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Una ciénaga adonde van a parar los espías perdedores y fracasados

Una buena canción de apertura, sólidas actuaciones y un certero tono de humor conforman los elementos sobresalientes de un relato curioso del mundo del espionaje donde parecen haber desaparecido el glamour y la sofisticación propios de la saga James Bond y similares


Especial para El Ciudadano

Con Slow Horse podría comenzarse en el inicio mismo: los títulos de apertura. La secuencia de “opening titles” (la presentación, con sus créditos y sus músicas distintivas) suele ser en las series un elemento de peso. En muchos casos, casi pudiendo llegar a funcionar como una obra por sí misma. Lo verdaderamente destacable, en los casos mejor logrados, es el modo en que tales bloques, encapsulados musicalmente y abiertos a un tratamiento libre de formas y texturas dinámicas, postula los rasgos del universo en el cual transcurrirá el relato y predispone una cierta perspectiva desde lo plástico y lo musical, más allá (o más acá) de la anécdota y de la intriga.

Los ejemplos serían muchos, como la bella introducción de la legendaria Twin Peaks, claro, que emocionaba ya con el cartel de bienvenida al pueblo y con los primeros acordes de Angelo Badalamenti. Pero también muchas otras más cercanas, como el delicadísimo diseño en caída libre de Mad Men, o el gótico sureño de True Blood y de la primera temporada de True detective, en cada caso, con inolvidables temas de Jace Everett y The Handsome Family. Pero los ejemplos  podría ser muchos y diversos (sin olvidar a la reciente From con los Pixies versionando “Que será será”), y allí Slow Horses, la nueva serie de Apple TV+, es ya indiscutiblemente uno de ellos.

Rostros y siluetas algo sombríos se componen y se descomponen barridos por formas geométricas que sirven de transiciones. A pesar de cierta frialdad y precisión del diseño hay una pesadez en las sombras en la que se intuye algo del orden de lo roto o de la ruina, o mejor, del fracaso. Pero lo que allí le otorga todo el tinte exacto de lo que viene es la canción, y el modo en que ella tiñe atmosféricamente a esas figuras.

La canción, interpretada por Mick Jagger y coescrita junto a Daniel Pemberton (quien se encarga de la música original de la serie), es una suerte de blues deforme y algo primitivo, como la banda sonora de un cabaret de mala muerte que en mucho se acerca, felizmente, a ciertas líneas de Tom Waits. Sí, Jagger aquí sorprende, y su timbre encuentra un lugar preciso, alejado por suerte de sus formas habituales. Con este openning que se agrega a la lista de los mejores, Slow Horses nos invita a un mundo de espías que claro, no será el del glamour y la sofisticación, sino el de los fracasados y los humillados, el de la mugre y el abandono. Pero eso sí, con humor. El mismo que tiene la letra de la canción que sirve de apertura.

Un lugar mugriento, de mala muerte, cueva de perdedorxs y fracasadxs

Slow Horses, ya está más o menos claro, es un relato de espionaje (y de corte clásico). Pero también está claro que su tono no será el de la elegancia y la hipertecnologización de los espías hi-tech a lo James Bond, sino en cambio otro bastante oscuro, decadente y cargado de ironía. Si bien las capas elevadas de la inteligencia británica están aquí presentes, la historia narrada transcurre en el último agujero del sistema, llamado “la ciénaga”, al que van a parar, humilladxs, aquellxs que han cometido un grave error echando por tierra sus carreras. Un lugar mugriento, de mala muerte, cueva de perdedorxs y fracasadxs, como ese que anuncia, sin ambages, la presentación.

La serie, británica de origen, es una producción original de Apple TV+, y está protagonizada por un gran Gary Oldman, Kristin Scott Thomas, Chris Reilly y, entre otros, Jonathan Price. Está escrita por un Will Smith que no es el famoso actor protagonista del decadente espectáculo del mas decadente galardón de los Oscar del, igualmente decadente, Hollywood. No, este Will Smith es un comediante y escritor inglés que ya ha trabajado en series, y que en este caso adapta los  libros de espionaje del escritor Mick Herrom,

El primer episodio comienza con una secuencia de acción que sí podría pertenecer al mundo del espionaje high-tech, pero cuando todo se precipita hacia el fracaso, irrumpe la secuencia de títulos para avisarnos que la cosa no va por ese lado, y llegamos entonces a “la ciénaga”, de donde parece no haber salida para los llamados, con sarcasmo, “caballos lentos”.

El cínico director de ese departamento perdido de la inteligencia británica es un viejo y decadente Jackson Lamb (Gary Oldman). Bajo su mando, en un edificio en ruinas, operan espías descastadxs, aquellxs que por haber cometido algún tipo de error fatal son derivados a este sitio humillante en el que pasan el tiempo sin hacer nada, o revisando la basura de no saben quién ni para encontrar qué cosa. Degradado violentamente tras el trepidante episodio narrado en la apertura, allí llega Jack Lowden, un joven espía que parecía tener una promisoria carrera, pero que en ese error que podría bien ser una trampa, cae en “la ciénaga”.

Cada uno de los personajes esconde algún secreto

Cada uno de los personajes que trabajan en ese lugar esconde algún secreto. ¿Por qué están allí? ¿Qué tipo de error los llevó a caer de ese modo tan estrepitoso en un agujero tan profundo? Algunos, quizás, sólo por impericia, pero otros también por trampas, traiciones o engaños de ese “extraño juego” (tal el título de la canción) del mundo del espionaje y sus oscuras marañas.

Pero es allí que el nuevo Jack Lowden, sin resignarse a semejante caída, comienza a indagar en dos hechos que se dan simultáneamente: un periodista al que deben perseguir sin saber por qué, y a un grupo de ultraderecha que secuestra a un joven pakistaní. Y algo grande comienza a perfilarse, algo que tal vez podría cambiar finalmente la situación de quienes han sido desplazados a ese agujero humillante.

En los tres episodios que <Slow Horses< lleva emitidos se va presentando y desarrollando esta intriga, mientras se dibujan con humor los trazos de los excéntricos personajes destinados a esa sección del MI5 (con un peso importante en el interpretado por Gary Oldman, quien no deja de quejarse por el olor de sus propios pedos en su mugrienta oficina).

Por el momento la serie funciona muy bien, tanto por el lado del humor como por el de la intriga de espionaje, y lo que no es menor, sin estridencias ni grandilocuencia. Sin mayores pretensiones que una corrección más que bien alcanzada. Lo cual, en el panorama actual, no es poca cosa.

Slow Horse / Apple TV+/ 1era. Temporada

Creador: Will Smith  sobre libro de Mick Herrom

Intérpretes: Gary Oldman, Kristin Scott Thomas, Chris Reilly, Jonathan Price

 

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