Edición Impresa, Policiales

Un policía fue condenado por un tiro fatal

Le dieron 11 años por matar a un adolescente durante una persecusión en diciembre de 2007

El 5 de diciembre de 2007, Milton Taborda, un adolescente de 14 años, fue alcanzado por un proyectil en la espalda que le causó la muerte. El chico se encontraba junto a su madre y a su padre en una estación de servicio de Matienzo y avenida Godoy. El disparo había salido del arma reglamentaria de Guillermo Germán Paz, un policía que se encontraba en el lugar vestido de civil junto a un compañero. El padre de Milton es Walter Taborda, alias Gordo, a quien la Justicia buscaba ya que había salido de la Unidad Penitenciaria Nº 3 con permiso y no había regresado. Ese día, los policías intentaron detener al Gordo, quien huyó del lugar en su vehículo. Paz disparó para detenerlo. El proyectil atravesó la patente, el baúl, el asiento trasero y fue a parar a la espalda de Milton.
El Juzgado de Sentencia de la 8ª nominación encontró a Paz autor del delito de homicidio con dolo eventual agravado por el uso de arma de fuego, por lo que le impuso una pena de once años de prisión efectiva. Además, el policía y la Provincia de Santa Fe, deberán pagar a la familia del adolescente la suma de 115 mil pesos.

“Mamá, me pegaron un tiro”, habría dicho Milton Damián Taborda, de 14 años, la mañana del 5 de diciembre, antes de ser trasladado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), en donde murió a los pocos minutos de ingresar.

Según reconstruyeron los pesquisas, aquél día pasadas las 8.30, lospadres de Milton fueron a buscar a su hijo a la escuela a la que asistía en Matienzo y Presidente Perón y, antes de marcharse, decidieron cargar nafta en una estación de servicio ubicada en la vereda de enfrente.

Según se desprende de la causa, al detener el auto –un Renault 12 color verde– junto a un surtidor, un Ford Fiesta gris en el que viajaban dos hombres se les puso a la par, y sus tripulantes exhibieron armas de fuego.

Se trataba de los policías Guillermo Paz y Alejandro Abram, ambos efectivos de la comisaría 23ª de Funes, quienes pretendían dar captura a Walter Taborda, alias Gordo, quien no había regresado a la U3 después de una salida transitoria.

El Gordo puso en marcha el auto para escapar, y tras unos metros fue alcanzado por un disparo.

“Quedate ahí”, advirtió uno de los tripulantes del Ford Fiesta, pero el Gordo ignoró el mandato, puso primera y abandonó el lugar, al momento en que se escuchó una segunda detonación.

El tiro, que habría ingresado por la parte trasera del auto, en la zona de la patente, atravesó la mochila e impactó en la espalda de Milton. “La gomaespuma del asiento se le metió en la espalda”, confió una fuente de la investigación.

Según los voceros, al notar que su hijo estaba herido, el Gordo detuvo la marcha en otra estación de servicio de Presidente Perón y Matienzo, a siete cuadras del lugar donde había comenzado la persecución. “Yo me voy, llamá al médico”, ordenó el hombre a su mujer al descender del coche.

Pero su huida fue interrumpida por los policías, quienes lo habían seguido hasta allí y le cortaron el paso. “Dejame ir que estoy herido e hirieron a mi hijo”, demandó el Gordo.

De inmediato, el padre de Milton interceptó a una ciclista, le robó la bicicleta y huyó del lugar.

Los uniformados indicaron que en ese momento la mujer llamó a la Policía y al Sies, que trasladó al adolescente hasta el Heca, donde falleció a los pocos minutos de ingresar.

Los efectivos se presentaron luego en la sección Judiciales, adonde asumieron su responsabilidad en el hecho.

El juez que estuvo a cargo de la causa, Adolfo Prunotto Laborde, procesó a Paz y a Abram, pero luego, la sala VI de la Cámara Penal revisó el caso y le dictó la falta de mérito a Abram, ya que el proyectil que le quitó la vida a Milton había salido del arma de su compañero.

Carlos Carbone, a cargo del juzgado de Sentencia de la 8ª nominación, encontró a Guillermo Germán Paz, autor penalmente responsable del delito de homicidio con dolo eventual agravado por el uso de arma de fuego, imponiéndole una pena de once años de prisión efectiva, accesorias legales y costas.

Según explica el fallo, “el dolo eventual o indeterminado es aquel en que el autor no tiene la intención directa de matar, sino que le resulta indiferentes que la víctima muerta o no muera como consecuencia de su obrar”. En este sentido, considera: “El autor elige entre dos opciones: seguir adelante con su plan (disparar hacia el auto con el objeto de detener al prófugo sabiendo que conducía y cuanto menos a su lado estaba una mujer), o abstenerse de actuar de esa forma (disparar al aire, emprender la persecución, pedir refuerzos, etc.)”.

Uno de los puntos sobre los que Carbone hizo hincapié, fue en que si bien el Gordo estaba prófugo, evadido de una cárcel, los policías tenían las facultades para perseguirlo y detenerlo. “El problema es la intensidad de la persecución. Que sea un delincuente no justifica cualquier tipo de reacción policial, ni tampoco que se fugue, ya que si no comete en ello violencia o fuerza, no es delito”.

Con respecto a la parte civil, el juez consideró que Paz junto con la Provincia de Santa Fe deberán pagar a la familia de Milton la suma de 115 mil pesos: 35 mil en concepto de “daño emergente”, teniendo en cuenta lo que la víctima podría haber aportado a sus padres, y 80 mil por “daño moral y psíquico”.

La decisión de involucrar a la provincia en el pago de la acción civil, radica en que “el demandado y condenado reviste en la repartición de la policía local, empleó en el homicidio su arma reglamentaria provista por el Estado, y estaba en funciones”.

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