País

#NoNosCallamosMás

Y sí: “Mirá Cómo Nos Ponemos”

Tras la denuncia pública de la actriz Thelma Fardin, las redes sociales se inundaron con historias de mujeres, muchas jóvenes, que fueron obligadas a atravesar situaciones sexuales no consentidas. Con escraches o abusadores anónimos, empezó un desahogo masivo


Luego de la denuncia por violación de Thelma Fardin, respaldada por sus colegas de Actrices Argentinas, contra Juan Darthés, las redes sociales se vieron sacudidas por testimonios de mujeres que relataron haber sido víctimas de acosos, abusos o violaciones. “No nos calla más”, levantaron como una de las banderas las actrices que acompañaron el #MiráCómoNosPonemos, la denuncia en el Multiteatro, en la porteña avenida Corrientes a metros del Obelisco. Y así comenzó a ocurrir: testimonios, acusaciones y relatos a través de las redes sociales se multiplicaron y replicaron hasta transformarse en cascada.

“En 2001, me violaron en el marco de una entradera. Maniatada, vendada, con una pistola en la cabeza, no cansaba de repetirme a mí misma: «Ya pasa, lo importante es salir viva, no hagas nada, hay mucho por vivir todavía». Y tuve suerte de salir viva de ahí”, relató una mujer en la red social Twitter.

Al dar testimonio de lo ocurrido, señaló: “Tenía 31 años, dos títulos universitarios, posgrado en curso, familia, amigos, trabajo. Muchos más recursos que los que tiene la mayoría de las víctimas de violación. Así y todo, se abrió un calvario que aún hoy deja secuelas”.

“Primero, la denuncia policial. Sin contención profesional alguna esperando para la revisación médica, sin ropa interior (secuestrada como prueba) tuve que contarle detalladamente a un oficial lo que había sucedido delante de todo el mundo”, indicó, al tiempo que cuestionó “el tratamiento médico”.

“Llegar al hospital. Volver a contar lo que había sucedido. Recibir los primeros pasos del protocolo de atención. Iniciar preventivo de HIV y sostenerlo un año. Cada control, explicar otra vez lo que había pasado”, relató.

Señaló también: “Pude salir adelante. Tuve ayuda profesional, apoyo y contención. Seguí con mi carrera, tuve hijos. No volví a hablar del tema, casi como si no hubiera pasado. Pero no. Está ahí. Cada tanto vuelve y pasa factura. Varias cosas cambiaron desde 2001. Se avanzó en materia de políticas públicas y en concientización s/problemática de género. Todavía queda un camino enorme hasta remover las estructuras profundas de este tipo de violencias, las secuelas que deja y el acompañamiento a las víctimas”, subrayó.

Otra mujer relató que su tío abusó de ella cuando tenía seis años. “Seis años después pude contárselo a mi mamá y recién este año me animé a hacerlo público”, compartió.

“Actualmente tiene una hija con quien fue su hija el último tiempo que abusó de mí y tengo miedo”, confesó la mujer.

Otra usuaria dio sacó a luz su padecimiento. “A los 13 años me violaron, lo hablé con muy pocas personas porque no me gusta tocar el tema, me encantaría poder contar lo que pasó con detalles y con quién, pero el tipo éste está loco y me da muchísimo miedo que me haga algo a mí o a mi familia. Él sabe muy bien lo que pasó porque me lo volví a cruzar en un boliche y me dijo «Quedaste retraumada por lo que pasó entre nosotros. ¿Vos no querías, no?”.

Y completa: “Este pendejo si lo lee sabe que es para él, y con eso ya me alcanza. Y cada vez que alguien me pregunta cómo fue mi primera vez yo sufro porque por mala suerte no fue con la persona que yo quise, dije que no y no respetaron mi decisión. En ese momento yo no me había dado cuenta lo grave que fue, pero ahora que soy más grande entiendo perfectamente lo que pasó y gracias a que todas salieron a hablar, mínimamente puedo contar esto que no lo hablé con casi nadie por miedo y vergüenza”.

Una tercera apuntó: “Valentino Casarín es un machito abusador y misógino. Me maltrató con insultos como puta, regalada, fácil, durante el tiempo que anduvimos juntos. Me hacía escenas de celos por cualquier cosa echándome la culpa a mí de todo. Cuando hablábamos por teléfono yo lloraba y él sólo se reía, disfrutaba de eso. Quiso meterme la mano adentro del pantalón y como me negué se enojó”.

