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Cómo enfrentar una enfermedad desconocida

Vida en Pausa: una novela que cuenta el camino de una joven a la que le diagnostican cáncer

Para la autora, en ese momento su vida entró en pausa durante un año y medio, entre diagnósticos y tratamientos. En 2017 es dada de alta y retoma lo que ella nombra como “vida normal”. En el 2020 comienza la pandemia, y allí es cuando decide escribir la novela


Antonella Carovana tenía 24 cuando le diagnosticaron un cáncer linfático. Han pasado 5 años y un libro desde entonces. Vida en Pausa es una novela basada en esa experiencia personal con la enfermedad. Editada por la editorial Autores de Argentina, la obra tiene como premisa acompañar el camino de una joven que ve su vida interrumpida al tener que atravesar un terreno totalmente desconocido.

“Me había ido a hacer un voluntariado a Brasil durante un año y medio. Allá no tuve ningún síntoma. Cuando volví me empezó a picar todo el cuerpo. Empecé a hacerme estudios porque era una picazón extrema, estuve seis meses, pasé como por 18 médicos. En el último descubrieron que podía ser un tipo de cáncer que daba ese tipo de síntoma, un cáncer linfático”, cuenta Antonella Carovana, quien se nomina como “sobreviviente del cáncer”.

Para la autora, en ese momento su vida entró en pausa durante un año y medio, entre diagnósticos y tratamientos. En 2017 es dada de alta y retoma lo que ella nombra como “vida normal”. En el 2020 comienza la pandemia, y allí es cuando decide escribir la novela. “Lo tomé de mi diario personal pero le di un tono novelesco. Siempre me gustó leer y escribir. Yo veía las cosas por el ‘lado positivo’, la vida es hermosa y eso, pero con el cáncer me di cuenta de que había muchas cosas abrumadoras que tenía que procesar”, expresa Carovana.

“Primero quise hacerlo para descargar, pero después la primera persona que lo lee, que no me conocía, se contactó conmigo. Había enviudado hacía poquito. Me dijo que ella también había sentido que un momento de su vida estuvo en pausa”, narra la joven escritora y agrega: “Otra mujer que había tenido un chiquito que había fallecido me dijo lo mismo y me di cuenta de que no era tan específico el libro”.

El título de la obra proviene de aquella sensación de inmovilidad. Define Carovana: “Le puse Vida en Pausa porque es lo que sentía que me pasaba. No podía estudiar, mis amigas seguían y se recibían. No podía trabajar porque no tenía energía, dependía de mis viejos, volví a su casa. Todos progresaban y yo estaba en el hospital de sala en espera en sala de espera, siempre siendo paciente”.

Ante el diagnóstico primero vino la incertidumbre y el desconocimiento sobre lo que le esperaba. “No sabíamos nada, entonces fue pagar consultas, ir escuchando. Muchas recetas en las manos, este médico para esto, este para esto otro. Porque encima ante la voz médica uno queda vulnerable porque no sabe y hace caso. Después fue mejorando, un contacto acá y recomendaciones, fue más llevadero”, detalla la autora.

 

“No quiero ser un ejemplo del cáncer, pero sí mostrar por ahí lo que la mayoría pasamos y no contamos. Abrumaba más el no saber actuar o comunicarse de las personas. Por ejemplo, yo quería estar sola o con mi mamá y todo el mundo que hacía años no venía me llamaba y me quería visitar. En los grupos de autoayuda se dice que se quieren despedir. Yo no quería que me despidieran, solo quería dormir, pasar los efectos de la quimio”, explica con humor. En el libro es el tono que le quiso dar a tales situaciones, pero sostiene que en su momento “en realidad le dolían”.

Para Carovana, haber volcado sobre papel todas las anécdotas le sirvió para procesar aquello que iba ocurriendo, como una manera de poder explicar y poner sobre la mesa cómo se sentía ante ciertas formas de acercarse de los otros.

“En un momento empezaron a pedir el libro en algunos hospitales y me preguntaban si podía leerlo el paciente o el familiar. La verdad que a mi me hubiese encantado leer algo así, porque yo no sabía qué venía, la quimio, el tiempo, la burocracia. Pero dije, tal vez para la familia sea mejor, porque a veces no saben cómo acompañar aunque tengas la mejor de las intenciones. No saben qué decir. A mi me han dicho ‘ay qué tragedia lo tuyo, qué espanto, lo lamento mucho’ como si estuviésemos en un velorio”, observa.

 

En la misma línea, añade: “La primera vez que me animé a publicar en Facebook una foto mía con el turbante sonriendo, la gente ponía ‘no hace falta que sonrías, no hace falta que finjas’. Esos comentarios me costaban, soy más que el cáncer”.

El libro se publicó en marzo del 2021, en la editorial Autores de Argentina. A lo largo de la obra la autora narra, junto a la suya, la historia de su amiga Eugenia, diagnosticada con cáncer de útero. Misma enfermedad pero experiencias paralelas antitéticas. La diferencia principal radicaba en que Carovana contaba con obra social y su amiga no.

“El ejemplo del libro es ella. La forma en que Eugenia tenía de vivir el cáncer. Ella no lo superó pero vivía siempre al 100%, quería mostrar eso. Yo no me daba cuenta que Eugenia estaba tan mal. Ella no comía y yo comía, ella estaba en un hospital de Rosario sin mosquitero, con las ventanas rotas, todo mal trecho, y yo tenía ventanitas arriba en los tomógrafos con un paisaje divino. Yo tenía que esperar una semana de turno en turno y a ella le daban un mes y medio, no tuvo tantas posibilidades para cuando la atendieron. Mucha diferencia entre las dos. Yo tenía un grupo de apoyo grande y ella no. La vida de ella también estaba en pausa pero sin embargo la veía de otra manera, la disfrutaba”, sostiene la escritora.

Al mismo tiempo que se publicaba el libro, a Antonella Carovana le encuentran un pequeño tumor en el ovario, un teratoma. “Volví a pasar otra cirugía. Pensé ‘acabo de publicar un libro, esta prueba la había superado’, ya había aprendido todo”, cuenta.

La autora explica que el segundo diagnóstico se le presentó como una experiencia más odiosa. Puntualiza: “Ya había tenido muchas mujeres, amigas fallecidas, ya estaba más abrumada. Sentía que mi vida no solamente estaba pausada sino que estaba en cuotas, porque vos tenés desde el alta hasta el próximo estudio tres meses, aunque después se va extendiendo. Siempre estás ahí. Por suerte este tumor pudieron sacarlo todo y no tuve que hacer tratamiento”.

“Se comunicó gente primero con un poco de miedo preguntándome ‘hola, tengo cáncer ¿yo lo puedo leer?’, ‘tengo una sobrina con cáncer, ¿lo puedo leer?’. Después cuando lo leían me contaban sus experiencias. Yo pensé que lo iban a leer mis amigos y punto, bienvenido sea que el libro nos haya conectado de esa manera”, menciona la joven autora en relación a las numerosas personas que se acercaron a causa de su libro.

Y concluye: “Hay muchas maneras de vivir el cáncer. Esta fue la mía, volqué en el libro mi forma de verlo con mucho respeto”.

 

 

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