Policiales

Habeas Corpus

Un pabellón para los hermanos Lautaro y Alan Funes

Hace más de quince días que están en resguardo por temor. Pidieron el traslado a otros dos pabellones para convivir con el resto de la población carcelaria. El juez ordenó el cese del resguardo en una semana, aunque reconoció la facultad del Servicio Penitenciario de reubicar a los internos


Este jueves los hermanos Funes se dieron cita en el Centro de Justicia Penal, esta vez para la tramitación de un habeas corpus que los tiene como protagonistas. El lunes sus abogados presentaron la acción porque están en un pabellón llamado de resguardo. Pidieron la medida de protección voluntariamente a principios de julio. Los movimientos e ingresos de nuevos internos tras la libertad del delegado del pabellón 14 de la cárcel de Piñero les generaron dudas. Los Funes temieron por su vida y decidieron irse, contó uno de los letrados en audiencia. Sondearon dónde podían alojarse y los internos de dos pabellones le dieron el visto bueno. Los hermanos pidieron ser trasladados a uno de estos dos sectores. El juez José Luis Suárez entendió que debe cesar sí o sí el resguardo porque es una medida voluntaria pero la facultad de determinar dónde se aloja un preso es del Servicio Penitenciario. Trajo a colación el caso de Rubén “Tubi” Segovia –considerado enemigo de los Funes y quien presentó un habeas corpus para salir de resguardo al pabellón 8 de Coronda, donde dijo lo recibirían; lo mataron a traición poco después– y fijó el plazo de una semana como tope para realizar el traslado. También le aclaró a los detenidos que pueden ser remitidos a un pabellón de la propia prisión de Piñero o bien a otra cárcel.

Lautaro, alias Lamparita, y Alan Funes –ambos acusados por homicidio– están detenidos en la Unidad Penitenciaria de Piñero; se encontraban en el pabellón 14 hasta el 2 de julio pasado. El delegado que tenía ese pabellón se fue en libertad y tras las plazas vacías que quedaron ingresaron personas que ellos dijeron desconocer. Los detenidos aseguraron que no les preguntaron si tenían alguna enemistad con estas personas y al ser considerados presos de alto perfil y desconocer el nuevo mapa del pabellón pidieron resguardo, al entender que en esas condiciones corría peligro su vida, explicó el defensor Maximiliano Rupani.

Una vez en celda individual, los hermanos se ocuparon de saber dónde serían bien recibidos y lograron el visto bueno de dos pabellones. El defensor explicó que en el pabellón 16 todos los internos firmaron una nota de conformidad para el traslado de los Funes a ese lugar; también aseguraron que en el pabellón 13 no tienen problemas con nadie y allí no correría riesgo su vida. El letrado dijo que las celdas de resguardo son verdaderos buzones, donde se restringen todos los derechos del detenido y las actividades que comúnmente desarrollan, incluso no salen al patio. Dijo que la medida, que es pedida por el interno, es excepcional, subsidiaria y limitada en el tiempo. Y agregó que la mitad del plazo que sus defendidos pasaron en prisión estuvieron en resguardo.

Los dos hermanos quisieron explicar al juez la situación con sus palabras. El primero fue Lautaro. Contó que su estadía en el pabellón 14 fue sin sobresaltos: “Estaba todo bien”. Pero la libertad del delegado del pabellón cambió las cosas: “Se va el delegado y la unidad empezó a hacer lo que quiso, chocar interno con interno. Entonces, con mi hermano decidimos irnos. Fue por decisión propia antes que la cosa pase a mayores”. Le pidió al juez que revise las cámaras que están en ese lugar en los últimos 16 días para que vea los problemas que hay, cuántos se lastimaron. “Entraron y salieron más que en un pabellón de ingreso por eso queremos ir a un pabellón donde sabemos que nuestra vida no corre peligro”, aseguró.

Alan se quejó del grupo especial penitenciario que se ocupa de la custodia de presos de alto perfil. Habló del Goro (Guardia Operativa de Restitución del Orden). Dijo que los torturan diariamente: “Nos bajan la térmica, no nos dejan tener nada, no nos pasan comida, los paquetes que recibimos los dejan del otro lado de la reja”. A lo que sumó: “Nos sacan mal al recuento físico, nos apretan por demás los grillos, nos pegan en las costillas, en todos lados”. Pidió que los saquen de resguardo para que los controlen los guardias comunes del Servicio Penitenciario.

La fiscal Karina Bartocci se opuso a la acción, aunque aclaró que va a abrir una investigación por la denuncia de Alan Funes. Por el Servicio Penitenciario estuvieron presentes el subdirector de la cárcel de Piñero y Matías Daruich, por la Secretaría de Asuntos Penitenciarios. Este último aclaró que los hermanos están en resguardo por voluntad propia y en esas condiciones tienen los mismos derechos que el resto de los internos, con la excepción de que no tienen contacto con otros presos.

“No tenemos problemas que vayan a pabellón, pero antes estamos haciendo entrevistas para saber cuál es el mejor lugar”, aseguró y pidió que no se ordene la remisión a un lugar específico. Aclaró que tomarán como un indicio la firma de los internos del pabellón 16 y pidió 15 días más para realizar las entrevistas, planteo que fue rechazado por el juez.

Suárez dijo que el resguardo debe cesar sí o sí. “No puede ser obligatorio”, afirmó, y los internos explicaron por qué se había pedido, aunque aclaró que la facultad de decidir el alojamiento es del Servicio Penitenciario. Trajo a colación la situación que se vivió por Tubi Segovia. El hombre, perteneciente al grupo encabezado por los enemigos de los Funes, el clan Caminos, estaba en resguardo, presentó un habeas corpus y pidió ir al pabellón donde estaban detenidos algunos miembros del grupo. El Servicio Penitenciario tardó un mes en evaluarlo y se dio curso al pedido de Segovia que terminó asesinado a traición en ese pabellón. Actualmente miembros del grupo al que pertenecía están imputados por el hecho.

“Hay un choque entre dos cuestiones”, dijo el juez y limitó al Servicio Penitenciario a sacarlos de resguardo en el plazo máximo de una semana. A los hermanos les aclaró que el traslado puede disponerse a otro pabellón de la propia Unidad 11 o a otra cárcel de la provincia.

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