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Un “chamuyo antropológico” sobre el ritual máximo del tango: la milonga

En “El tango en los pies”, la antropóloga y profesora de danza clásica y contemporánea Eugenia Calligaro busca construir conocimiento sobre esa expresión de la cultura popular a través de su experiencia como milonguera y dando contexto histórico hasta llegar a las milongas queer en la actualidad


Guadalupe Carmona

En el prefacio del libro El tango en los pies, su autora, Eugenia Calligaro, recomienda abordar las páginas como un “chamuyo antropológico”, en una intención de acercarse al lenguaje popular del lunfardo característico del tango. “La antropología tiene una tradición muy fuerte de estudios en cultura popular, el libro hace un rastreo de esas teorías y lo relaciona con el enfoque del tango en particular”, manifiesta la antropóloga, profesora de danza clásica y contemporánea y amante del tango, quien, en su afán por desnaturalizar los sentidos que circulan en las milongas, también apunta: “La intención fue unir mis dos pasiones, la danza y la antropología”.

En su libro Calligaro –que integró las compañías Ballet Group y La Troupe, y hoy dirige Tiemblan las Baldosas–, contextualiza históricamente para abordar esta idea de que el tango es una expresión nacional: “Me remonto a fines del siglo XIX y principios del XX, una época de inmigración masiva desde Europa meridional, sobre todo de italianos y españoles. En ese momento el tango era considerado una expresión que ponía en peligro, por su cosmopolitismo, el «ser nacional». La esencia de la nación era pensada en relación al folclore. Incluso Leopoldo Lugones para resistirse al tango decía que era un «reptil de lupanar», en alusión a su origen prostibulario. Realmente no se podía considerar al tango como una expresión nacional y artística”, cita Calligaro, y agrega: “Posteriormente, cuando el tango triunfa en Europa, en particular en París, eso hace que se valore en la Argentina, sobre todo desde los sectores de clases medias y altas”.

La autora también desanda el concepto de “lo popular” en relación a esta danza. “El tango va circulando por diferentes clases sociales, la expresión de que el tango es popular no tiene que ver con relacionarlo estrictamente con los sectores populares”, define. Calligaro explica que en la actualidad el tango es una expresión que se practica en grupos más reducidos. “Lo popular en el tango es más bien un valor que se sostiene a pesar de la diversidad de clases de quienes lo practican”, puntualiza.

Revitalización de la milonga

Como resultado de observaciones, entrevistas y experiencias, la antropóloga, estructura su libro en dos partes. Si bien hace un breve racconto desde la génesis del tango hasta hoy en Rosario, recorta dos períodos importantes en su historia: 1994-1995 y 2017-2020. La primera parte del libro es resultado de investigaciones realizadas en los años de ese primer período, por lo que “el lector deberá hacer el ejercicio de situarse temporalmente a mediados de la década del 90”.

Sin embargo, muchas de las apreciaciones comparten características con el presente. En los 90 “hubo un movimiento de revitalización del baile de tango, que yo lo remonto a la tan ansiada vuelta de la democracia en 1983”, cuenta Calligaro, y detalla: “El tango surge como danza, pero a partir de 1917 pasa de los pies a los labios para indicar el surgimiento y consolidación del tango canción. A partir de la década del 80 y del 90 hay una vuelta al protagonismo del baile, por eso nosotros le pusimos al libro El tango en los pies”.

En ese movimiento de resurgimiento en su forma bailada tomó fuerza el formato de “clases de tango” que no era común en la época de oro de esta danza en las décadas del 40 y 50. La autora sostiene que hay una transformación histórica de la manera en que se accede a los conocimientos del baile del tango.

“Cuando hice el trabajo de campo a mediados de los 90 circulaban por las clases milongueros y milongueras que habían aprendido de un amigo o de un padre a bailar, copiando figuras al asistir a las milongas”, cuenta. Es en este período donde toma forma, en estudios y escuelas artísticas, un proceso de institucionalización y sistematización de la enseñanza como forma de valorar el carácter de arte del tango y su estatus de símbolo nacional. “Hay una constante apelación al pasado cuando se habla de tango, como si el tiempo del tango fuera el pasado. Esto lo vi en las entrevistas cuando me decían que un determinado barrio era tanguero, al preguntar por qué aludían a la historia pasada del tango, por ejemplo en la República de la Sexta o Pichincha”, sostiene Calligaro.

