Sociedad

Salud mental

Trabajo social: en las afueras del manicomio, la experiencia del Bollo

"El horno está para bollos", una experiencia pionera con usuarios del Agudo Ávila, que se capacitaron y conformaron una cooperativa gastronómica para, en articulación con La Toma y programas como Nueva Oportunidad y Santa Fe Más, vincularse con la sociedad y a la vez generar un ingreso económico


Por Martín Abraham – Lic. en Trabajo Social / Colegio de Profesionales de Trabajo Social 2da Circunscripción

“Co construyendo otras formas de ampliar los dispositivos sustitutivos a las lógicas manicomiales;

co diseñando formas de ampliar los derechos humanos”

Hace unos 4 años, fuimos convocados un grupo de trabajadores de la dirección provincial de salud mental (en adelante DPSM), para poder co pensar-co diseñar una experiencia que generara condiciones para el desarrollo de un dispositivo sustitutivo a las lógicas manicomiales, apuntando fuertemente a la cuestión productiva laboral.

Entendíamos que una de las cuestiones centrales (no la única) al momento de pensar externaciones de los hospitales psiquiátricos era la cuestión laboral, tanto por los recursos económicos-materiales necesarios para la existencia, como por la cuestión vincular cotidiana, frente a situaciones constantes de soledad, y también como organizador del día a día (al menos en este formato de sociedad capitalista el trabajo es un ordenador).

La cuestión laboral y la ligazón con la posibilidad del intercambio económico son dificultades de la sociedad en la que habitamos, siendo los sectores populares, excluidos, segregados, oprimidos, vulnerados, los que se encuentran en condiciones más desfavorables. El modelo social capitalista, patriarcal, racializado y globalizado es expulsivo, y genera una línea abismal dejando afuera a grandes mayorías.

En un primer momento se convoca a usuaries de los servicios de salud mental del departamento Rosario, en su mayoría vinculados al Centro Regional de salud mental, Dr. Agudo Ávila (CRSM Dr. Agudo Ávila) y otros dispositivos de la DPSM.

El primer grupo se constituyó con 25 usuaries. Este grupo, con el paso de los meses se denominó, “el horno está para bollos”, un poco contrariando con la popular frase del “horno no está para bollos”. Pues aquí sí, ¡el horno está para bollos!

Se desarrolla una capacitación laboral donde les usuaries pudieron afianzar conocimientos prácticos y situados sobre la gastronomía. Teniendo como horizonte concreto generar condiciones para el desarrollo de una experiencia cooperativa que genere opciones de trabajo.

Con territorio de pertenencia afianzado, una formación de nueve meses en gastronomía, recuperando los propios saberes de los participantes, por sus anteriores trayectorias en el rubro, se dio inicio de manera cuidada a las primeras oportunidades.

“El horno está para bollos” se constituye entre muchas cuestiones como experiencia donde convergen usuaries de salud mental, con adscripción clínica terapéutica en centros de atención primaria de salud o en los hospitales de salud mental del departamento Rosario, trabajadores de la Salud mental, programas de gobierno, y un lugar clave de las organizaciones sociales.

Todos los actores y actrices presentes permitieron y potenciaron el desarrollo de la experiencia a relatar, donde un grupo de usuaries –que devienen en trabajadores de la economía popular– se constituyen como precooperativa gastronómica y comienzan a pensar de forma colectiva, no sin conflictos, formas de crear trabajo otro, con un fuerte acompañamiento del dispositivo del que soy parte integrante.

Los inicios son allá por 2017, cuando se logra presentar una articulación intersectorial e interinstitucional, construida con base en un trabajo con carácter de artesanal y creativo por parte de los integrantes del dispositivo. Es un punto central de la Ley nacional de salud mental y adicciones N° 26657 –que pretende generar condiciones para el desarrollo de la denominada desmanicomialización–, teniendo entre otros objetivos llegar al 2020 sin la existencia de manicomios.

La articulación primera fue generar un acuerdo de partes entre la DPSM y la cooperativa de trabajadores en lucha La Toma, espacio histórico en nuestra ciudad de Rosario, ubicado en calle Tucumán 1349. Allí trabajan, convergen, están, resisten, sueñan, acompañan un grupo de trabajadores y trabajadoras, que definieron de manera rápida y sensible incorporar al “horno”.

La siguiente articulación fue y es con el Programa Nueva Oportunidad. Es central este entrecruzamiento, porque permite dar comienzo a la construcción material de este proyecto. A través del programa se permite incorporar docentes especializados en gastronomía, que realmente fueron y son a la actualidad piedra angular. También se provee materia prima.

