Cultura, Espectáculos

Paseo cultural urbano

Una ruta literaria para corporalizar la escritura rosarina

Los escritores Lilian Neuman y Eugenio Previgliano invitan cada sábado por la mañana a ser parte de una caminata por zonas céntricas de la ciudad que van siendo ilustradas a partir de los relatos de un puñado de escritores locales, de los que los mismos guías dan detalles


Pau Turina / Especial para El Ciudadano

El sábado previo a las elecciones –10 de agosto– amaneció frío pero soleado. El ritmo es tranquilo en el cruce de las peatonales San Martín y Córdoba. Pasa lo mismo en el Pasaje Pam, ese lugar en el que sentimos que nos trasladamos a otro tiempo y espacio. En el pasaje sólo se escuchan algunos murmullos de personas que transitan y un hombre sentado tocando el piano que musicaliza la mañana. Esa persona es Eugenio Previgliano, escritor y organizador junto a Lilian Neuman de la “Ruta Literaria de Rosario”. Desde hace dos años realizan este recorrido en el que rescatan lugares típicos de la ciudad y los conectan con la escritura de rosarinos y rosarinas de distintas generaciones. La idea surgió de Neuman que desde 1991 vive en Barcelona y comenzó hace cinco a llevarla a cabo en esa ciudad. ¿Si la realizaba en la ciudad en la que vive, cómo no hacerla en la ciudad donde vivió tantos años y ama tanto? De esta manera, invitó a Eugenio que sí vive en la ciudad actualmente, a que juntos armaran este trayecto.

Mapa de Rosario

Los asistentes van llegando al punto de encuentro mate en mano, caras de dormidos, abrigados y curiosos por la propuesta. Eugenio y Lilian entregan el mapa con los distintos puntos del recorrido, y enseguida comenzamos a sentirnos turistas en nuestra propia ciudad. ¿O cuántas veces podemos decir que tuvimos un mapa de Rosario para saber cómo recorrerla?

A las once en punto Eugenio y Lilian se colocan los micrófonos inalámbricos que permitirán que escuchemos sus referencias mientras caminamos. Eugenio explica por qué es tan ancho el pasaje, es que en el siglo dieciocho los coches a caballo cruzaban de una calle hacia la otra, como hoy en día lo hacemos a pie, de Córdoba a Santa Fe o viceversa. El pasaje lleva el nombre de quien fue uno de sus dueños, Andrés Pan, de origen gallego que lo dividió en dos, la parte con comercios y la otra con oficinas. En la de las oficinas es donde nos detenemos a mirar que cada una tiene un número, de un lado las pares, las del otro, las impares, como una verdadera calle de Rosario.

Galería angosta

En el libro El agua en los pulmones, su autor Juan Martini nombra una agencia llamada Águila ubicada en una de estas oficinas del Pasaje Pan, en relación a la agencia Cóndor que realmente existía en ese lugar y en la que –cuentan– trabajaba un detective privado que se dedicaba a buscar maridos infieles. En estas páginas, Juan Martini propone un viaje hacia el trasfondo de una ciudad entretejida por mil delitos, como todas. Además, los organizadores sugieren la lectura de los textos del escritor y periodista rosarino Osvaldo Aguirre, en especial el libro Escuela de detectives, en el que también hace referencia a estos personajes tan interesantes. Ascendemos por la escalera de atrás y descendemos por la de adelante. En ese trayecto observamos curiosos cada detalle como si fuese la primera vez que estamos en este lugar. ¿Cuántas veces pasamos por un lugar y no levantamos la mirada? Lilian lee a la escritora Marta Ortiz, que describe al pasaje de la siguiente manera: “Una suerte de galería angosta que cortaba una manzana céntrica de norte a sur, seccionándola, como quien corta una fruta con el filo implacable de un cuchillo en dos mitades idénticas”. También hacen alusión a las crónicas de Jorge Riestra que menciona la idea de “ir al centro” y el significado de lo que implicaba, en otras épocas, trasladarse desde las afueras o las periferias de la ciudad hasta donde estamos ubicados. Al mismo tiempo que escuchamos a Eugenio relatar parte de las crónicas, Lilian nos acerca fotos antiguas de la peatonal Córdoba.

