Economía

Opinión

Una economía dispuesta para la fuga

La información de los primeros once meses del año alcanza para reflejar la dramática fuga de divisas que se produjo a pesar de la fuerte devaluación de tipo de cambio


Por: Esteban Guida / [email protected]

Aunque el Banco Central de la República Argentina todavía no publicó el balance cambiario con los dato de diciembre de 2018, la información de los primeros once meses del año alcanza para reflejar la dramática fuga de divisas que se produjo a pesar de la fuerte devaluación de tipo de cambio.

Vale recordar que una de las primeras medidas tomadas por el presidente Mauricio Macri fue la liberalización del Mercado Único y Libre de Cambios, lo que se denominó como la salida del “cepo cambiario”. Esta flexibilización (celebrada por el gobierno, sus adeptos, incluso opositores) significó el inicio de una preocupante fuga de capitales cuyo financiamiento que no provendría precisamente del ingreso genuino de divisas, sino fundamentalmente del endeudamiento público externo.

En el año 2016, el Banco Central reveló que la Formación Neta de Activos Externos del Sector Privado no Financiero (es decir, la compra/venta de billetes para atesoramiento de personas humanas y la compra/venta de divisas para operaciones de comercio exterior), registró un saldo deficitario por 9.807 millones de dólares. Al año siguiente, esta pérdida de divisas prácticamente se duplicó y alcanzó la cifra récord de 22.148 millones de dólares. Estos valores no se observaban desde 2008, cuando se registró una salida neta de activos externos por 23.098 millones de dólares producto de la crisis financiera internacional, o desde 2011 cuando el egreso neto alcanzó los 21.504 millones de dólares, por la corrida cambiaria que le propinaron los “grandes” a Cristina Kirchner a pocas horas de su asunción.

A pesar de la fuerte devaluación que sufrió la moneda en el 2018, los resultados preliminares muestran una fuga de divisas más grande que los años anteriores. La fuerte devaluación del tipo de cambio que la autoridad monetaria convalidó, apuntó a frenar la sangría de dólares del sistema. Sin embargo, el efecto sobre el mercado de cambios de esta costosa medida (en términos de empobrecimiento e inflación) no logró revertir lo que resultó ser el peor registro anual de fuga de capitales en la era Cambiemos.

En el primer semestre del 2018, los datos mensuales de fuga de capitales evidenciaron un crecimiento promedio del 150% respecto al mismo período del año anterior. Recién en los últimos meses del año pasado, con un tipo de cambio que llegó a los 42 pesos en septiembre y 38 pesos promedio para los meses posteriores, se comenzó a observar una baja significativa en los resultados mensuales. En agosto la Formación Neta de Activos Externos del Sector Privado No Financiero creció sólo un 35% con respecto a agosto de 2017 y en los meses posteriores se observó una caída en el resultado mensual. Por ejemplo, el último dato disponible arrojó que, en noviembre pasado, la formación neta de capitales externos registró un saldo negativo de 408 millones de dólares. Este número significó una caída del 80% con respecto a noviembre de 2017 donde la salida neta totalizó en 1.926 millones de dólares.

En efecto, los datos presentados mensualmente por el Banco Central exhiben que la salida de capitales, explicada por la Formación Neta de Activos Externos, desde enero a noviembre de 2018 totalizó en 26.367 millones de dólares. De este total, 17.613 millones de dólares (el 67% de la pérdida de divisas en casi todo 2018) correspondieron a la compra neta de billetes para atesoramiento por personas humanas y el resto a la compra neta de divisas para operaciones de comercio exterior. El dato puede resultar llamativo para los millones de argentinos que apenas llegan a fin de mes, pero a su vez devela la riqueza generada y acumulada, no sólo por las grandes corporaciones (a las que se les suele achacar todos los males de la economía nacional), sino también por una importante cantidad de argentinos de ingresos medios y altos que han preferido “apostar al dólar”, y desoír las recomendaciones de más de un (pobre recordado) político que incitó a confiar en el valor de la moneda nacional durante su propia gestión.

Esta asombrosa cantidad de dólares perdidos del el circuito productivo nacional fue también posibles gracias a la extrema flexibilización del mercado de cambios articulada por la presidencia de Mauricio Macri. Alrededor de 49.150 millones de dólares, una cifra semejante el préstamos otorgado por el Fondo Monetaria Internacional (que impicaó asumir elevados costos políticos y sociales), se destinaron a atesoramiento y el resto (USD11.300 millones) a operaciones en comercio exterior. En suma, la salida acumulada de dólares desde diciembre de 2015 hasta noviembre de 2018 ascendió a 60.346 millones de dólares.

Pero todavía resta añadir el egreso neto de dólares por turismo. El ítem “Transporte, viajes y otros gastos con tarjetas” del Balance Cambiario del Central, acumuló  alrededor de 27.600 millones de dólares desde diciembre de 2015 hasta noviembre de 2018. Adicionalmente, ciertos estudios contemplan dentro la fuga de capitales la salida de divisas por el giro de utilidades y dividendos de empresas a sus casas matrices. Entre el último mes de 2015 y noviembre pasado, la fuga de capitales por este ítem totalizó en 6.145 millones de dólares.

Ahora se entiende por qué muchos festejaron el bochornoso pago a los fondos buitres, aprobado por el Congreso de la Nación en abril de 2016. Esta “fiesta” de divisas sólo fue aprovechada por quienes tuvieron excedentes en pesos y pudo ser posible gracias al endeudamiento externo que el gobierno de Macri, y sus funcionarios (ex)empleados de las mismas corporaciones financieras internacionales, supieron conseguir… hasta abril de 2018.

¿Puede una economía con serios problemas para generar divisas genuinas por la vía del comercial exterior sostener indefinidamente un drenaje semejante de riqueza que sale del circuito productivo, para ir a parar al extranjero, o directamente al colchón? Evidentemente no, y los inversores extranjeros entendieron claramente que esta situación era insostenible, y comenzaron la fuga de divisas en abril de 2018.

No es suficiente echar culpas al gobierno, porque siempre se supo que venían para hacer esto. Vale también pensar en la conducta de los argentinos, muchos de los cuales siguen creyendo que pueden salvarse solos “aferrándose al colchón”.

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