Edición Impresa, Policiales

Fallido golpe en Saladillo

Un viejo integrante de la banda del Pointer

Cinco hombres fueron imputados por asalto a una distribuidora: entre ellos está el mítico Negro Bar.


Los cinco hombres que fueron arrestados tras intentar robar a mano armada una distribuidora del barrio Saladillo, hace tres semanas quedaron imputados y detenidos bajo prisión preventiva sin plazo. Al haber sido aprehendidos in fraganti, el fiscal David Carizza presentará en los próximos días las pruebas de la acusación para que sean sometidos a juicio. Uno de ellos, un hombre de 50 años que contaba con pedido de captura por no regresar de una salida transitoria, en el cambio de milenio formó parte de un famoso grupo delictivo conocido como la Banda del Pointer.  Otro de los imputados tiene antecedentes de violencia de género.

El jueves 18 de agosto pasado, cerca de las 9, una banda de cinco ladrones armados entró a una distribuidora de bebidas y comidas en Sánchez de Bustamante al 300, en el sur de la ciudad. Los asaltantes llegaron en un Fiat Palio gris y aprovecharon la salida de uno de los camiones para entrar al galpón. Primero redujeron a los trabajadores que estaban cargando un flete y después subieron a las oficinas, donde había otros tres empleados. Pero los ladrones no contaron con que, segundos antes de entrar al sector administrativo, una mujer había logrado comunicarse con el 911. “Nos están robando, Sánchez de Bustamante al 300”, alcanzó a decir y tiró su celular.

Pocos minutos después llegaron los uniformados con un gran despliegue de móviles policiales que alcanzó toda la cuadra. Los cinco ladrones fueron detenidos y en su poder se secuestraron varias armas de fuego, al menos una por cada uno de ellos.

La investigación de lo ocurrido cayó en manos de David Carizza, de la Fiscalía de Flagrancia y Turno, y dos días después los cinco detenidos quedaron imputados por tentativa de robo calificado, privación ilegitima de la libertad y portación ilegal de arma de fuego. Se trata de Jorge Raúl A., de 50 años, Bruno Leandro T., de 23, Claudio Alberto R., de 23, y los parientes Adrián Facundo y Daniel Andrés B., de 19 y 29 respectivamente, quienes estuvieron representados por la defensora pública Maricel Palais. El último de los mencionados, cuenta con un antecedente de violencia de género por haber golpeado a su ex mujer en marzo de 2015.

En la audiencia, presidida por el juez José María Caterina, a los asaltantes se les dictó prisión preventiva sin plazo. En diálogo con El Ciudadano, Carizza explicó que serán presentadas las pruebas para la acusación, que en su mayoría son testimoniales de víctimas y policías que participaron del operativo de detención. Es que, al haber sido arrestados in fraganti, los hombres serán sometidos a juicio a la brevedad.

El Negro Barbie

Según Carizza, cuando fueron detenidos Jorge Raúl A. dio un apellido falso con el fin de ocultar un pedido de captura que pesaba sobre él por no volver a la cárcel después de una salida transitoria. Este no era el único antecedente que pesaba sobre el hombre de 50 años, también conocido como Negro Barbie.

En los comienzos del nuevo milenio, Jorge Raúl A. formó parte de la Banda del Pointer, un grupo de ladrones que, entre junio y agosto de 2001, perpetró una serie de asaltos sirviéndose de un misterioso Volkswagen Pointer plateado. Valiéndose de uniformes policiales y otros artilugios, durante esos meses la banda fue un dolor de cabeza para los investigadores de la Unidad Regional II.

El auto gris metalizado había sido robado a un tal Pino en marzo de 2001, en la zona del Mercado de Concentración, donde Barbie decía que trabajaba. Su primera aparición fue el 22 de junio de ese año en Vélez Sarsfield 7200, cuando cuatro hombres vestidos como policías asaltaron la distribuidora de gas Iss y se alzaron con 8 mil pesos.

El 17 de julio la banda repitió en Pérez: el objetivo fue la sucursal de la EPE, de donde cuatro ladrones (dos con uniformes policiales y los restantes con ropa de le empresa de energía) se llevaron 10 mil pesos y la pistola de la agente que estaba de guardia. El siguiente golpe fue el 14 de agosto en el depósito de gas San José de Reconquista al 500 –consiguieron un botín de 6 mil pesos–, donde los cuatro asaltantes actuaron disfrazados con ropa de Grafa y antiparras de soldador.

El último episodio en el que la banda usó el Pointer se escribió cinco días después en el supermercado Casagrande, de Pago Largo al 300, en Alberdi, de donde se llevaron una cantidad no precisada de dinero tras encerrar a los empleados en una cámara frigorífica. Dos días después el auto apareció en Gutiérrez y Carrasco.

La banda era liderada por Ricardo Daniel “Viejo” Vergara y el Negro Barbie era su mano derecha. “A diferencia de ustedes, que trabajan con la lógica, yo lo hago con la ilógica”, contó hace más de una década una fuente policial repitiendo las palabras de Vergara. Esta teorización era llevada a la práctica de diferentes maneras. Él y el Negro actuaban en todos los atracos, y cambiaban de integrantes golpe a golpe para garantizarse, entre otras cosas, la mayor parte del botín. Pero a la vez esta organización celular impedía que se conocieran entre sí los otros miembros, como una forma de asegurarse que no hubiese filtraciones.

El 25 de septiembre de 2001 la banda del Pointer comenzó a desarticularse cuando el Negro Barbie cayó detenido. En ese entonces, tenía 36 años, una condena por asalto y un pedido de captura. Doce días después pasó lo mismo con el líder. El 4 de octubre de ese año una patrulla del Comando Radioeléctrico lo interceptó en Aldao y Casilda, cuando viajaba en una moto Honda Dax. Vestido de camisa blanca, corbata, pantalón, zapatos y los inevitables anteojos dorados de mucho aumento, hizo dudar a los policías: su peinado era distinto y él juraba llamarse Ferrari. Por eso llamaron a detectives de Investigaciones, quienes confirmaron que se trataba del hombre que los había hecho transpirar durante cien días. Cuando él vio llegar a los sabuesos, se dio por perdido y soltó: “Por fin. Ya estaba cansado de esconderme”.

Vergara moriría años después, a fines de 2005 y a poco de cumplir 50 años, tras varios meses de agonía por un disparo que recibió en su último asalto, frente al hospital Centenario. El Viejo fue definido por un investigador policial como “un delincuente con códigos, un caballero del delito”.

La última caída del Negro Barbie fue en agosto de 2011, cuando junto con otro hombre de 45 años fue arrestado en San Lorenzo. Vestidos con uniformes de Telecom, tocaron el timbre de una casa y el dueño les abrió pensando que eran los operarios de esa empresa a la que había llamado dos días antes. Una vez adentro, los asaltantes desenfundaron armas de fuego y ataron al hombre, junto con su mujer y su suegra. Se alzaron 5 mil pesos y joyas, y se dieron a la fuga. Poco después, se tirotearon con la Policía intentando huir y quedaron detenidos. En el fuego cruzado el Negro Barbie resultó herido en una pierna y terminó condenado.

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