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Una vida que cambió y tuvo el sabor del chocolate

Por: Santiago Baraldi. Perdió todo y empezó de nuevo. Hoy es una microemprendedora que no para de crecer.

Marta Garello era maestra de dibujo y pintura en Arequito. Su marido tenía campo, cosechadoras, tractores, un buen pasar económico, cada año cambiaban el auto. Pero todo se derrumbó. Un día descubrió que su marido tenía otra familia en el norte, donde se iba en época de cosecha a trabajar. El hombre no sólo no se iba del hogar, sino que golpeaba a Marta. La mujer intentó suicidarse en dos oportunidades: “Me sentía un estorbo, cómo que era culpable de todo lo que me pasaba”, relata la mujer, que incluso, de joven fue abusada por su abuelo. Ni siquiera sus tres hijos eran motivo para seguir adelante. Tomó veneno para ratas y la encontraron tirada en el baño, la internaron y cuando despertó “se me abrió la mente, tenía a mi hijo, el del medio, mirándome y ahí tomé noción de la barbaridad que estaba haciendo”.

Esta historia lleva más de 20 años. Marta, finalmente, pudo desvincularse de su marido y salir adelante con un microemprendimiento: la chocolatería. Realizó primero un curso de repostería y luego de bombonería. Hoy, produce chocolates para celíacos y diabéticos, además de los tradicionales gracias al asesoramiento, financiamiento y habilitación que desde la provincia obtuvo de los programas de Economía Solidaria. Generar sus propios ingresos le sirvió para poder despegarse de un pasado triste. Al sinsabor lo reemplazó con la inmensa variedad de bombones de chocolate.

— ¿Su testimonio de vida ayudó a otras mujeres?

— Totalmente. Después de todo lo que me pasó en la vida pude salir sin ayuda psiquiátrica ni psicológica. Voluntad y pensar en mis hijos. No fue fácil, las mujeres golpeadas tienden a relativizar y perdonar al golpeador. Yo a mi marido lo seguía amando incluso cuando él se fue con su otra familia que tenía en Rosario de la Frontera, en Salta. Una vez me vine a Rosario, me fui a la Fluvial y me paré como para tirarme al río y no pude. Algo me detuvo, lo mismo que cuando tomé veneno para ratas, ahí es como que cuando desperté tomé conciencia. Me dije, “tengo que salir”. He dado testimonio, incluso cuando ha venido el padre Darío Betancourt y comencé a ayudar a gente que ha pasado por situaciones similares para ayudar.

— ¿Cómo fue que se dedicó a trabajar el chocolate?

— Un día vi que enseñaban repostería e hice un curso durante dos años y luego el curso de chocolatería. No tenía plata, logré que no me remataran la casa, perdimos todo lo que tenía. Comencé de cero. Un año comiendo tortilla de papas y zapallitos con mis hijos. Me largué primero con los huevos de pascua, llegué a hacer 700. Luego trabajé en una fábrica de repostería cinco años, pero las ganancias eran mínimas. Hace 16 años que me independicé. Dormía entre las siete de la mañana hasta el mediodía y arrancaba a trabajar hasta el día siguiente sin parar, tuve varias veces yeso en el brazo de tanto decorar, a medida que trabajaba vendía mucho, huevos grandes por encargo a negocios que luego los venden o rifan, hacía guías de flores, pintadas a mano, con hojas en chocolate, conejos con canastos, con todos los detalles.

— ¿Con este emprendimiento cuánta gente trabaja y que productos venden?

— Gracias a la provincia desde estas pascuas estamos en un nuevo edificio, donde trabajan conmigo cuatro personas más. Y voy a capacitar a otras dos más en decoración. Además de la chocolatería habitual, hacemos chocolates para celíacos y diabéticos, libre de gluten. Preparamos chocolates común, semi amargo, blanco, bombones de todo tipo, 40 sabores, barras rellenas, en rama, tipo marroc, chupetines…

— ¿Tiene algún tipo de cuidado especial producir para celíacos?

— Tenemos cuidados especiales,  los moldes, cucharas, tenedores, cuchillos, espátulas, ollas, pinceles, tablas forradas en papel manteca donde se manipula el chocolate. Todo tiene que estar perfectamente limpio para evitar inconvenientes. Obviamente se trabaja con barbijo, delantales, guantes…Por ejemplo, se pelan las almendras, se las secan, se preparan el almíbar, a las pasas de uva se las macera en ron, todo lleva su tiempo, los dulces de frutilla dietéticos…

— ¿Usted tiene algún bombón preferido?

— El que más me gusta es uno que hacemos con licor baylis. Pero mi mano derecha, Mabel, es la catadora, es quien prueba todo, esté frío o caliente. Al chocolate lo terminamos aspirando…

— ¿Dónde compra el chocolate y cuántos kilos producen?

— Lo compramos en Rosario y producimos en Pascua, por ejemplo,  más de mil kilos de chocolate, aparte del chocolate con leche, chocolate blanco o semi amargo.

— ¿Hay posibilidades de vender en la provincia o exportar?

— Por suerte tenemos mucho trabajo y estamos tratando de abrir el mercado en los diabéticos por ejemplo. En agosto hay un congreso importante en Rosario y nos invitaron a traer nuestros productos para que los conozcan. Incluso, el año pasado nos invitaron a Italia; a una Feria de comida sana que se realizó en Bologna. Hubo unos 1.200 expositores de todo el mundo con distintos productos, y nuestros bombones y chocolates fueron un éxito. Me quieren encargar cantidades y todavía no tenemos la infraestructura para producir en cantidades como para enviar en contenedores. Tuve oportunidad de contar mi historia a la presidenta Cristina Kirchner…

— ¿Cómo llegó a ella?

— Dirigentes justicialistas de Arequito viajaron para la Pascua pasada a reunirse con ella, para pedir por unos fondos para un hospital que necesitaba de tomógrafos y equipos de rayos. Me vinieron a decir que le querían llevar algún regalo y si me animaba a preparar algo. Le hice un huevo de pascua enorme, con bombones adentro y  una carta también. Le contaba mi historia, que tenía un microemprendimiento dado por la provincia que estaba haciendo el edificio, que participaba en exposiciones…

— Las exposiciones sirven para que la conozcan…

— Es así. Vamos con todo lo que producimos, lo hacemos degustar, también llevamos folletería. Estuve en Agroactiva y una mujer diabética que compraba  Felfort  (en referencia al chocolate sin azúcar) me dijo que los míos eran más ricos y me terminó encargando. Entre el 4 y el 7 de agosto nos vamos a Rafaela y a fin de mes a Venado Tuerto. El trabajo no solo me liberó, me dignificó.

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