Bailar bien, lo que importa

¿Por qué en Rosario hoy el tango tiene protagonismo? “En la década del 90 había 20 lugares nuevos en donde se enseñaba tango, que durante los 60 y 70 no existían. En el rastreo que hice desde 2017 a 2020 encontré veintipico de milongas que funcionaban con una continuidad semanal. Todos esos son indicadores de ese movimiento de resurgimiento del baile de tango”, afirma Calligaro.

A la milonga la autora la describe como ritual de encuentro, como refugio, como lugar de formación. “A partir de observar y experimentar en muchas milongas fui plasmando una descripción de la organización del tiempo y el espacio, está muy normatizado”, manifiesta.

“El juego de miradas, el hombre que se acerca a la mujer dejando una distancia, el cabeceo del hombre para sacarla a bailar. La ronda en sentido antihorario para bailar, la distancia que tiene que haber entre las parejas para no chocarse, la organización del tiempo en tandas y cortinas”, detalla la Calligaro sobre códigos y convenciones de este baile tanguero. También opina: “La milonga puede ser entendida como un espacio transgresor, donde se encuentran en el abrazo íntimo del tango personas de distintas edades y diferentes clases sociales. A esta no discriminación por clase y por edad la llamamos el «carnaval del tango». En la milonga el principio supremo es la pericia en el baile, bailar bien, eso es lo que importa. El tango apela a la búsqueda de un lugar en el sentido más clásico antropológico, a la búsqueda de identidad. En estos espacios circulan relatos que están vinculados con la construcción de identidad urbana, en nuestro caso rosarina, y se relaciona con esta cuestión de que el tango expresa los sentimientos de los argentinos”.

Las milongas queer

La normativa de la milonga se modificó con el arribo de las reivindicaciones igualitarias. Se cuestionó al tango por ser una danza machista y afloraron encuentros con características diferentes. En su libro Calligaro da cuenta del surgimiento de las milongas queer entre el 2017-2020.

“En la década del 90 se practicaba el tango heteronormativo exclusivamente, esto es, el hombre que saca a bailar a la mujer, que la guía durante la danza, y la mujer que se deja llevar. Cuando yo preguntaba si el tango era un baile machista los bailarines y milongueros en general me decían que no consideraban que esta diferencia de roles tenía que ver con que el hombre era el que mandaba y la mujer una sometida, que eran discursos que circulaban por afuera del mundo del tango”, cuenta la autora y continúa: “Fueron surgiendo encuentros como los de la Colectiva Feminista Subleva Tango, que propone milongas solo de mujeres o las milongas queer como la Milonga Arcoíris. Allí se plantea un cambio en la cuestión de la comunicación de la pareja y en los roles de guiar y dejarse llevar; en estas milongas los roles se alternan en un mismo tango y también es común ver bailar a dos hombres o a dos mujeres”.

Calligaro sostiene que si tienen que existir las milongas queer o milongas de mujeres, quiere decir que en las milongas tradicionales practicar estos intercambios de roles y bailar entre personas del mismo género “todavía no se siente cómodo por esta cuestión de la mirada de las personas que están en las mesas rodeando la pista de baile”.

El tango en los pies, publicado por HyA Ediciones, acaba de tener una segunda tirada y el 5 y 6 de agosto se presentará en la Facultad de Humanidades y Artes en el marco de la conmemoración de sus 75 años, a instancias del Centro de Estudios de Tango y Danza, que la autora codirige con Anabela Hernández. “Se acaba de largar la primera reimpresión del libro. Estamos recontentos con la gente de la editorial. Escribir este libro tiene que ver con mi pasión por el estudio antropológico, por construir conocimiento y encima en torno a una actividad que me da placer practicar”, concluye Calligaro.

 

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