Ciudad

En Italia y Catamarca

Tres haitianos se subieron al boom de la cerveza artesanal

Son hermanos que llegaron a Rosario para estudiar medicina pero de a poco incursionaron en el negocio gastronómico. Phaima, Jhony y Kesma tienen su propio negocio


La historia de los hermanos Sainte puede marcarse como el cruce perfecto de dos fenómenos que modificaron la cotidianeidad rosarina en los últimos tiempos: el boom de la cerveza artesanal y la llegada masiva de extranjeros a las universidades públicas. Phaima (27), Jhony (25) y Kesma (23) vinieron desde Haití para cursar medicina, pero sus permanentes ganas de animarse a más los transformaron en algo más que simples estudiantes. En 2016 arrancaron su propio emprendimiento y hoy son sensación en un barrio que los vio crecer, pasando de una pequeña pizzería a un bar cervecero con los mejores precios de la ciudad.

Aunque ahora disfrutan las mieles de un negocio que les permite una buena vida, las cosas no siempre fueron fáciles para ellos. Los primeros meses exigieron mucho esfuerzo y sacrificio, fundamentalmente con el aprendizaje de un idioma que creían cercano pero encontraron distante. “Todo era al revés”, dice Phaima, quien tenía 21 años cuando tocó suelo argentino, allá por 2012.

“Me acuerdo una vez, al poco tiempo de llegar, un compañero nos dijo de ir un domingo al Parque España. Estábamos en la parada de Francia y Córdoba esperando un colectivo que no pasaba nunca. Allí había una señora más o menos grande a la que en un momento le dije: «Bueno, cojámosnos un taxi…» Para qué, la señora me miró como con miedo, rara. Tuvimos que aprender que acá esa palabra se usaba para otra cosa”, recuerda.

Cualquier técnica servía para incorporar un lenguaje que les resultaba totalmente distinto al que habían estudiado en la secundaria. Escuchar música en español, sumarse a toda charla o hasta mirar novelas con un diccionario al lado, todo valía. También colaboraron los compañeros de la pensión, que siempre buscaban la mejor forma de comunicarse, incluso hablándoles en inglés.

“Los que vivían con nosotros nos dieron una buena bienvenida. Nos dieron una mano bárbara con todo, incluso con la carrera, porque todos eran estudiantes de medicina, así que nos decían cómo manejarnos, las materias, los apuntes. Nos ayudaron mucho”, intercede Jhony, quien llegó a Rosario una semana después que su hermano mayor.

Kesma arribó varios años más tarde, cuando ya la presencia extranjera en la ciudad dio un salto de escala. Entre la llegada del primero y el último de los hermanos el número de estudiantes internacionales en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se duplicó, pasando de 1.458 a 3.039. En relación a su aporte dentro del total, Haití es el cuarto de un listado que encabezan Brasil, Perú y Colombia. Igualmente, el número de residentes del país centroamericano es alto: son 2.500 según datos de la Dirección Nacional de Migraciones.

A los extranjeros se les exige la aprobación de 4 materias extras para estar en condición de presentarse a los finales del primer año: Historia argentina, Geografía nacional, Formación Ética y Español. Phaima y Jhony no llegaron a rendirlas, por lo que se encontraron sobre el final de 2012 con algo de tiempo libre. Decidieron buscar trabajo, no sólo para llenar ese vacío, sino también como herramienta para seguir aprendiendo el idioma. Así fue que hicieron sus primeras armas en el rubro gastronómico, en un bar y en una pizzería.

“En un momento, con lo que cobrábamos, nos alcanzaba para vivir y ahorrar un poquito más. Llegó un día que nos empezamos a preguntar qué hacer con ese dinero que nos sobraba, y ahí surgió la idea de empezar con una pizzería, que abrimos en marzo de 2016”, cuenta el Sainte mayor. El local elegido estaba ubicado en la esquina de Italia y Catamarca, la misma donde hoy funciona el bar Feelin’.

Phaima recorre el espacio y va explicando cómo estaba todo hasta hace un par de años: “Acá había sillones, allá el mostrador y por ese lado la heladera. Era mucho lugar para una pizzería. Sólo hacíamos delivery”, va diciendo, mientras recuerda una conversación con su hermano a principios del año pasado en la que llegaron a la conclusión que ya estaban como para dar el salto y animarse a una apuesta mayor.

Mientras los hermanos deliberaban, en Rosario se daba un fenómeno que cambiaba la estructura comercial de la ciudad: había llegado el boom de la cerveza artesanal. No había semana que no tuviera un corte de cintas vinculado a la rubia bebida, una tendencia que inició hace finales de la década pasada con la llegada de marcas como Antares y Fenizia, pero que pegó un salto desproporcionado en 2017, cuando abrieron cerca de 30 nuevos espacios.

“Además de trabajar como mozo hice el curso de coctelería, entonces nos pareció que era buena idea poner un barcito, y como estaba de moda el tema de la cerveza, fuimos por ese lado”, expresa Phaima, quien infla el pecho y deja en claro que él se encargó de todo el diseño del bar y la selección de proveedores. “Decidimos trabajar con cervezas locales, y fui eligiendo las que a mi gusto me parecieron las más ricas”, afirma.

Los compañeros de facultad y la gente del barrio fueron los primeros clientes. La combinación de simpatía de los centroamericanos y los buenos precios hicieron el resto: hoy es difícil conseguir una mesa libre los fines de semana, cuando el bar se llena de gente. Además de pizzas y cervezas, la otra especialidad son las hamburguesas, que son “bien caseras y con un toque haitiano” que les da la diferencia.

El bienestar aportado por el emprendimiento comercial no los detiene en sus estudios. La idea de los hermanos Sainte es hacer lo que hicieron toda la vida: animarse a más, subir la apuesta y devolverle al país una parte de lo que recibieron. “Nos ofreció mucho: desde estudiar hasta implementar un negocio. Queremos quedarnos acá, especializarnos y luego veremos. Argentina es un hermoso país”, concluyen.

Un piropo para las rosarinas

La charla va llegando a su fin y aparece el tema de las mujeres rosarinas. Se hace un silencio y cuando pasan unos segundos Phaima y Jhony sueltan una carcajada de esas que solo ellos pueden largar. “Yo fui a Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe… Pero las mujeres rosarinas son impresionantes”, dice el primero. “La verdad que sí. Además, llegan para estudiar, en el mejor momento de sus vidas, son muy lindas”, reafirma el segundo.

Messi y Maradona

Antes de llegar, no sabían demasiado sobre Argentina. “Sólo sabíamos que era el país de Messi, Maradona y el fútbol. Y que hacía mucho frío”, cuenta Phaima, que llegó a Ezeiza un 12 de enero emponchado hasta las narices, campera de invierno inclusive. Apenas salió del aeropuerto el golpe de calor lo sintió en la piel. “En ese momento me pregunté si verdaderamente estaba en Argentina o en dónde. Por suerte la campera la guardé en el bolso, porque cuando llegó junio, me vino muy bien”, recuerda entre risas.

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