Y continuó: “Cuando quise ponerle fin a esto me manipuló, me mandaba fotos llorando y jurándome cambiar. Le di otra oportunidad pero fue igual, me insultaba con mi físico, me decía que no servía para nada porque no quería una relación con él. Era una violencia verbal y psicológica constante. Después de semanas bancándome esto logré dejarlo. Él se puso de novio y las cosas entre nosotros quedaron bien. Una noche me lo crucé en el boliche Russ donde trabajaba. Con la excusa de buscar agua en la cocina del boliche me llevó al baño y me encerró. Chapamos pero yo no quería nada más, sólo irme. Me obligó a practicarle sexo oral, yo le decía que no llorando. Le dije que pensara en su novia pero no le importaba. Me senté a llorar en el inodoro y él me acabó en la boca. Me dijo que no contara nada, que quedaba entre nosotros. Esa noche a las 5 de la mañana les habló a mis amigas diciéndoles que yo estaba muy alcoholizada, lo cual era mentira porque yo estaba sobria. Quería quitarme credibilidad a mí. Me habló muchísimas veces pidiéndome «arreglar las cosas» pero la realidad es que quería sentirse menos culpable y asegurarse de que yo no hablara”.

“Él sigue su vida como si nada después de haberme maltratado de todas las formas posibles. No hay un solo día que no me acuerde y sienta asco. No me callo más”, cerró su triste relato la usuaria.

Los relatos por Twitter se fueron acumulando, probablemente escritos de un tirón y publicados como fotos para superar la limitación de palabras de la red social. A veces sin título y otras con palabras que reflejan amargura y dolor: “Con mucho miedo y sentimientos encontrados, decido contar lo que fue el peor día de mi vida”, dice una usuaria que continúa con tres imágenes del texto que hasta ahora venía callando.

Los relatos, muchos de chicas adolescentes o muy jóvenes, atraviesan por la misma situación: la indefensión, tras la violenta determinación de quienes están con ellas, de no respetar sus “No”.

Y como conclusión, todos atraviesan una coincidencia característica: no hay atisbo de culpabilidad en ellos.

Así también lo deja ver otro tuit,  señalar la identidad del victimario, de la vedette cordobesa Mariana “Loly” Antoniale: “Aunque me humillaste y seguías abusándote de mí, me levanté! Tuve el coraje de perderlo todo y comenzar nuevamente! Algún día te van a soltar la mano”, le habla en parte de su escrito a quien, por ahora, sigue anónimo.

 

Cien escraches en Paraná, uno más en Rosario

Alrededor de un centenar de jóvenes de entre 18 y 28 años de la ciudad de Paraná fueron denunciados como “abusadores” en una serie de relatos volcados a las redes sociales por quienes dicen haber sido sus víctimas. Como otro de los impactos de la denuncia de Thelma Fardin, ellas expusieron en especial a ex novios y hombres con los que tuvieron algún tipo de vínculo pero que “no entendieron que no es no”, y las forzaron, en muchos casos apelando a la violencia física.

Sólo matices diferencian las situaciones denunciadas por decenas de mujeres, especialmente en su etapa de adolescencia. Según el sitio El Once, una joven confeccionó una lista con nombres de los “acusados” de distintos acosos y abusos.

Y a nivel local, el sitio Rosario3.com publicó el caso de una ex alumna del colegio La Salle quien hizo una acusación pública, respaldada con imágenes, contra un docente, por el diálogo que mantuvo con ella cuando era capitana del equipo de gimnasia. Ella hoy tiene 21 años, pero cuando tenía 14 un profesor de gimnasia le enviaba mensajes de texto que dan cuenta de una relación desigual, en la que él le escribía que se comentaba que tenía “una novia nueva de 14 de años” o que le habían contado que ella estaba “usando bastante” la lengua en los boliches, entre otras frases. Al volver a leer ese contenido años después, la joven fue a la escuela a contarlo. Y, como no hubo respuesta institucional, lo hizo público: “Hoy con 21 años me doy cuenta que le puede estar pasando a más alumnas, y no lo voy a permitir”.

 

 

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