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Un pozo inmenso que se transformó en una trampa

Por Agustín Aranda.- En Mosconi al 3800 se abrió un cráter en medio de la calle que ya sumó accidentes y asaltos.

Mosconi al 3800 es el epicentro noticioso de los Fonavis ubicados sobre el extremo sudoeste de la ciudad. En un territorio disputado entre pintadas de Newell’s Old Boys y Rosario Central, el cálido feriado de ayer sirvió para mediatizar una postal que para los 3 mil habitantes de los monoblocks de la zona de bulevar Avellaneda al 4400 es diaria: aguas servidas emanadas de cloacas rotas llenan los sectores de estacionamiento y un cráter de un metro de profundidad ubicado a mitad de cuadra vuelve intransitable la calle.

Los desperdicios humanos navegan en cámara lenta. Marcelo atiende la verdulería con vista preferencial al pozo y explica que desde hace un mes el barrio es rehén de esa situación. “El que lo conoce, pasa. El que no, se queda”, sintetiza el hombre en diálogo con El Ciudadano. Según el verdulero, hace dos semanas un taxista, desconociendo la irregularidad de la calle, se aventuró y rompió la punta del eje de su automóvil. Minutos más tarde, aparecieron “al rescate” dos jóvenes que le robaron la recaudación y huyeron dejando al chofer atascado y sin un peso.

De acuerdo a Marcelo, heridos de todas las edades y tipo de movilidad –el último fue un motociclista que hace unos días se fracturó una muñeca al caerse en el pozo– ha producido el hueco.

Según Marcelo, todo comenzó hace unos dos meses, cuando el tránsito pesado derivado de avenida Circunvalación, la falta de obras y la propia erosión del asfalto dieron forma a este “accidente geográfico” de un metro de profundidad por varios de ancho que dificulta el tránsito de motos, automóviles y los ómnibus de las líneas 129 y 130, que conectan a los vecinos de barrio Acindar con el resto de la ciudad.

“Ni el Papa ha venido a ayudarnos”, contestó el hombre al ser consultado sobre la presencia de autoridades en el barrio para aportar al menos una palabra de aliento.

“A los chinos (por el supermercado de la esquina de Mosconi y Nahuel Huapi) le hicieron el trabajo que debe hacerse. Acá, hace un tiempo, los vecinos les pagamos a un particular para que echara un poco de escombro pero tampoco es la solución”, explicó el hombre.

Aguas servidas

A unos50 metrosdel pozo “estrella” de zona sur, hay más. Nancy y su nieta de unos 5 años pisan desechos humanos mientras tratan de encontrar un palo para medir la profundidad de otro de los pozos del barrio, éste por calle Cipoletti. La segunda laguna artificial llega también a un metro de profundidad, según el cálculo del palo de Nancy, y al igual que el de calle Mosconi está lleno de líquidos cloacales. Los vecinos cuentan que se formó hace alrededor de dos semanas.

“El olor es insoportable y, a eso, agregale los peligros que tiene para la salud de los chicos”, dice Nancy al arrojar el palo que ofició de “metro”, ya fétido. El riesgo sanitario aumenta cuando la mujer aclara que a pocos metros de ese “reservorio” de desperdicios funciona la escuela primaria Nº 1337, más conocida como la “Sylvestre Begnis”. Además de su función pedagógica, la institución, que ocupa la esquina de Lago del Desierto y Nahuel Huapi, oficia de comedor para los niños del barrio de forma diaria.

La imagen de Mosconi es similar a la que reflejó El Ciudadano en su edición del 17 de agosto del año pasado. A unas 25 cuadras, sobre Teniente Agneta al 3300, en la zona oeste de la ciudad, unos 150 vecinos de los monoblocks vivían con efluentes cloacales en las calles, veredas y hasta en los ingresos a las viviendas, cubiertas con bolsas de arena para evitar la entrada del líquido. Tras sucesivos llamados a Aguas Santafesinas SA y ante la dramática situación, los vecinos cavaron de forma improvisada una suerte de canaleta para encauzar el agua contaminada hacia un desagüe pluvial, ubicado en la parte posterior del último departamento. Es decir, todo vale cuando se trata de vivir con más dignidad.

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