Dentro de los marcos de este programa el dispositivo ingresa en la órbita de generación de lazos con otras experiencias que se llevan adelante en la ciudad de Rosario en paralelo. También a nosotres, como equipo de coordinación, nos permite vincularnos con otros equipos de trabajo e intercambiar experiencias. Potencias y dificultades, de estos modos otros. Donde, al comenzar a producir, emergen dificultades de los circuitos de comercialización.

La posibilidad de estar dentro de estos espacios abiertos es una concreta opción de no quedar encerrados dentro de los programas de salud, y poder efectivizar relaciones interinstitucionales con otros ministerios. Propuesta que no debiera ser tan novedosa puesto que la ley de salud mental convoca a que se sucedan estos intercambios necesarios para garantizar la aplicación de la ley.

En el andar planificado fue necesario y fundamental generar espacio para el desarrollo de una grupalidad. Implica encuentro, cercanías, ubicar al otro como par, entretejer ternuras, desde una mirada clínica terapéutica política.  Nuestra disposición como grupo de trabajo está allí fuertemente, generando las condiciones para que los objetivos trazados sean posibles. A través del juego, del acompañamiento, la escucha implicada, y la continuidad en el tiempo. El equipo del que formo parte coordina, y direcciona el proyecto.

Sobre lo necesario de lo grupal

Se efectuó una fuerte propuesta de acompañar desde dos instancias que se entrecruzaron; por un lado se fue confeccionando un espacio al que se denominó de “asamblea”, y el otro llevó el nombre de “epílogo”.

Sobre el primero, se configuró como un espacio con una inicial coordinación del equipo de salud mental, y de manera paulatina ir potenciando al propio grupo de trabajadores. La asamblea como sitio de referencia, de diálogo, con ansias de constituirse en colectivo organizado. Sitio donde lanzar apuestas. Era elegido como espacio de praxis, pero también de pensamientos, desde una perspectiva sensible. Se aprendió a levantar la mano, a registrar lo que se discute, a que la propia voz, las propias ideas tienen sentido, y cobran mayor fuerza desde la potencia de la grupalidad. También fue lugar propicio para la evacuación de las conflictividades del trabajo cotidiano.

En cuanto al epílogo, se dispuso como un espacio coordinado por el equipo de salud mental, con objetivo en profundizar el interconocimiento, la apuesta por el reconocimiento del otre, por la generación de afectos, que también permitan un tránsito laboral otro. Se pudo resignificar entre otras cuestiones las mismas nociones de trabajo.

La primer convocatoria –que nos llenó de emociones contrariadas– fue acompañar el armado de un catering para el día de la salud mental, celebrado el 10 de octubre. El evento se llevó adelante en el Centro Cultural Fontanarrosa y asistieron cerca de 200 personas.

El grupo de trabajadores, como comenzaron a denominarse, pudo elaborar distintos menúes y luego desarrollar el servicio en el momento. Fue una tremenda prueba, un buen desafío para ir introduciéndose en este nuevo mundo. No quedaron ni las servilletas de lo elaborado, siendo también que la cantidad presupuestada de personas excedió con amplitud a las que efectivamente participaron del encuentro. Pero permitió dar visibilidad a este grupo que comenzaba de esta manera a configurarse.

En el segundo año de existencia el grupo se consolidó, llegando a alcanzar a 19 trabajadores. Se concretaron más de 20 caterings en diferentes lugares, entre ellos a la Universidad Nacional de Rosario, el Museo de la Memoria, la Dirección Provincial de Salud Mental, el centro de día La Posta, al mismo programa Nueva Oportunidad, al Ministerio de Salud, etcétera. Fueron afinando las posibilidades de trabajo, al tiempo que pudieron a través de distintos mecanismos tanto de solidaridad como de gestiones ante programas municipales y provinciales, que permitieron incorporar equipamiento, como una mesada de trabajo, una amasadora, un horno pizzero, mecheros, heladeras y freeezer.

Importante es esclarecer que, mientras se fue equipando la precooperativa, les compañeres de La Toma permitieron y prestaron sus instalaciones, herramientas de trabajo, para llevar adelante los primeros caterings y capacitaciones. Con el tiempo se asignó un sitio propio, que fue acondicionado por los mismos trabajadores del Horno, pintando, arreglando las paredes y techos, haciendo cerramientos, consiguiendo las cortinas pertinentes, seguridades. Pudieron de manera grupal y colectiva, en co trabajo, confeccionar el propio espacio, para continuar potenciando.

