Policiales

Inseguridad

Un salón infantil sufrió seis robos en nueve meses

St. Mary Club también funciona como colonia de vacaciones en verano, de 1990. El dueño dijo que lleva pérdidas de 100 mil pesos y que ya no puede pagar la tarjeta de crédito, con la que se endeudó para reponer herramientas que le volvieron a robar, como equipos de música y grupos electrógenos


"A veces sale más caro reparar lo que rompen que lo que roban", dijo el dueño de St. Mary Club.

Nada dio resultados. Ni las rejas, alarmas y cámaras de seguridad ni el abono de vigilancia de la cuadra. El salón infantil St. Mary Club que en verano funciona como colonia de vacaciones volvió a ser desmantelado. El dueño, un profesor de educación física de 42 años, contó seis escruches en nueve meses. Los últimos dos, días atrás, con una semana de diferencia. “Mi preocupación es que toqué límite. Gasto mi sueldo entero y el de las dos escuelas donde doy clases para reponer lo robado. Pero me quedé sin margen. Esto se está poniendo difícil”, dijo Alejandro, quien heredó el complejo de barrio Fisherton que su familia inauguró en 1990.

“Se llevaron dos grupos electrógenos, un taladro, tres equipos de música, cuatro bombas de agua, una escalera plegable, dos micrófonos, dos computadoras, un reflector, un automático de tanque y destrozaron cañerías de agua, rejas y ventanas luego de forzar cuatro cerraduras”, detalló Alejandro.

“Mi indignación es que invertimos en alarma, pusimos cámaras, pagamos el abono de vigilancia y siguen entrando a robar. Y cuando viene la Policía se comporta como un espectador más, nos dice que cómo no se queda nadie a cuidar de noche, nos da sugerencias y se va. De todas las denuncias que hice nunca volvió nadie a tomar huellas, ni a preguntar nada. Tampoco me llegó una citación. Miran un poco y se van”, lamentó.

Alejandro cuenta que se quedó sin crédito en la tarjeta luego de sacar en 12 cuotas un equipo de sonido, indispensable para trabajar en el salón infantil, luego de que se lo robaran la noche del martes 21 de agosto. Pero justo una semana después, cuando sólo había alcanzado a pagar la primera de las cuotas, otro escruche lo dejó sin música y decidió romper el silencio.

“Me dirigí a los medios porque ya no tengo cómo reponer los objetos robados, no podemos seguir con las actividades principales, en total las pérdidas son de cien mil pesos. Porque no sólo se llevaron objetos de valor. A veces sale más caro reparar lo que rompen que lo que se roban”, explicó Alejandro tras mencionar vidrios rotos, rejas arrancadas, cerraduras violentadas y las cañerías destrozadas cada vez que se llevan la bomba de agua.

El profesor dijo que le brindó a la Policía los datos de un vecino que cree es el responsable de varios de los robos, pero que nada pasó. Además les entregó un video donde se ve al escruchante en acción, en un robo de noviembre de 2017.

En otro de los robos de este mes, las imágenes solo muestran la silueta de un hombre con gorrita y un pañuelo cubriéndole el mentón. El último tuvo lugar pasado el mediodía del martes, en plena actividad del espacio. Los ladrones ingresaron por el fondo cuando las alarmas y sensores estaban desconectados y se llevaron dos bombas de agua y el equipo de música: “Eran dos gordos que andaban en una camioneta amarilla. Se ve que hicieron inteligencia previa”.

Alejandro dejó entrever que las pérdidas ponen en juego la continuidad del espacio. “Este es un negocio familiar, soy la segunda generación. Vienen muchos papás que fueron alumnos de la colonia y ahora mandan a sus hijos”, dijo en relación al predio de más de 2.000 metros cuadrados ubicado en calle La República 7626. Y agregó: “Mi preocupación es que ya toqué límite gastando todo para reponer lo robado. Me estoy quedando sin margen y nadie hace nada”.

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