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34° Festival de Cine de Mar del Plata

Trescientas películas de todo el mundo y tres que ya dan que hablar

La nueva edición del festival marplatense tiene una vez más títulos importantes, estrenos mundiales, sorpresas distribuidas entre los siete segmentos competitivos, entre ellas tres películas de diversas procedencias vienen agotando entradas y generan conversaciones al final de cada proyección


Paula Bistagnino / Especial desde Mar del Plata para El Ciudadano

La 34° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el más grande de la Argentina y uno de los quince festivales calificados como Clase A –categoría que comparte con Cannes, Venecia y San Sebastián– tiene una vez más títulos importantes, estrenos mundiales, sorpresas y de todo un poco.

Entre los siete segmentos competitivos, la exhibición de 300 películas y las 500 proyecciones en 15 salas y durante 10 días, hay tres que ya dan que hablar y vienen agotando entradas y generando conversa entre la enorme cantidad de espectadores que convoca.

Una de ellas es Parasite (Parásito), del surcoreano Bong Joon-ho. Luego de Snowpiercer (2013) y Okja (2017), el director vuelve a Corea del Sur y a una historia más cercana a los comienzos de su carrera y a su debut con Barking Dogs Never Bite (2000).

Se trata de una mezcla de retrato social y comedia negra y comienza con un tono acelerado y divertido en la que una familia de pobres estafadores trata de usufructuar la acumulación propia de una familia de ricos.

Pero las cosas no son lo que parecen, y esa dualidad un tanto simplista se terminará complicando. Bong cuenta la historia sin caer en la condescendencia, ni con el público ni con sus personajes, y muestra un mundo desolador, dominado por la ambición y el dinero, y donde la esperanza parece ser solo una trampa más.

La película es un tanque internacional, con recaudaciones récord en todo el mundo –incluidos los Estados Unidos– y suena como candidata a ganar el Oscar 2020 a mejor película extranjera.

 

La vida invisible (A vida invisível), del brasileño Karim Aïnouz está planteada, desde la ficción, como una mirada a la sociedad machista y clasista brasileña de la década del 50.

Con todos los elementos del melodrama, la belleza de Río de Janeiro y dos protagonistas mujeres, La vida invisible cuenta la historia de Eurídice (Carol Duarte) y Guida (Julia Stockler), dos hermanas que rompen los mandatos sociales de su época y sufren las consecuencias.

Una será desterrada por ser madre soltera y la otra obligada a casarse y sacrificar su vocación de pianista. Basada en la novela homónima de Martha Batalha, es además una mirada de tinte casi feminista sobre la opresión y la violencia sufrida por las mujeres, a la vez que una reivindicación.

Agotadas todas sus funciones y con la presencia de Carol Duarte, además activista lesbiana y feminista, es una de los films estrellas del Festival. Y lo seguirá siendo: es la película elegida para representar a Brasil en los premios Oscar y pronto se estrenará en los cines de Argentina.

 

La argentina Las buenas intenciones, de Ana García Blaya propone un viaje autobiográfico y musical a la infancia de la directora, que aún no cumplió 40 y debuta con esta película estrenada en Toronto y ganadora del premio de la juventud en San Sebastián.

A principios de los noventa en Buenos Aires, Amanda tiene 10 años, dos hermanos menores y padres separados. Cuando los niños están con su padre, Amanda se ve obligada a ocupar el lugar de adulto y a cuidar un poco de todos, ya que su papá es algo “desprolijo”.

La disquería del padre y la música, sobre todo, son protagonistas. Los niños Amanda y Carmela Minujin –hijas de Juan, que tiene una participación como el padrastro– y de Exequiel Fontenla, son la sorpresa de la película. Javier Drolas y Jazmín Stuart componen los otros protagónicos.

 

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