Durante el año 2019 se comenzaron a dar los primeros pasos para concretar formalmente la cooperativa de trabajo. Gestión que se realiza ante el Inaes y lleva tiempo concretar. Por eso la denominación de pre cooperativa.

En el grupo de trabajo de la DPSM fuimos cinco, siendo nuestras profesiones el trabajo social, la psicología y el teatro, aunque nuestros saberes rebasan nuestras profesiones de base, puesto que el grupo tiene experiencia en arte, educación popular, el acompañar terapeútico, el saber propio de la cocina. En mi caso, trabajador social, psicodramatista, padre, compañero, docente entre otras. Siempre entendí al trabajo social como una posibilidad de generar condiciones para que se sucedan praxis socio políticas transformadoras, desde un lugar de militancia. Participar de este proyecto tuvo esa connotación –apostar por potenciar aquello que existe en cada une y acompañar-co coordinar los espacios grupales– para producir encuentros otros, habilitadores, sostenedores, espacios de ternura y afecto, un espacio de producciones de saberes e intervenciones situadas.

Entiendo fundamental la existencia de los distintos dispositivos de la dirección de salud mental, y que los mismos formen parte de una red de salud, pero en interrelación con otros espacios institucionales, y también con otras organizaciones sociales. Estas articulaciones son sostén necesario para que este formato de proyectos tenga viabilidad, y se sostengan en el tiempo. Es una apuesta, una posibilidad de concretar, de dar materialidad a algunos de los puntos necesarios de la ley nacional de salud mental, también una necesidad en los acompañamientos clínicos de les usuaries.

Durante el año 2019, se produjo el hecho práxico más relevante de la historia reciente del dispositivo, generando un convenio entre el ministerio de salud, la precooperativa del horno y el CRSM Dr. Agudo Ávila, para producir desde La Toma, a manos del horno, viandas para usuaries externados del hospital, que al momento retiraban sus viandas diarias de alimento en la puerta del mismo, con las dificultades que conlleva la mencionada práctica. En total el acuerdo fue por producir 44 viandas por el mediodía y otras tantas por la noche.

Increíble experiencia. Encontrarnos – no sin tantísimas dificultades, que no entrarían en la nota – con les usuaries viniendo a comer al centro cultural la toma – y les trabajadores del horno está para bollos, elaborando de lunes a lunes viandas, y haciendo el servicio de mesa. Fueron 9 meses con mucho trabajo, que se cortó al finalizar el convenio firmado – y no renovarse en marzo de 2020. En este tiempo fuimos acompañando la experiencia, desde la habilitación de espacios grupales e individuales, así como también co elaborar las planificaciones de las jornadas de trabajo, e intervenir ante distintas situaciones que fueron aconteciendo en el devenir.

Con la pandemia como estilo de vida cotidiana, las posibilidades de trabajo se redujeron en un alto porcentaje. Se retomó con nuevas características, ofreciendo algunas producciones, e incorporándose el horno a distintas redes de trabajo y comercialización, como el programa Santa Fe Más, Pueblo a Pueblo o las ventas en el mercado de La Toma, necesario para el sostenimiento del proyecto.

El transcurso de esos meses significó una posibilidad histórica de generar trabajo para un grupo de trabajadores, con serias de dificultades de insertarse laboralmente dentro de las lógicas avaras y predadoras del mercado, la posibilidad de construir oportunidades dentro del campo de la economía popular, y también la posibilidad con mucha potencia, que se modificara sustancialmente la relación de quienes retiraban sus viandas en la puerta del hospital de salud mental.

Como integrante de la experiencia, me he permitido sentir-pensar con otres las formas del abordaje cotidiano, resignificando la importancia de que finalmente se generen condiciones para la aplicabilidad de la ley nacional de salud mental, y no quede en las buenas prácticas, u originalidades de los distintos equipos de trabajo, sino  que se pueda convocar a pensar y planificar desde el sistema de salud, las estrategias del cierre del manicomio desde una mirada más integral, intersectorial e interministerial.

Parafraseando a Fernando Stivala, del frente de artistas del Borda, ante la popular frase, de mejor que no pase nada, por el temor a lo que pueda suceder, celebremos la posibilidad de que algo suceda, que algo se mueva, que acontezca lo imprevisto, lo diferente, lo fuera de lo común, el movimiento, la incertidumbre.

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