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Trasplantado, deportista, y sobre todo un eterno agradecido

Por Antonio Capriotti


cienciadentro

Héctor “Etín” Manca es tucumano, ronda los 50 años y le gusta la bicicleta. “Hago ciclismo de ruta y mountain bike”, dice con orgullo. Con este transporte viajó desde la capital norteña hasta la ciudad en marzo del año pasado para brindar homenaje a la persona que donó el hígado que utiliza desde hace 10 años tras ser trasplantado en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Pocos días antes de venir a Rosario, Héctor Manca recibía una invitación para representar al país en el próximo mundial para atletas trasplantados. Aún así, quiso estar para “compartir con los amigos trasplantados este evento organizado por el Cudaio (Centro Único de Donación Ablación e Implante de Órganos de la Provincia de Santa Fe)”. Hoy se acomoda como para comenzar a narrar una historia que se columpia entre la vida y la muerte. “Un 30 de junio fallecía alguien en un accidente en Santa Fe. De su generosidad y la de su familia, siete personas pudimos seguir viviendo”, relata y continúa: “Era mi deseo estar en Rosario”. “Quería decirle «lo que me has dejado está aquí conmigo y estoy pisando tu tierra. Estoy con tus comprovincianos y estoy vivo. Cuido y valoro lo que me has dejado»”, evoca Manca, cuyos ojos se convierten en redondeles de agua. “Estoy muy agradecido a Santa Fe. Esta provincia es sinónimo de vida para mí. Rosario significa mucho para mí. He sido distinguido como visitante ilustre”, comparte y cada recuerdo emotivo lo obliga a hacer una pausa.

En el futuro inmediato, Héctor se prepara para representar a la Argentina en las Olimpiadas para Trasplantados que se realizarán entre el 28 de julio y el 4 de agosto en Durban, Sudáfrica. Pero a su vez el atleta se toma tiempo para agradecer al doctor Fernando Staffieri y al Centro Cultural de la Salud. “Aquí estoy para dar testimonio y para contagiar a los posibles  donantes de órganos y de médula ósea”, agrega.

—No hace mucho viniste en bicicleta de Tucumán a Rosario en bici…

—Es una de las locuras que he hecho en mi vida. En el 2009 mientras paseaba por la Plaza de Mayo, pensé: “Hace cuarenta años que vengo a Buenos Aires y no conozco el Cabildo”. Así que creí que sería una buena oportunidad para hacer un gesto solidario y de agradecimiento. Es que recibir un órgano, es un gesto maravilloso para quien lo recibe. Uno nunca debe dejar de agradecer ese acto de amor. Así fue que me embarqué en un proyecto que llamé “De la casa histórica hasta el Cabildo”.  Pedaleé 1.300 kilómetros a un promedio de unos 100 kilómetros por día. En cada parada daba charlas  en escuelas, comunas o bibliotecas para compartir el testimonio de un agradecido en favor de la donación de órganos.

—Y a Rosario, ¿cuándo llegaste?

—El 24 de Marzo del año pasado. Y pude, por fin, conocer el Monumento a la Bandera al que sólo había visto en fotos y en el billete de diez pesos”.

—En esa circunstancia apoyaste al doctor Fernando Staffieri para ayudarlo a conseguir donantes de médula ósea compatible para su hija Florencia…

—Sí. Es un tema. Yo creo que van de la mano tanto la donación de órganos como la donación de sangre y de médula. Y aquí estamos luchando por la misma causa, que es la vida.

A Héctor lo trasplantaron en el Hospital Italiano de Buenos Aires. El doctor Santibáñez estuvo a cargo de la operación. El médico fue el primero en realizar trasplante de hígado en Argentina. El ciclista y promotor de la donación de órganos sufría una enfermedad muy rara, la enfermedad de Wilson por la que su hígado no producía una enzima encargada de metabolizar el cobre que está presente  en muchos alimentos. Se trata de una enfermedad congénita no hereditaria y no trasmisible. “Pese a que la tenía desde siempre, me la diagnosticaron a los 34 años”, afirma. El hígado de Manca estaba muy comprometido. Su estado era irreversible ya que padecía una cirrosis de grado avanzado. “Ahí me di cuenta de que la ciencia médica es cada vez más precisa”, afirma Manca y agrega “Los médicos me dijeron que mi hígado tenía una vida útil de entre siete y diez años”. Cumpliendo con la predicción médica en 2003 el órgano entró en crisis.