Hacer hablar a los muertos

A la hora de salir a la calle, caminamos por Córdoba, momento en el que se suman otros interesados y que los curiosos miran asombrados a este grupo de personas que hablan en voz alta sobre escritores, lugares y literatura. Esquina Sarmiento y Córdoba: nos detenemos en esta esquina tradicional, miramos el edificio de la ex La Favorita y escuchamos parte de un cuento de Matías Magliano, un joven escritor que editó el libro Desnudo pateando una moto. Continuamos por Córdoba hasta llegar a Entre Ríos, donde ingresamos a la Facultad de Humanidades y Artes. Los pasillos están vacíos en comparación a los días de la semana en los que cursa la mayoría de alumnos. En el hall, los guías hablan sobre Prosopopeyas, la novela de Roberto Retamoso. El escritor se hace presente en el lugar y explica el significado de “las prosopopeyas”: una figura retórica que permite hacer hablar a los muertos. El libro está protagonizado por un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario que quieren conocer la vida y obra de Aldo F. Oliva. Es por eso que estamos en un lugar académico, para repensar la relación entre academia y literatura.

Escritores fundamentales

Buscando el sol, cruzamos Entre Ríos y miramos la vidriera con las novedades de la librería Buchín, en donde escuchamos a una actriz leer parte del libro Chechechela, de Mirko Buchín, reconocido dramaturgo, reeditada hace unos años por UNR Editora. A la segunda escritora mujer que se hace mención en el recorrido es a Beatriz Vignoli, que también se hace presente en la ruta. En la ciudad tenemos el privilegio de caminar y habitar las calles junto a muchos de los escritores y de las escritoras que admiramos. En su libro DAF también el escenario es Rosario. DAF –Deficiente Aptitud Física– era la sigla que equivalía, para los jóvenes argentinos de hace unas décadas, a salvarse del Servicio Militar Obligatorio. DAF era también el nombre del grupo de rock fundado por Dadá, el Droopy y el General, adolescentes atopianos de comienzos de la década del 80. Luego, nos dirigimos hasta Sarmiento entre Santa Fe y Córdoba, donde se ubica el diario La Capital, donde Lilian hace una enumeración de escritores fundamentales para esta ruta literaria local como son  Gary Vila Ortiz, Rafael Ielpi y Osvaldo Aguirre. Además del escenario del bar del diario como lugar de encuentro de grandes personalidades. Al retomar Santa Fe, recién nos detenemos en la esquina con Maipú, donde visualizamos un tradicional local de golosinas. Eugenio cuenta que en ese mismo lugar, hace años, hubo un sitio llamado 20 billares, escenario del libro de Jorge Riestra, Salón de Billares. Para Eugenio y Lilian este es el kilómetro cero de la ruta.

Edificios tradicionales

Retomamos peatonal Córdoba y esta vez, nos detenemos a mirar el edificio del Jockey Club de Rosario, lugar en el que se realizaron ciclos literarios y eventos culturales de la elite rosarina, que no sólo albergó a escritores como Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Láinez sino también que recibió en 1984 al escritor norteamericano Raymond Carver, que luego describió a la ciudad y al río Paraná en uno de sus poemas. Otro edificio tradicional de la ciudad, está ubicado en la esquina de Córdoba y Laprida,  y se lo conoce como “La Bola de Nieve”, el primer edificio de Rosario que llegó a tener seis pisos de alto. Y que menciona la escritora Angélica Gorodischer en uno de sus tantos textos fantásticos.

Escenarios tradicionales

Entre mates y miradas sorpresivas por los datos que recibíamos, comenzamos a caminar hacia lo que se denomina “el bajo”. Es en esta parte de la ruta que los organizadores comentan el lugar importante que tienen los cafés de la ciudad como escenarios tradicionales de los textos de rosarinos y rosarinas. “Nuestros pasos van tras la importancia del café como entidad literaria y sentimental, y observatorio de la vida de Rosario”, dicen. Y agregan el lugar de las autoras mujeres y el lugar preponderante que tuvieron en general las voces masculinas a lo largo de la historia. En ese sentido, mencionan a la escritora Lila Gianelloni y uno de sus textos que tiene como escenario la calle que estamos transitando, Laprida y “el bajo”. Finalmente tomamos calle Urquiza, esa calle que posee una curva y que dicen era la referencia necesaria para saber que las propiedades eran de dueños distintos. Como última parada, la esquina de Urquiza y Maipú, en la que el reconocido bar Pasaporte es escenario de dos textos: el libro El hotel donde soñaba Perón, de Marcelo Scalona, en el que describe al tradicional bar y el de Valeria Correa, rosarina que actualmente vive en Madrid y que uno de sus personajes sentado en ese bar mira hacia el edificio de enfrente. Corporalizar la escritura, “poner el cuerpo” a los lugares que transitamos todos los días, sentirse cercanos a lo que se escribe en la ciudad, son alguno de los objetivos de esta ruta literaria que se convierte en una actividad obligatoria para todo aquel amante de la literatura. Mañana a las 10:30 en el Pasaje Pan será la última edición de este paseo, en donde estarán esperando a quienes deseen continuar redescubriendo y escribiendo las calles de la ciudad.

 

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