Edición Impresa, Política

Entrevista

Tras los pasos europeos de Perón

El abogado y escritor Ignacio Cloppet puso la lupa en el viaje que el ex presidente realizó por Europa entre 1939 y 1941. En base a documentos y cartas inéditas, reconstruyó aquel recorrido que plasmó en su libro “Perón en Roma”.


Tal vez uno de los momentos menos estudiados en la historia de uno de los políticos más influyentes que ha dado este país, el general Juan Domingo Perón, sea su primigenio viaje a Europa entre 1939 y 1941. Poco se sabe o, mejor dicho, mucho han especulado los historiadores sobre aquel viaje iniciático que tuvo eje en el Viejo Continente durante la Segunda Guerra Mundial, antes de la conformación del GOU, del golpe del 43, de su ascenso en el gobierno de Edelmiro Farrell y, por supuesto, de su primera presidencia. Es decir, “antes de que Perón sea Perón”.

El abogado y escritor Ignacio Cloppet dio a conocer documentos y cartas inéditas de aquella época, reunidas en el libro “Perón en Roma”, donde el fundador del justicialismo cuenta de primera mano qué vio, sintió y pensó en aquel viaje iniciático.

“Este libro se apoya en diez cartas inéditas que Perón escribe en dos etapas distintas de su vida. Unas cartas de amor a una tía (Mercedes “Mecha” Perón) y las otras siete que las escribe desde Europa. Yo trabajo sobre documentos históricos, sobre fuentes fidedignas, sobre hechos reales, no especulo, no ideologizo, no busco tendencia, sino que encuentro el documento y lo esbozo sobre un contexto histórico”, dijo Cloppet en diálogo con El Ciudadano.

—Poco se conoce o mucho se ha especulado con aquel viaje de Perón a Europa, ¿qué es lo que se sabe realmente?

—Todo lo que se ha escrito no ha sido sobre documentos ciertos sino que han sido fundado en especulaciones históricas o historiográficas. Lo que hice, primero, fue tratar de contextualizar cuáles fueron las fechas reales en las cuáles viajó, a qué ciudades fue, cómo se formó como militar alpino.

Te vas a encontrar con historiadores como Joseph Page, un norteamericano, o Félix Luna, que no es peronista, y ellos dicen que nadie sabe a ciencia cierta qué vio y qué pensó Perón en su paso por Europa mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial. Bueno, acá están por primera vez las cartas. Perón relata, observa y cuenta, no toma partido. No dice “(Benito) Mussolini es bueno, Mussolini es malo”, “(Adolf) Hitler es bueno, Hitler es malo”. Él no toma partido, él va observando y hace una descripción notable de cada cosa que va sucediendo en Europa. Ahí está lo novedoso porque algunos autores querían embanderarlo con el nazismo, otros con el fascismo, otros con el socialismo. Y en realidad Perón lo que hace es observar. Uno ve un hombre sencillo pero profundo. Un hombre que relata las cosas que va viendo con una gran profundidad y sencillez a la vez.

—Algunos historiadores dicen que allí toma aspectos de la sociedad fascista como el orden y el uso de la propaganda. ¿Qué cuenta Perón de esa sociedad?

—Rescata algunas cosas y critica otras. Dice “nada tenemos que envidiarles a los europeos”, en muchas circunstancias. En realidad a él hay cosas que le llaman la atención en el orden, tal vez. Pero ojo que no solamente está en Italia; viaja a la Unión Soviética, a Berlín, a París. Y tiene una mirada sobre todo lo que estaba sucediendo y no compra lo que el oficialismo le mostraba, no compra lo que el gobernante de turno ostentaba. Sino que él se toma el trabajo de hablar con los nacionales franquistas y con los republicanos que habían perdido la guerra y así va haciéndose una imagen de todo el espectro político de cada lugar. Es cierto, sí, que seguramente cualquier persona se conmovería al participar de un acto donde Mussolini hablaba ante miles de personas; sin dudas eso lo habrá impresionado. El comentario que hay sobre Mussolini es como un hombre de orden; no rescata la doctrina sino el personaje.

