Ciudad, Edición Impresa

Una “tecnología del futuro” que trae problemas ahora

En Rosario se venden bicicletas eléctricas pero nadie sabe qué hacer: ¿hay que usar casco? ¿Y carné?

—Párese, por favor. ¿Y su casco?

—Lo dejé en mi casa.

—Bueno. Los papeles de la moto.

—No es una moto: es una bicicleta.

—Cómo una bicicleta, ¿y los pedales?

—También los dejé en mi casa.

Palabras más, palabras menos el diálogo fue así. Huelga decir que terminó en el corralón el vehículo que conducía la persona que hablaba con el inspector de Tránsito. Pero lo cierto que el caso terminó siendo un dolor de cabeza para la Justicia de Faltas. Es que al fin y al cabo, la mujer tenía razón: aunque no tenía pedales a la vista y parecía una moto, no lo era. Se trataba de una del casi un centenar de “bicicletas eléctricas” que hasta ahora vendió Roberto Di Fillippo, titular del primer comercio de Rosario que trabaja con este tipo de vehículos. Una bicicleta que, sin dejar de serlo, resulta, cuanto menos, curiosa: “Se carga como un celular, gran autonomía, sin mantenimiento, sin ruido y 100 por ciento ecológica”, afirma la publicidad. “Tecnología del futuro, ahora presente”, completa. Y tan del futuro es, que todavía el personal de Tránsito no sabe qué son y menos qué hacer. “Si tiene motor, no es una bicicleta”, apunta con incuestionable sentido común el director de Tránsito de Rosario, Henry Fabbro. ¿Y si quien está encima va pedaleando?, preguntó este diario. “Es un problema”, admitió el funcionario. Así las cosas, aparece con claridad un vacío legal respecto a un vehículo que se propone práctico y no contaminante, en una ciudad que viene pregonando cada vez más el uso de energías “limpias”.

“Tengo una lista enorme de gente que quiere comprar, el problema es el terrible miedo que tienen de que se las saquen los zorros”, sostiene Roberto. De hecho, la mujer que se olvidó los pedales, según el empresario, tuvo que pagar 300 pesos de multa por no haber tenido casco y 200 pesos por el acarreo de su “bicicleta”. La cuestión es que, si bien resulta imprescindible desde la óptica de la seguridad vial, en Rosario el uso de casco para los ciclistas no es obligatorio.

Y con sentido común, ¿cómo va a serlo si las autoridades todavía no saben cómo martillar para que usen casco quienes andan en moto y están obligados a hacerlo por normativa municipal, provincial y nacional?

La controversia, explica el titular del comercio, encontró un apartado legal en la ciudad de Santa Fe, y también en Ceres, Rufino, Venado Tuerto, Esperanza y Rafaela. Y va camino a tenerlo también en otras localidades de la provincia. Pero así y todo la legislación en sí misma es curiosa por su diversidad: en la capital provincial, por ejemplo, la ordenanza que permite su circulación asimiló la bicicleta y el scooter eléctrico a los motovehículos, y los incluyó dentro de la normativa que los regula, la 10.017.

En Venado Tuerto, en tanto, se apuntó que eran otra cosa, pero se reguló que quien conduzca estos vehículos debe llevar puesto casco, tener un seguro al día, una licencia de conducir. Y cada bicicleta eléctrica debe llevar una oblea que la identifique. “No llega a una Zanelita 50 –apunta Di Filippo– pero sí lleva una oblea que vale 60 pesos”, cuya presencia significa permiso para circular.

Pero en Ceres, por el contrario, se legisló que una bicicleta eléctrica sigue siendo una bicicleta aunque se enchufe, y sólo se exige una oblea-credencial, que la identifica.

En tanto, en Rosario, donde se supone que están en circulación al menos la mitad de las que se vendieron, todavía no hay una política definida. Obviamente, Di Fillippo entiende que no debería exigirse carné ni patente “porque no es una moto”. No sorprende: él las vende. Pero a su favor juega una cosa: mientras las más grandes y poderosas, para agregar confusión, son casi indistinguibles de una moto, las más pequeñas realmente están diseñadas como una bicicleta. Y el empresario muestra que si se acaba la batería, el dueño puede seguir andando a puro pedal, cómodamente y sin mucho esfuerzo.

“Nosotros no podemos impedir que se vendan. Cualquiera las puede comprar para andar adentro de su casa, pero en la calle no pueden circular”, subrayó Henry Fabro. El titular de Tránsito explicó que para que la circulación se autorice, falta lo que llamó “licencias de configuración”, un estudio técnico sobre el vehículo, la capacidad de frenar, la iluminación, la velocidad que alcanza y todos los detalles de la seguridad que ofrece a quien lo conduzca. Y dice que recién con eso se podrá determinar qué requisitos son exigibles a quienes los usen, y el permiso de que circulen.

—Pero en el caso de los polarizados, el Concejo Municipal reivindicó la autonomía de Rosario para legislar en materia de Tránsito, apuntó este diario.

—Sí, el Concejo puede aprobar una autorización. Entiendo que ya se hizo así en otras localidades de la provincia. Pero hasta tanto, no pueden circular, insistió Fabro.

Con todo, la diferencia entre una bicicleta común y una eléctrica y de un scooter con motor a explosión y uno eléctrico, es que ambos vehículos se enchufan a cualquier tomacorriente y en unas seis horas tienen carga completa. A partir de ahí brindan autonomía de entre 40 y 90 kilómetros –según el modelo– a una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora las bicicletas, y a 50 los scooters mayores. Avisados, los inspectores pueden distinguir lo elemental, por lógica, ninguno tiene caño de escape de gases.

“Para alguien que usa un vehículo para ir a trabajar es una solución ideal. Gasta menos de 10 centavos por carga, y cada carga le permite andar 80 kilómetros. No complica el tránsito y no puede andar rápido”, defiende Di Fillippo.

De igual modo, lo cierto es que los mayores “scooters” no sólo parecen motos sino que, aun teniendo los pedales desmontables, es cuanto menos difícil impulsarlos con las piernas. Por eso el comercio está haciendo trámites para que se permita su ingreso a las calles.

En las bicis más chicas todo es comparable, incluso la velocidad. Aunque siempre depende del ciclista, la velocidad de una bicicleta común puede calcularse en unos 12 a 15 kilómetros en un promedio “de paseo” y de 18 a 20 kilómetros en un promedio “de marcha”. Y la eléctrica, utilizando batería, puede andar al doble.

Empero, el valor de estos vehículos también parece hacer necesario algún tipo de identificación individual: la realidad es que valen como mínimo diez veces más que una bici común: entre algo más de 5.000 y algo menos de 8.000 pesos.

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