Sociedad

Dia Internacional del Orgullo LGBTTIQ+

Una celebración que reivindica otros modos de ser en el mundo

Un becario del Conicet reflexiona sobre la fecha y analiza la importancia de que la ciencia se ocupe de temas relacionados con cuestiones de género y diversidades para contribuir a la equidad


Sofía Bernat (*)

En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTTIQ+, Maximiliano Marentes, sociólogo y becario posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (Idaes-Unsam), propone una mirada sociohistórica para analizar esta celebración y pone en común reflexiones acerca del lugar que ocupa la ciencia en el estudio de estas temáticas.

“El 28 de junio se conmemoran los sucesos de Stonewall en 1969, las protestas que ocurrieron en Nueva York, en Christopher Street, que fue una revuelta de gays, travestis y lesbianas que estaban hartas de la corrupción policial y de cómo los desalojaban del bar. Así, salieron a protestar y terminaron tomando las calles. Fue un hecho muy importante que implicó una de las primeras revueltas a gran escala que marcaron la agenda política que va a seguir ligada al orgullo hasta hoy”, remarcó Marentes.

En esa fecha se reivindica la identidad, el orgullo y los derechos de la población LGBTTIQ+.

“La necesidad de expresar las relaciones afectivas, amorosas, el placer y el deseo sexual hacia personas del mismo sexo estaba ligada a la clandestinidad o a vivirlo a partir de la vergüenza”, sostiene el especialista y agrega que, por esa razón, el orgullo se convirtió en una bandera, en una forma de reivindicación.

“Es un modo de decir que acá existimos: no sentimos vergüenza por ser quienes somos o por desear lo que deseamos o por querer lo que queremos. No es algo que está mal, sino que nos define y es parte de nuestra forma de ser”, afirma.

En Argentina ese día se celebra principalmente con las marchas del orgullo

De acuerdo al becario, la más antigua es la que se realiza desde 1992 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero no es la única.
“Si bien es la más grande, hay muchas otras marchas que se vienen llevando a cabo a lo largo de los años en diferentes partes del país y son una de las manifestaciones o canales principales de participación política de la población LGBTTIQ+ y, al mismo tiempo, son un estandarte de ese orgullo”, destaca.

Tal como señala Marentes, las marchas se transforman con el paso del tiempo. En primer lugar, por cuestiones climáticas y de cuidado de la salud de sus participantes, en la ciudad de Buenos Aires, principalmente, y en otros lugares de Argentina se festeja también el primer sábado de noviembre, coincidente en este hemisferio con la primavera.

“Algo que es interesante de la marcha del orgullo es que se genera la politización de otras cuestiones que implican la inscripción de las marchas y de los reclamos del colectivo LGBTTIQ+ dentro de algo más grande”, explica el especialista.

En ese sentido, subraya que las consignas cambian a medida que se conquistan derechos, como el matrimonio igualitario, la nueva ley de VIH y otras infecciones de transmisión sexual y la ley de identidad de género.

Ciencia, poblaciones LGBTTIQ+ y derechos

Para el sociólogo, existe un aspecto fundamental en las trayectorias de quienes habitan este colectivo, que es el hecho de que permea los modos de vivir en el mundo: las formas de socialización en la escuela y en la familia, la participación política, la incorporación al mercado laboral son algunos ejemplos.

Y agrega: “Esa orientación sexual o esa identidad de género que no se adecúa a la cisheteronorma, muchas veces ligada al estigma, a la clandestinidad y a la cuestión de hacerlo pasar por una aberración, nos lleva a transitar diferentes espacios y diferentes lugares a partir de esta especificidad. Entonces, formar parte de este colectivo implica un modo de ser en el mundo que incide en otras prácticas que exceden al mero vínculo sexoafectivo”.

Esto es así si entendemos al concepto cisheteronorma como la norma social que establece el binarismo sexogenérico como una verdad última e incuestionable. Es decir, que las personas nacemos como mujeres o varones de acuerdo a los genitales que tenemos, como algo natural y definitivo.

Por lo tanto, muchas de las personas dedicadas a la investigación en temáticas de género y diversidades analizan de qué maneras ello influye en la vida de esta población e intentan elucidar cómo continúan operando diferentes mecanismos de discriminación que, según Marentes, en ocasiones son más explícitos y violentos -y provocan, incluso, la muerte- y en otras, más sutiles, como por ejemplo los formularios escolares que, indica el sociólogo, preguntan por “mamá y papá” como si existiera un único modelo de familia.

“Pero esos mecanismos siguen operando en tanto que la heterosexualidad es algo dado por default, es decir, pensamos por defecto que las personas son heterosexuales. En consecuencia, la ciencia o el conocimiento científico tiende a analizar y a observar de qué modo se siguen vulnerando los derechos de esta población y el derecho básico a ser quien uno es”, puntualiza.

En ese sentido, el especialista forma parte del grupo que coordina el Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica en la Argentina, un estudio pionero a nivel país que busca generar información estadística de calidad sobre la población LGBTTIQ+ y cuya encuesta se puede responder de forma anónima y virtual hasta el 31 de julio.

“Además de las condiciones de vida, estamos relevando distintas situaciones referidas a discriminación y vulneración de derechos, principalmente en el ámbito laboral, pero también incorporamos la cuestión de violencias y discriminación por diversidad sexual y orientación de género en el acceso a la vivienda, en el proceso educativo, en el ámbito familiar, en agrupaciones políticas, religiosas, en el acceso a la salud, entre otros aspectos”, detalla.
(*) Conicet

Comentarios

10