Policiales

Homicidio en Luis Agote

Un barrio conmovido por el crimen del Rengo Luis

Esta mañana apareció en Urquiza al 3200 el cuerpo sin vida de Luis Deangeli, un indigente que desde hace años frecuentaba la zona del hospital Centenario. Tenía el cuello cortado y varios golpes en la cara. Todo el vecindario mostró consternación por el fallecimiento de Garfield


La entrada de un edificio de Urquiza al 3200 fue el último lugar de Luis El rengo.

Luis Alfredo Deangeli tenía 60 años y hacía por lo menos dos décadas que el alcohol lo había empujado a la calle. Su lugar habitual era la zona del hospital Centenario, en barrio Luis Agote. Una vecina lo encontró asesinado este martes por la mañana en la entrada de uno de los edificios donde solía dormir, en Urquiza al 3200. Tenía un corte en el cuello y golpes en la cara. Su muerte gratuita –como definió un vecino– conmocionó al vecindario: el Rengo, o Garfield, como lo apodaban, era un personaje pacífico que no tenía problemas con nadie y se había ganado el cariño de vecinos de todos los estratos sociales.

En los últimos tiempos Luis había conseguido una muleta tipo canadiense que solía llevar a todos lados. Aunque no gozaba de buena salud, quienes lo conocían aseguraron, en voz baja, que el artefacto era parte de una picardía para apelar a la compasión del transeúnte y conseguir algunas monedas más. Sufría una diabetes incipiente, que se trataba en el hospital Carrasco y en el Heca, aseguraron, y cada tanto solía internarse por recomendación de un médico amigo para desintoxicarse.

Luis se despidió de Carlitos, el dueño de la despensa de Vera Mujica y Urquiza, donde se lo solía ver tomando una cerveza sentado sobre un balde. Era la 1 de la madrugada y la noche se avecinaba como una de tantas. Deangeli pernoctó en el espacio de la entrada de un edificio de Urquiza al 3200, al amparo de un techo y una garita de gas. A las 7.20 una vecina pasó por el lugar y notó que algo andaba mal. Según confió al El Ciudadano, vio a Luis desnudo y golpeado, aunque no pensó que estaba muerto. Lo extraño es que cuando volvió a pasar el hombre estaba vestido, afirmó. De acuerdo con su relato, en la escena había un hombre junto al cuerpo y entonces le alertó a un tal Ruso para que avise a la Policía. Poco después la cuadra se llenó de patrulleros, vecinos y curiosos. La muleta y dos bolsas de consorcio con casi la totalidad de las pertenencias de Deangeli terminaron en el baúl de un patrullero como evidencia secuestrada. La morguera se llevó el cuerpo y en la puerta del edificio quedó un hilo de sangre.

“Él no trabajaba. Siempre se quedaba en la esquina. No tenía conflictos, era un señor grande. Algún loco del Suipacha que tenía bronca con él habrá sido”, especuló un cuidacoches que se mostró consternado y dijo conocer a Luis desde hace 15 años. Todos los vecinos coincidieron en que la víctima era una buena persona que no estaba exento de los peligros de la noche. “Varias veces unos faloperos lo golpearon para robarle”, se quejó una vecina.

 

Quienes lo conocen contaron que Luis había trabajado de machimbrero, un trabajo que con el tiempo se volvió incompatible con los problemas de consumo de alcohol. Vivía en barrio Refinería, pero con el tiempo naufragó en la calle. Su zona predilecta era el barrio Luis Agote, conocido también como Terminal. Allí andaba con apenas unos enseres repartidos en bolsas de consorcio y otra parte la guardaba en la despensa de la esquina, atentida por Carlitos, donde también se aseaba y afeitaba.

Si bien pedía unos pesos, siempre lo hizo de buena manera y no molestaba a los vecinos, coincidió gran parte del barrio. Su muerte es “otro golpe más de la vida”, definió Carlitos, que lo conocía desde hace más de 20 años.

Foto: Juan José García

 

El caso está en manos del fiscal de homicidios Luis Schiappa Pietra, quien confía en que las cámaras de seguridad aporten un dato para dar con el asesino de Luis. “Por la forma en que está dispuesta la sangre no parece que hayan trasladado el cuerpo”, dijo. En el lugar trabajó personal de la Policía y la división Criminalística de la Policía de Investigaciones. A Luis mucha gente lo conocía y no se descarta que algún testimonio pueda aportar un dato vital para la investigación.

“No se puede descartar ninguna hipótesis”, dijo el funcionario, quien admitió que abril de 2018 es un mes signado por la gran cantidad de casos de homicidios dolosos. Cerca del mediodía la cuadra había vuelto a la normalidad. Una normalidad que sin Luis no era la misma.

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