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Opinión

Trabajo Social: Estrategias de prevención y promoción de la salud en el contexto de pandemia

Cuando hablamos de Atención Primaria de la Salud, debemos pensar en una forma, una modalidad que toma el Sistema de Salud al interior de las instituciones para responder a necesidades básicas de la población. Sin embargo, es necesario pensar cómo es la relación entre el sistema y la comunidad


 

Lic en Trabajo Social Lara Chianea/ Colegio de Profesionales de Trabajo Social 2da circunscripción.

¿Cómo pensamos las intervenciones en salud en la complejidad de este contexto? ¿Cómo percibimos a los pacientes? ¿Cómo sujetos de derechos? ¿Qué herramientas se piensan para lograr el acceso a la información de la comunidad que no concurre a las instituciones de salud? Preguntas que hacen repensar el quehacer profesional cotidiano a todo el colectivo profesional que transita este campo y que día a día vive y siente los obstáculos que se presentan en la actualidad.

Cuando hablamos de Atención Primaria de la Salud, debemos pensar en una forma, una modalidad que toma el Sistema de Salud al interior de las instituciones para responder a necesidades básicas de la población. Sin embargo, es necesario pensar cómo esto debe trasladarse a la relación entre el sistema y la comunidad. Esta estructura llega a aquellos sectores que no acceden a la forma “básica” de atención que es la consulta clínica, pero que desde el trabajo social no debe ser pensada como la única forma de acercamiento a las personas.

Para trasladar esto a la realidad concreta de una institución, busco referenciarme en el efector de salud en el cual me encuentro trabajando actualmente, su nombre es “Hospital Samco Alfredo Berraz” de la localidad de Bigand, situado a unos 70 km de la ciudad de Rosario, que tiene una población de aproximadamente 7.000 habitantes. Mis intervenciones comenzaron a partir del mes de junio y soy la primera trabajadora social en ese espacio, lo que implica un desafío gigantesco para la profesión sabiendo que es empezar de cero, que los cambios implican tiempos, procesos complejos, entendiendo las dificultades de este contexto. Dentro de este proceso me encuentro construyendo mi espacio de trabajo para lograr visibilizarlo e intentando que las personas encuentren su lugar para las demandas que surjan en el día, teniendo como horizonte de abordaje  la gestión, la prevención de la salud,  y la atención inmediata de quienes acuden al efector. Al mismo tiempo surge la construcción de espacios de retrabajo, llevados a cabo una vez al mes, para abordar situaciones de cada sector de trabajo  de la institución para alcanzar un único discurso que nos una como equipo así como también mejorar la comunicación entre todas y todos los profesionales.

Es posible pensar que en el contexto de pandemia muchas de las consultas no son llevadas a cabo por múltiples factores; pacientes con determinadas patologías que deben permanecer en sus domicilios, otras y otros no acceden al efector de salud por miedo al contagio y, de la vereda contraria, se presentan sectores poblacionales que no tiene recorrido en el sistema de salud. Este último sector es el que más nos interpela como trabajadores de la salud y por el cual deben ser pensadas estrategias de intervención.  El objetivo es construir un vínculo estrecho entre el profesional y el paciente, así como también con el entramado de vínculos familiares, sociales o comunitarios. No sólo se pone la atención sobre estos últimos, también está el desafío de cómo intervenir con pacientes que se encuentren internados por Covid-19 y que requieran de un acompañamiento.

Más allá del papel esencial que desempeña el médico, hay un trabajo interdisciplinario entre el área de psicología, psiquiatría y de trabajo social, tres profesiones que hoy tienen un papel fundamental. Desde la psicología el espacio de escucha, desde la psiquiatría el cuidado de la salud mental del paciente que se ve afectada debido al aislamiento y encierro producto de dicho contexto, mientras que desde el trabajo sociales se acompaña a grupos familiares atravesados por la pandemia.

En estas situaciones no solo nos encontramos con un paciente, hay todo un entramado familiar al cual acompañar. Son estas situaciones que de alguna forma “ayudan” a reconocer esas vulnerabilidades que pasaban desapercibidas en otro momento, no eran detectadas o  no eran recepcionadas por el efector de salud y que hoy en el marco de dicho contexto vienen a intensificarse y marcar nuevos caminos de intervención. Caminos que por momentos se complejiza a la hora de dar respuestas a la población, cuando nos encontramos sin recursos o insumos médicos y debemos recurrir al pedido de muestras médicas o estrategias paliativas para resolver el problema que por momentos es de urgencia. También los recursos materiales, los equipos de protección para el equipo médico que por momentos llegan en escasas cantidades a la institución, lo cual provoca dificultades al acercamiento a la población que se encuentra en aislamiento.

Sin embargo el trabajo en equipo hoy más que nunca, a pesar de las dificultades que se presentan está en plena construcción. La incorporación del área de Trabajo Social al  equipo de salud viene a repensar otros aspectos, viene a sumar y nunca restar, a nutrir de nuevas ideas y propuestas a este equipo ya consolidado por años.

Es necesario remarcar el papel que cumple la comunidad (de localidades pequeñas como lo es Bigand). Ante diversas situaciones que le suceden a un vecino cercano siempre colabora o “da una mano”, con lo que tiene o puede. Eso ayuda y acompaña por momentos el trabajo que se hace en el campo de la salud en la cotidianeidad y alivia necesidades pero no modifica ciertos problemas de base más complejos.

Para el Trabajo Social el enfoque de derechos es fundamental en cada intervención, nos da una visión integral, podemos reconocer una estrecha relación entre las y los sujetos, el empoderamiento de los mismos y la posibilidad de garantizar la equidad en el marco de situaciones desiguales.

Llevar este enfoque a la interdisciplina y al trabajo en equipo es indispensable para un abordaje, siempre teniendo de base el concepto de salud como “integral”. El intercambio entre las distintas especificidades profesionales debe lograr la construcción de un único discurso sostenido en el tiempo y aplicado a cada situación y a las estrategias que se piensan para la intervención. No solo es lo medico lo que se ve como demanda en las instituciones de salud, la mayoría son problemáticas de salud mental, el encierro género en muchos sectores poblacionales malestares de todo tipo.

En la cotidianidad vemos que el trabajo en equipo, el trabajo “cara a cara” por momentos encuentra dificultades. Es de esta forma que aparecen otras herramientas poniéndose en juego como es la tecnología, la cual nos conecta desde otro lugar pero que no deja de ser menos importante sostenerlo. También se piensa en aquellos sectores que no poseen los medios para acceder por lo cual se piensan el llamado telefónico o como último recurso las visitas al domicilio utilizando todos los elementos de cuidado de acuerdo al contexto actual.

Tomamos la tecnología como herramienta para trabajar en la promoción y prevención, para acercarnos como institución desde otro lugar, para pensar lo institucional desde una mirada ampliada, poniendo el eje no solo en la dicotomía salud-enfermedad sino en el abordaje de diversas situaciones desde una perspectiva social ligada a la puesta en escena de los derechos como punto fundamental a ser entendido como elemento participe de la vida de cada sujeto.

 

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