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“Ustedes están aquí por pobres y peronistas”

Por: Roberto Rosúa

Aquella mañana, muy temprano, salí desde Rosario hacia Santa Fe. Escuchaba los informativos y por ellos me enteré que se estaban produciendo algunas rebeliones o sublevaciones en cárceles y alcaidías que alojaban a presos comunes. Los detenidos políticos habían recuperado la libertad a partir de la decisión del gobierno nacional del día 25 de mayo de 1973. Se dispuso en la provincia una rápida revisión de los detenidos para confirmar la existencia de presos políticos y disponer su libertad en correspondencia con la resolución del Poder Ejecutivo nacional.

Por la red policial, me comuniqué con la Jefatura de Policía, que confirmó las noticias. En Rosario se habían producido varios incidentes y estaba en curso un complejo acto de sublevaciones. En la Alcaidía Central de la Jefatura (Santa Fe 1950), en la Alcaidía o Cárcel de Mujeres que administraba la Congregación del Buen Pastor, en la Unidad Penitenciaria Nº 3 (ex Cárcel de Encausados) de calle Zeballos al 2700 dependiente del Servicio Penitenciario provincial. No eran mejores la noticias e informes de la ciudad de Santa Fe: sublevación en la cárcel de Las Flores (Santa Fe) y en Coronda, que alojaba el mayor número de presos. En Vera, se había iniciado una protesta en la Alcaidía de la Unidad Regional de Policía. Volví a Rosario (me encontraba a pocos kilómetros)) y de inmediato intervine en la situación de la Alcaidía Central. Hubo negociaciones, algunas a viva voz a través de patios y ventanas y luego de algunas promesas y algunas concreciones, tales como la atención médica inmediata de los heridos, la descongestión de la población con traslados a comisarías y la publicación y difusión por radio de un comunicado de reclamos (a lo que se oponía el juez actuante, Dr. Iturraspe –el mismo que me indagaría, dos años después, como juez al servicio del Proceso Militar).

Conocí a la directora de la Orden del Buen Pastor, la madre Blanca, una joven monja, inteligente y hermosa –nacida en Uruguay– que rogaba que le sacáramos las detenidas y liberáramos a su establecimiento de la obligación contraída con la provincia. Mantuvimos con ella –y su congregación– una muy fluida relación institucional e incluso, en el plano personal, de modo que más o menos tres años después, en Montevideo, recibí de la congregación solidaridad y apoyo cuando estaba en camino del exilio.

Durante todo el día, atendí la situación de Rosario, Santa Fe y Coronda, en forma personal, logrando la normalización. Vera tuvo algún ribete especial, como cuando, hablando con los detenidos, en un momento me encontré solo en el patio, rodeado de los presos que reclamaban por mejoras en la comida y las condiciones de alojamiento. Una difícil conversación en un clima de máxima tensión y con riesgo de sufrir agresión o caer en situación de rehén fue hilvanado la lista de reclamos y, entre otras, el señalamiento concreto del funcionario policial que los martirizaba. Inmediatamente removido, se facilitó la solución.

Esas sublevaciones, que se repitieron a lo largo de todo el país, fueron consecuencia de la liberación de los presos políticos, ya que los comunes reclamaban igual tratamiento.

Este sucinto relato me sirve para recordar aquí la intervención del vicegobernador, Eduardo Cuello, procedente del movimiento gremial –ya que era dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica–. Cuello se presentó en la cárcel de Las Flores, en Santa Fe, y alentó la sublevación con un encendido discurso, cuya frase definitoria recuerdo: “Ustedes están aquí por pobres y peronistas”. Es fácil imaginar la reacción, el desbande hacia la calle cruzando patios y saltando alambradas. La reacción profesional del Servicio Penitenciario evitó la fuga y permitió restablecer el orden.

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