Edición Impresa, Espectáculos

Viaje íntimo de una actriz sin máscara

Mercedes Morán habla de su unipersonal “¡Ay, amor divino!”

Dirigido por Claudio Tolcachir. Este viernes, a partir de las 21.30, en la sala municipal La Comedia, de Mitre y Ricardone


Una mujer repasa en su memoria, se detiene en los recodos de los lugares íntimos, mira con nostalgia la patria de la infancia, aclara y al mismo tiempo pone en tensión ese recorrido, hurga en los encuentros y los desencuentros, en las instancias y en los lugares, y al final de cuentas se queda con lo más importante, el amor.

Dispuesta a correrse de la máscara que ofrece siempre un personaje, y hasta quizás de un lugar que suele garantizar cierta comodidad, la actriz Mercedes Morán hizo un salto al vacío al estrenar este año en la cartelera porteña ¡Ay, amor divino!, espectáculo que la encuentra sola en escena y con el que este viernes, a las 21.30, desembarcará en La Comedia (Mitre y Ricardone), para cerrar un breve recorrido nacional, antes de su desembarco en España durante diciembre.

“Es un espectáculo difícil de definir. Ludovica Squirru, con la que fuimos compañeras cuando empezamos a estudiar teatro siendo muy chicas, lo vio en Buenos Aires y me dijo: «¡Qué constelación te mandaste, Mecha!», y es una manera linda de definirlo, hablar de una constelación. Ante todo, me da mucho placer hacer este espectáculo, dado que como actriz sucede esa cosa mágica que en lo personal me permite reírme de aquellas cosas que antes me hicieron sufrir, al mismo tiempo que se revela algo nuevo. Entonces, puedo decir que cumplo con la función del teatro y no sólo para mí sino también para el espectador: este viaje que yo emprendo cuando empiezo a evocar momentos de mi historia y de mi vida es, en realidad, una excusa para que los que estén en la platea partan con destino a sus propios viajes”, relató Morán, que para este bello y al mismo tiempo divertido y nostálgico recorrido convocó a Claudio Tolcachir, un compañero de lujo desde la dirección.

“Nunca tuve la intención de hacer una descripción de mi vida y mucho menos de mi carrera; busqué compartir experiencias con las que cualquiera puede empatizar, porque lo que me pasó a mí no tiene nada de extraordinario, pero sí buscamos que la gente también pueda viajar y salir modificada; me interesaba que en la platea se despertaran recuerdos, esa parte de la memoria que quizás está algo dormida”, detalló Morán, al tiempo que agregó: “Yo hago todo esto atravesada por el humor, porque además no me puedo desprender de él, lo llevo en mi naturaleza. De hecho, el humor es un instrumento fantástico para poder acceder a muchos universos. De todos modos, hay muchos momentos conmovedores con los que el público también se siente muy identificado”.

Respecto de aquellas cosas de la vida que se vuelven esenciales y en alusión al título del espectáculo, la actriz, de vasta trayectoria teatral y sobre todo televisiva, sentenció: “Definitivamente, el amor es lo más importante de la vida; cuando me puse a escribir esta serie de historias y de cuentos acerca de mi recorrido, empecé con la infancia, un momento y un espacio que me retuvo como nos pasa a todos, y en ese devenir hasta el presente me encontré con que todos esos momentos aparecían atravesados por el amor en sus distintas manifestaciones. El amor de una nena hija de una mamá extremadamente católica, el amor a mi padre y a mis hermanos, el amor a mi tierra o al pueblo en el que nací, el primer enamoramiento, el primer amor de la televisión, el amor por la actuación; siempre me encuentro hablando del amor que, como nos pasa a todos, atraviesa toda mi vida, en algunos momentos para hundirme y en otros para rescatarme. Todo está planteado así, sin ninguna solemnidad y sin bajar ninguna línea; fue una necesidad que tuve, y es algo de lo que ahora me doy cuenta: lo que estaba buscando era correr ese límite de la cuarta pared para poder establecer con el público un vínculo más profundo”.

Los hechos políticos

“Todo, en definitiva, es un hecho político, sobre todo en el teatro, pero también en la vida”, sentenció la actriz acerca de su decisión de enfrentar al público sin la protección que puede implicar un personaje. Y completó: “Necesitaba mostrarme yo de una manera muy honesta, sin vueltas ni especulaciones. De hecho, empiezo diciendo el día en que nací, por lo tanto ya estoy desobedeciendo la lógica de la actriz que no dice su edad. Y por supuesto, en todos estos años que recorro, aparece el marco histórico, y mi juventud y la militancia o la dictadura, porque son cincuenta y pico de años para atrás. Soy siempre yo que estoy ahí, navegando por esas aguas, y ahora entiendo que lo hice para poder, de algún modo, contestarme la pregunta de por qué soy la persona que soy, que piensa, siente y tiene opiniones respecto de algunas cosas. Además, amigarse con la persona que uno es permite mirar al futuro, incluso para poder salir de ese lugar que en lo personal me asusta tanto y que asegura que todo tiempo pasado fue mejor. Quedarse en ese pasado te instala en una melancolía, en un pesimismo y en una descalificación para todo lo que viene, que se puede volver insoportable”.

De regreso al cine

“Voy a estar en Rosario al mismo tiempo que se estrene Neruda en Mar del Plata”, dijo la actriz acerca del elogiado film que abre hoy la muestra internacional y que repasa un momento singular de la vida del poeta chileno. En la película, que participó, entre otros, del Festival de Cine de Cannes, y que lleva la firma del talentoso Pablo Larraín, Morán, que en el cine brilló en films de Lucrecia Martel como La Ciénaga o La niña santa, encarna a Delia del Carril, la segunda esposa de Neruda, intelectual argentina que fue quien lo insertó en el mundo cultural comunista, presentándole al poeta andaluz Federico García Lorca y al pintor malagueño Pablo Picasso.

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