Manca se acerca a la parte más dramática de su historia, y lo hace con decisión. “Estaba internado y me pasaban sueros y albúmina. Me entero que la provincia no podía conseguir un avión sanitario para trasladarme a Buenos Aires. Tomé una decisión, en realidad, una locura Me desconecté la albúmina y el suero”, relata y continúa “Me escapé del sanatorio, tomé el primer colectivo a Buenos Aires. Fue el viaje más largo de mi vida. Fue el viaje de la vida. Cuando llegué los médicos no se explicaban cómo estaba con vida”. En abril del 2003 Manca ingresó a la lista de emergencia del Cudaio, en junio se descompensó y tuvo que someterse a una encefalopatía. “Hice fiebre hepática. En ese momento llegó mi ángel. Y después de diez años me siento bien”, concluye sin dramatizar.

El trasplante de órganos es una solución heroica para resolver estados irreversibles producidos por algunas enfermedades que representan un verdadero desafío para la humanidad. Desde hace miles el hombre viene intentando con ingenio y esfuerzo encontrar soluciones. Las que fueron convergiendo desde el avance de la ciencia, con el aumento de la destreza quirúrgica, y con la incorporación de la alta tecnología. Todo lo cual hubiese sido insuficiente, de no mediar el altruismo y la solidaridad de los donantes. De esto conoce muy bien Manca. Para el atleta recibir un órgano es un acto de amor tan grande, un gesto de solidaridad y altruismo.

Estadísticas de Argentina

Hasta la fecha hay 7.431 pacientes en lista de espera por un órgano en Argentina. En 2013 se hicieron 678 trasplantes con  296 donantes reales y un promedio de 7,1 donantes por millón de habitantes. Las estadísticas provienen de la Central de Reportes y Estadísticas del Sintra (Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina). Se trata de un sistema informático para la administración, gestión, fiscalización y consulta de la actividad de procuración y trasplante de órganos, tejidos y células en el ámbito nacional. En Santa Fe el Cudaio informó que hay 551 pacientes en lista de espera de órganos. Y que en 2013 se realizaron 65 trasplantes con 29 donantes reales y con un promedio de 8,7 donantes por millón de habitantes, lo que lo sitúa por encima de la media nacional.

Historia mundial y nacional

En el siglo XV aparece representada una de las primeras ideas de trasplante con donante cadavérico con fines terapéuticos cuya imagen quedó plasmada en el óleo “Milagro de San Cosme y San Damián”. A estos hermanos médicos que vivieron en el siglo III se les atribuye el reemplazo de la pierna de un soldado con cáncer por la de un hombre que acababa de fallecer. Pero habrá que esperar hasta entrado el siglo XX para que se comience a trabajar con mayor rigor y efectividad. El primer trasplante de órganos fue de córnea, 1905, por Eduard K. Zim, oftalmólogo austríaco. En 1950, el cirujano estadounidense Richard H. Lawler realiza en Chicago el primer trasplante de riñón con éxito. En 1963, Thomas E. Starzl, realiza los tres primeros trasplantes de hígado. El 11 de junio de 1963, James D. Hardy realiza  el primer trasplante de pulmón a un enfermo terminal que sobrevivió 18 días. El 3 de diciembre de 1967, Christian Barnard, realiza con éxito el primer trasplante de corazón.

Trasplante

En Argentina el primer trasplante de córneas lo realizó en 1928 el doctor Antonio Manes en el Hospital Rawson. En 1948 el doctor Otolengui hace el primer trasplante de huesos en el Hospital Italiano de Buenos Aires. En 1951, se crea el primer Banco Nacional de Córneas y Vasos. En 1957 el primer trasplante renal es realizado por el profesor Alfredo Lanari, en el Instituto de Investigaciones Médicas dependiente de la Universidad de Buenos Aires.

Corazón

En 1968 se lleva adelante el primer trasplante cardíaco por el doctor Belizzi, en Lanús. En 1988 llegaría el primer trasplante hepático a cargo del doctor Eduardo de Santibáñez, en el Hospital Italiano de Buenos Aires. En 1990 sería el turno del primer trasplante cardio-pulmonar del equipo del doctor René Favaloro.

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