Ciudad

Pelea judicial

Una disputa familiar por la herencia de un polista

Gisela La Menza, esposa del cordobés Ignacio Ballesteros, fue denunciada por sus suegros desde que su marido sufrió el accidente en 2011. La imputaron de estafa, defraudación por entrega de recibo falso y falsificación de instrumento privado. La mujer habló con El Ciudadano


 

En diciembre de 2010 Ignacio Ballesteros, un polista cordobés, se cayó de arriba de un caballo en un partido de polo en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, y terminó en un estado de mínima conciencia y con respirador. Tras el accidente comenzó una disputa familiar entre los padres del polista y la esposa. En junio de 2012 Ignacio fue trasladado por sus padres a Córdoba tras obtener un polémico recurso de amparo del juez federal de esa provincia, Ricardo Bustos Fierro, donde fue internado en un centro de rehabilitación. Los abogados de su esposa apelaron la medida y un Tribunal de Familia de Rosario ordenó que lo trasladaran nuevamente a Rosario, a instancias de una resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que se concretó el 12 de septiembre. Ahora la esposa, Gisela La Menza, fue denunciada según contó por sus suegros. La imputaron por estafa, defraudación por entrega de recibo falso y falsificación de instrumento privado; delitos que también fueron atribuidos a 12 profesionales entre kinesiólogos, enfermeros y terapistas ocupacionales que facturaron servicios que no fueron prestados, según la acusación del fiscal. Según la denuncia, La Menza presentaba facturas por cerca de 450 mil pesos mensuales a la prepaga Osde. Durante el 2017 sumó un total de 4.800.000 millones de pesos, que se agregarían varios millones desde 2012.

“Tengo todos los comprobantes de las transferencias que coinciden con las facturas de todo el equipo que atendió a mi esposo. En mi cuenta bancaria, la prepaga Osde, me depositaba 200 mil pesos mensuales para pagarles a los enfermeros, terapuetas y médicos. El resto debe correr por cuenta de la prepaga como la medicación, el oxígeno y aparatos que necesita para respirar mejor”, explicó La Menza.

Una de las pruebas de la estafa es que le pagaban a una kinesióloga que tenía licencia por maternidad. “Estaba embarazada y trabajando con Ignacio. Incluso estaban los padres de él el día que comenzó con contracciones y la pasó a buscar su marido para llevarla al sanatorio. Sí ha pasado que el equipo que lo atendía se tomaba sus correspondientes vacaciones y fueron reemplazados”, detalló la mujer.

La Menza contó a El Ciudadano que en diciembre del año pasado realizó un viaje con amigas y los padres de su esposo la denunciaron por abandono de persona. No prosperó. “Viajé unos días después de casi ocho años que no me tomaba vacaciones. No hice abandono de persona. Si lo hubiera hecho Ignacio no sobreviviría con todos los cuidados que requiere. Estuvo mi mamá y todo el equipo médico que lo atendió siempre”, especificó La Menza.

Y agregó: “Esta denuncia está armada por los padres de Ignacio, porque detrás de todo esto hay intereses económicos. En coincidencia con mi viaje pidieron la nulidad del matrimonio. Quieren sacarme del medio para ser los únicos herederos de los bienes de su hijo”.

La Menza aseguró que su esposo tiene bienes y propiedades previos al matrimonio que contrajo con ella. “Los padres de Nacho siempre hablaron de herencia cuando él tiene esperanzas de mejorar y seguir viviendo. Desde que lo conocí no tuvo una buena relación con ellos. Ignacio le prestaba dinero al padre, no se lo devolvió y terminaron peleados”, aseguró.

A fines de enero, Ignacio fue internado en el sanatorio Parque por un grave cuadro de neumonía. “Le facturamos a la prepaga mientras Ignacio estaba internado porque lo seguían atendiendo sus enfermeras. Yo tenía que seguir trabajando”, describió la esposa de Ballesteros.

A Ignacio le dieron el alta el 14 de febrero y fue trasladado a un centro de rehabilitación: Aprepa, ubicado en San Jerónimo Sud, a 35 kilómetros de Rosario.

“Lo voy a ver todos los días. Está estable con respirador, en un estado de mínima conciencia. Nunca me opuse a que los padres lo vean. Sí dividimos los horarios de visitas porque me dicen barbaridades, como por ejemplo, que soy una asesina”, contó la mujer.

La esposa de Ignacio aseguró que durante todos estos años su esposo recibe cuidados intensivos. “Los padres son los únicos que dicen que está mal”, concluyó.

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