Patrias y Pueblos libres… que la causa fue, y es, liberación o dependencia… Que sus fundamentos y banderas colectivas no sólo permanecen vigentes: cada vez son más urgentes y necesarias.

Sin lugar a dudas, no es sólo la región la que requiere un cambio de paradigma, sino el mundo entero, en defensa propia, de la especie y el mismo planeta. Pero esa transformación de algún lado debe nacer, y esperar que surja de los países responsables de las prácticas imperialistas, las guerras y la desigualdad, es de una inocencia que no nos podemos permitir.

En este sentido, si nos damos la libertad de espiar el futuro por una hendija diferente a las que nos ordenan, podremos ver e imaginar el enorme potencial de una Patria Grande unida. Las características complementarias de sus economías y recursos naturales actuando en conjunto, abren la posibilidad de un desarrollo explosivo para sus Pueblos. Todo aquello que hoy separados nos debilita en beneficio del opresor, unidos nos fortalece y libera.

A modo de ejemplo, si YPF, Petrobras, Pemex, Ancap, PDVSA, YPFB y otras petroleras estatales se unen en una misma estrategia regional, su poder y diversidad de producción se potencia al primer nivel mundial. Planificando industrialmente el abastecimiento de sus insumos, agregarían valor técnico e industrial a su producción primaria… El mismo factor de escala se podría alcanzar para la producción de alimentos, gas, litio, y demás sectores estratégicos.

Imaginemos una sola Nación económica, con capacidades complementarias entre los países, donde la Argentina puede cumplir el rol industrializante si recupera la tradición exitosa de sus empresas estatales como modelo replicante para los Pueblos hermanos. Autoabasteciéndose en salud y educación (Cuba), alimentándose a partir de la Pampa Húmeda y superficies cultivables sumadas a su extensa plataforma marítima, con más de un siglo de abundante petróleo por delante (Venezuela), bendecida por el mayor acuífero dulce del planeta (Paraguay, Brasil, Argentina), la mayor diversidad ecológica del mundo y enormes yacimientos de minerales estratégicos (Bolivia, Perú, Chile, Brasil, Argentina)… Sería demasiado para el actual orden.

Porque lo máximo que el capitalismo, y su mercado global, es capaz de dar es lo que tenemos y no alcanza para todos: el empresario privado alineado a multinacionales, el asistencialismo en reemplazo del trabajo, el consumismo de las clases medias conviviendo con una desigualdad extrema y hambre en tierras de abundancia. Y nada más. Todo accionar político que ponga en discusión esos límites establecidos para esta parte del mundo, es considerado y tratado como anacrónico, violento, antidemocrático o terrorista. Tal como ocurrió con Fidel en Cuba, el subcomandante Marcos en México, Ortega en Nicaragua, Zelaya en Honduras, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia y Lula en Brasil.

A pesar del permanente bombardeo mediático, debemos tomar conciencia colectiva y comprender que al desarrollo económico y social de la Patria Grande, por su abundancia en recursos y posibilidades, le conviene el crecimiento industrial endógeno y asociado en vez de la competencia y los mercados globales. Porque pecaríamos de inocentes si pretendemos librar la batalla con armas enemigas, la vía no puede ser la del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, instituciones todas imperialistas creadas para consolidar el injusto orden actual.

Tenemos que hacer la nuestra, construir un futuro distinto, una nueva hora en donde el mercado, el lucro, la ganancia individual y la competencia violenta sean motivaciones absurdas para la organización de la sociedad. Una nueva época donde el egoísmo y la acumulación capitalista dejen de ser, de una vez y para siempre, el sentido que oriente nuestra existencia.

(*) [email protected] / [email protected]

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