—¿No está tomando partido?

—No, para nada. Y eso es algo que a mí me parece muy novedoso para los que han estudiado ese período. No es Ignacio Cloppet el que lo escribe, es Perón. ¿Y cuándo lo escribe? En el año 1939, no lo está recordando 30 años después en un reportaje. Acá es él mismo, es frescura, es virginalidad del texto, es la mirada sobre el problema en sí, que es la mejor forma de testimoniar. Acá lo bueno es que Perón lo escribe estando en el lugar y eso es lo importante.

—¿Qué otras cosas resalta Perón o son recurrentes en sus cartas?

—Tiene frases como “menos mal que en la Argentina no hubo un medioevo”. Fijate que critica al medioevo, ya ahí se lo ve como un hombre progresista, no estancado en las estructuras en las que fue formado, que fue una institución de elite como es el Colegio Militar y que había sido nieto de un oligarca. Una de las enseñanzas que trae de Europa es “el tiempo de la mujer joven”. El orden sindical le llamó la atención. Otra de las enseñanzas es el tema de la tercera posición, él lo tenía visto ya antes de que la guerra se desatara. A (Francisco) Franco lo trata mal, le dice “el zaino viejo” en las cartas. Perón no se quedó quieto. Pero era un hombre que ya estaba muy formado cuando fue, tenía 45 años, ya era un hombre, era un observador, un historiador, un hombre irrepetible. Europa le aportó algunas cosas pero no le hicieron perder las luces de sus ideas. Para nada.

“Tiene sensibilidad desde muy jovencito”

Ignacio Cloppet se encarga de resaltar el costado humano de Juan Domingo Perón, destaca su “sensibilidad” y su preocupación por los humildes desde muy temprana edad. “Hay testimonios, que yo cuento también en el libro, que Perón comía con los colimbas en Puente del Inca y eso se veía mal”, agregó sobre el paso del ex presidente por Mendoza, a la vuelta de su viaje a Europa.

“Perón tiene sensibilidad ya desde muy jovencito, Cuando fue a Entre Ríos en su primera misión militar, cuenta en alguno de sus relatos cómo le había impresionado la realidad de cómo vivía la gente pobre en el monte, cerca del río Paraná. «Si yo llego a tener posibilidades, esta realidad la voy a cambiar», dice, 18 años tenía y habla de que el patriotismo no es la tierra sino que es la gente”, expresó Cloppet.

“Cada autor lo ubica para donde le conviene, ya sea para asociarlo con el nazismo o fascismo. Perón no tenía nada de eso. En el libro cuento su verdadera posición respecto del golpe del 30, que dicen que Perón era golpista. Es falso. Hay una carta que le dirige al general (José) Sarobe, en abril de 1931. Dice que es un disparate, que los militares no están para hacer política y que iba a invertir su tiempo en el estudio”, finalizó.

Los amores “prohibidos”

Algunos de los documentos en los que se apoya Ignacio Cloppet son  tres cartas que Juan Perón le escribió a su tía Mercedes “Mecha” Perón, con la particularidad de que se trata de cartas de amor.

“Fue un amor correspondido. En las cartas, Perón sale a conquistar el sí de su tía Mecha. Es notable. Los historiadores peronistas, para proteger a Perón, decían que era una prima. Pero es falso, yo descubrí que es una tía, lo cual hacía más transgresor ese romance”, sostuvo.

“Le propone matrimonio, era siete años mayor que él, una mujer de una belleza increíble. Perón estaba perdidamente enamorado de ella. Escribe tres cartas en el transcurso de un mes para lograr el sí social, porque ya tenían sus encuentros”, agregó el abogado y escritor.

Otro dato que aportó Cloppet en su libro fue otro romance con su cuñada, María Tizón, quién era rosarina, una vez que su primera esposa, Aurelia “Potota” Tizón, fallece. Incluso, María Tizón posteriormente fue nombrada al frente de la dirección de la Mujer en 1944 cuando Perón fue secretario de Trabajo y Previsión.

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