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Un Club de Armas que le da vida y deportes al distrito sudoeste

Por Paola Cándido.- Con 1.200 socios, se practica desde arquería o shaolin hasta fútbol. Tiene dos piletas, una es la más profunda de la ciudad.


Un fuerte contraste: el antecedente inmediato anterior del amplio predio de la ex Fábrica Militar de Armas Portátiles Domingo Matheu, fundada en 1946, fue el de ser en parte el espacio de un centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico militar. En un sector de ese espacio funcionó luego un sitio de recreación que utilizaban los empleados de la firma estatal. Y en 1997, tras el cierre de la fábrica, el predio pasó a ser un Club Social y Deportivo fábrica de armas Domingo Matheu al que la provincia le renovó el contrato de comodato en noviembre pasado. El Estado santafesino cedió por 20 años más el terreno de casi diez hectáreas ubicado en Olegario Víctor Andrade al 3300. Ronald Boettner, síndico Mónica Rodríguez, secretaria de actas; Lucrecia Olivera, secretaria. Abel Castro, presidente, todos ellos integrantes de la comisión del club, relataron a El Ciudadano las memorias y las actividades del club.

—¿Cómo es la historia del club?

— Este era un club que pertenecía al Ejército, después empezó a tener problemas de juicios de ex trabajadores de la Fábrica de Armas. Cuando asumimos estaba muy deteriorado. Era una dependencia nacional, que pertenecía al Ministerio de Defensa pero tenía una deuda millonaria con la EPE. Después de la pulseada, los terrenos pasaron a la provincia. La pelea era para que no se hiciera otra cosa que un club, y en 1997 quedó como institución civil.

—¿Qué deportes se practican?

—Tenemos algunos insólitos, como arquería y fútbol americano, cuyo equipo sale siempre campeón. También shaolin (kung fu), yoga. Hay un grupo scout, equipo de pelota paleta –que fue campeón provincial– otros de paddle, tenis, ping pong, patín artístico, además de una escuela de natación. Y ofrecemos el espacio a colonias particulares, a las que se va a agregar una municipal. La mayoría de los chicos están becados. El predio es muy amplio, tiene nueve hectáreas y media. También hay una liga de fútbol de chicos. Es un club de barrio, pero diferente a los que son apenas cemento, una puerta y el buffet.

—¿Qué ofrece para el verano?

—Tiene dos piletas. Una de ellas es la única que en Rosario llega a 3,86 metros de profundidad, por lo que es ideal para hacer buceo. Hay juegos para los chicos, un quincho grande para 200 personas y otro para 60. Además, una cancha de vóley playero y otra de básquet. Queremos hacer una tercera pileta para que se pueda usar durante todo el año. La idea es hacer una polifuncional, que más allá de la natación tenga un sector de rehabilitación. Pero es difícil buscar los fondos.

—¿Cubren los gastos?

—El gasto de mantenimiento es alto. Tenemos que mantener casi 10 hectáreas, y con la cuota típica de un club de barrio es duro. Con esos aportes se cubre casi el 40 por ciento de los gastos. Para el 60 restante hay que inventar. Otros ingresos son los visitantes, lo que aporta la liga de fútbol amateur, los convenios con los sindicatos, la temporada de pileta. Todo eso nos permite solventar el invierno.

—¿Cuántos socios tienen?

—Son 1.200, y además tenemos convenios con el sindicato de Correos, con ATE. Y con Rosario Central, porque aquí practican los chicos de las inferiores que viven en zona sur.

—¿Cuál es el principal objetivo de la institución?

—Que la cuota sea accesible para todos. Por estatuto, hasta los 18 años pertenecían al grupo familiar, pero lo modificamos para extenderlo hasta los 21.

—¿Qué balance hacen de los últimos años?

—El club está mucho mejor. Estamos abiertos a la comunidad y en constante conexión con la vecinal, con el Centro de Distrito, con los colegios. Muchos clubes fueron desapareciendo, pero son parte de la cultura argentina. Los dos objetivos que tuvimos fueron regularizar los papeles y reclutar socios nuevamente.

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