Edición Impresa, El Hincha

Un adiós grande a Lobrauco

Por: Lisandro Olearo.- Jugando al mismo nivel de siempre, Leandro Lobrauco se despidió del rugby en su querido Atlético del Rosario.

Algunas de las joyas del rugby rosarino emigran, otras se desarrollan y otras, como el caso de Leandro Lobrauco, le ponen fin a una carrera llena de alegrías, de logros. Pero lo importante es que después de tantos años deja un buen recuerdo como ser humano, algo que distingue al ahora ex medio scrum de Atlético del Rosario.

Desde chico deslumbraba con su juego vistoso, rápido e insolente que desafiaba a todas las defensas. Esas condiciones naturales lo llevaron a ganar el Veco Villegas y desde ahí pasó por todos los seleccionados Nacionales: Pumitas M19 y M21, Seven, seleccionado Universitario y Los Pumas. Se destacan el Campeonato Mundial para menores de 19 años ganado en 1993 en Lille, Francia; el seven de Toulon, siendo la primera vez que un equipo argentino ganaba una etapa del incipiente circuito internacional.  A días de su cumpleaños número 37, Leandro Lobrauco le dijo adiós al rugby. “Después de muchos años de carrera, de constancia, del sacrificio que uno hace con pasión y ganas, de tantos entrenamientos, viajes, partidos, en algún momento me tenía que tocar, creo que es el momento justo para retirarme, jugando en primera y dejando una buena imagen”, comentó.

Al finalizar el partido ante Champagnat, Plaza Jewell despidió a uno de sus hijos pródigos como se merece. “Mucho no había anunciado porque no es fácil, uno nunca sabe porque te queda la esperanza de seguir, pero la decisión es firme y no hay vuelta atrás. Viví un sábado especial. Durante el partido mucho tiempo para pensar no tuve porque fue muy parejo, ganamos en el último minuto con un penal y recién ahí con el pitazo final me di cuenta de lo que estaba pasando fue muy lindo, no me esperaba el saludo cuando terminó el partido, no me puedo quejar, todo el cariño que recibí, por los momentos vividos, fueron muchos momentos lindos, muchas satisfacciones”, expresó un emocionado Lobrauco. “Es toda una vida entorno a una cancha de rugby, algo que siempre cuento, cuando entrenaba ya sea en Plaza, en Italia o donde sea miraba al piso, a los palos, el horizonte y pensaba en voz alta ‘acá me trajo el rugby’”, dijo el ex medio scrum de Plaza.

Con el sueño cumplido de gritar campeón con Plaza en 2000, Leandro emigró al rugby italiano donde vistió los colores de Cus Roma, L’Aquiala, Rovigo y Padova. “Salí campeón con Plaza en 1996 y 2000, ese año estuve de gira por Europa con el club y con Los Pumitas y quería tener la experiencia de vida en Europa, después del campeonato del 2000, con el sueño cumplido de salir campeón con el club, tuve la suerte de poder emigrar al rugby italiano”, dijo Lobrauco.

“Sin dudas los valores que te da el rugby son muy importantes, el trabajo en equipo, la superación constante, la solidaridad en la cancha con tus compañeros, la sintonía de un plantel entero en el que tienen que estar todos aunados por un mismo objetivo, la amistad y el compañerismo por todo eso y más el rugby es un deporte que no discrimina”, sentenció el rosarino.

Un tema ineludible es saber qué lugar ocupa Atlético del Rosario en su vida. “Es mi segunda casa, es el lugar que me dio la posibilidad de desarrollarme como persona, como jugador, de conocer a mis amigos, de cierta manera conocer a mi esposa, de que mis hijas puedan divertirse cada vez que van al club, puedo estar tranquilo y relajado porque si no las miro seguro hay alguien de Plaza que las cuida”, relató.

“La idea en lo inmediato es descansar, dentro de muy poco me voy a Bermuda con los Pumas Classic, que es una gran satisfacción muy grande, es como un viaje de egresados del rugby, después de tantos años poder jugar con amigos con los cuales uno comparte la misma pasión. En 2012, sería descansar y en el futuro es ser entrenador de primera”, concluyó la última charla entre Leandro Lobrauco jugador con El Hincha, con la sensación de que su simpatía, sinceridad y frescura a la hora de las declaraciones se van a extrañar.

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