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Opinión

Trabajo social: nudos y tensiones de la práctica profesional en el contexto de la pandemia

Este “entre” normalidades (la vieja y la nueva) ha dejado entrever la fragilidad y las contradicciones del capitalismo, y ha desnudado las desigualdades sobre las que se venían sosteniendo las relaciones sociales.


 Lic en Trabajo Social Facundo Frontera Figueroa

 

Si algo nos revela nuestro presente inmediato es que la realidad es más incierta e indeterminada de lo que podríamos haber imaginado. Aún en las películas y en las ficciones más descabelladas, una pandemia posmoderna que tensionara la economía mundial y los consensos sociales y políticos, parecía un futuro irrisorio e inalcanzable. No obstante, desde los rincones más alejados de nuestra región hasta los más cercanos, los efectos y las consecuencias de la irrupción del covid-19 han podido verse en todos los aspectos sociales, políticos y económicos. Se han volatilizado y reconfigurado los lazos sociales, al punto tal que la “nueva normalidad” se ha instalado en el imaginario social ya no solo como fase de una estrategia sanitaria, sino también como parte discursiva, simbólica y material de nuestra cotidianeidad. Invitamos a pensar cómo interpela este nuevo paradigma a lxs profesionales.

Muchos interrogantes se abren al momento de pensar esto que se conoce como nueva normalidad. Incluso el mismo término no deja de hacer ruido ¿Qué es lo normal? ¿Quién define la normalidad? ¿Es lo normal deseable? ¿Qué límites y excesos conlleva aquello considerado normal? ¿Hay aspectos de la vieja normalidad que siguen vigentes? ¿Y lo “anormal”? ¿Cómo impacta en los lazos sociales, en los vínculos afectivos y familiares, esta nueva normalidad? Estos y otros tantos, son ejes que más temprano que tarde deberán ser abordados, pero a continuación intentaremos avanzar en uno: ¿Cómo se reconfigura el quehacer profesional ante la eclosión de una incipiente nueva cotidianeidad?

Valdría la pena aclarar, para evitar confusiones, que lo cotidiano está en constante cambio. No es algo dado sino que se va construyendo día a día, de forma automática aunque no necesariamente sin reflexión. Si decimos que este nuevo escenario de normalidad es distinto del anterior, nos referimos a que se han visto modificadas prácticas y representaciones de grandes sectores poblacionales de una forma inesperada y brusca. ¿Cuál es una de las señales que dan cuenta de lo inesperado y brusco de estos cambios? La virtualidad.

La aparición, no novedosa pero si sorpresiva e invasiva, de la virtualidad significó uno de los nudos que ha tensado, entre otras cosas, los roles profesionales. Para reconfigurar el quehacer profesional hay que tener en cuenta que la virtualidad, lejos de resolver la tensión público- privado, ha introducido una nueva complejidad: la intimidad aparece interpelada, los horarios laborales desdibujados, lo cotidiano digitalizado. A su vez, ha permeado y atravesado todas o, al menos, gran parte de las actividades y tareas de todo el espectro social, implicando no pocas veces fuertes resistencias, frustraciones, errores, enfados y antinomias. La capacidad de algunas profesiones de adaptarse rápidamente a esta realidad no ha implicado menos conflictos, pero hay que destacar que para aquellas que mantienen tareas de cuidado, de acompañamiento y de reivindicación y cumplimiento de derechos, ha significado un nudo sumamente complejo, en el cual la contradicción es ineludible: para acercarse hay que alejarse. Teniendo en cuenta que quienes desarrollan este tipo de tareas ponen en juego habitualmente un componente importante de corporalidad y de acercamiento, que impacta y rebota inevitablemente con el aislamiento y distanciamiento social, resulta necesario desatar los nudos: lxs profesionales son portavoces de esta tensión. Entre el afuera y el adentro difuminados, entre los padecimientos reales y la virtualización de los trámites. Cierto es que no son lxs únicxs. Ni tampoco son quienes padecen exclusivamente todas las contrariedades. No obstante, es tarea de lxs profesionales establecer límites y marcar horizontes de lo posible.

Este “entre” normalidades (la vieja y la nueva) ha dejado entrever la fragilidad y las contradicciones del capitalismo, y ha desnudado las desigualdades sobre las que se venían sosteniendo las relaciones sociales. En tanto se han profundizado brechas, el capitalismo no da el brazo a torcer, por lo cual los nuevos consensos se deben reinventar sobre las viejas contradicciones. Tanto la vieja como la nueva normalidad exigen una revisión crítica de las intervenciones, apelando al mayor grado de visualización y reflexión de las desigualdades económicas, simbólicas y culturales, luchando por la erradicación de toda forma de opresión, de toda forma de vulneración de los derechos humanos. Nuestro horizonte es una sociedad justa, virtual y real.

Para el Trabajo Social, para lxs acompañantes terapéuticos, y todas las profesiones que abordan de una u otra forma la cuestión social, ser conscientes de las contradicciones implica también tratar de superarlas. Si este es el momento de lo nuevo, que sea una posibilidad real cambiar las formas de relacionarnos.

 

Colegio de Profesionales en Trabajo Social 2° Circunscripción

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